¿Por qué cada vez hay más rusos que escogen estar solos y sin pareja?

Estilo de vida
EKATERINA SINÉLSCHIKOVA
La soledad se ha hecho atractiva porque puede ser ventajosa. Tanto para los hombres como para las mujeres.

Tamara tiene 39 años y se divorció a principios de los años 2000. Se quedó con sus tres hijos y decidió criarlos ella misma. Cuando Tamara volvía del trabajo tenía que cocinar, limpiar, hacer los deberes con los niños y meterlos en la cama. Por la noche, cuando ya dormían, lloraba sobre la almohada.

“No pensaba en qué me gustaría ir a cenar, en las películas que daban en el cine o en la ropa que me pondría con mi blusa vaquera. Todo lo que quería hacer realmente era dormir y llorar”, cuenta Tamara. Cuando dejó de llorar, comprendió, para su asombro, que “no buscaba a un hombre, no porque no me importen mis cosas o mis deseos sino porque no creo que pueda ser conveniente”.

Al contrario, ya nadie le decía: “¿Por qué vienes tan tarde?”, ¿Por qué no has hecho la cena?”, “¿Dónde vas?”. Ya no compartía con nadie ni el baño ni la cama ni lo que querían los niños. “No siento la desesperación. Finalmente comprendí que es así como quiero vivir”.

Estereotipos sobre la soledad

En Rusia hay una visión de la soledad como algo poco envidiable. Si eres una mujer soltera de 30 y tantos años, entonces notarás la condescendencia de tus amigas. Si eres un hombre soltero de unos 40 y tantos, entonces parece que hay algo que no está bien contigo. Tus amigos casados pueden envidiar tu independencia de soltero, pero seguirán susurrando que te tienes que casar.

En la imaginación popular también se han popularizado imágenes en las que aparece una mujer sola viviendo con muchos gatos y la de un hombre solitario pegado a la videoconsola, que vive con su madre. Ninguno de ellos ha tenido la intención de estar solo. La soledad impone una serie de roles sociales y uno de ellos es sufrir, por una serie de razones diversas.

Pero resulta que en la actualidad la soledad no es ni una enfermedad ni una desgracia sino una elección libre. Los investigadores de la Escuela Superior de Economía, que han estado investigando el tema, están convencidos de ello durante los últimos años. Los estereotipos han comenzado a quedarse atrás, aunque de manera más bien lenta. En el año 2016 se registró la cantidad más baja de matrimonios. Menos de un millón de uniones en una población de 146 millones.

Desigualdad entre hombres y mujeres

Como en el caso de Tamara, las mujeres rusas que eligen conscientemente estar solas no quieren compartir su tiempo, su apartamento ni su dinero con una pareja. En la actualidad una mujer puede hacer con facilidad lo que se consideraba que era responsabilidad del hombre. La vice primera ministra Olga Golodets afirmó en 2005 que las mujeres ganaban un 40% menos que los hombres. En 2017 esta cifra se redujo hasta el 28% y la brecha continúa reduciéndose.

Según un informe de Grant Thornton International, en 2015 Rusia era el líder mundial en términos de mujeres en puestos de administración, ya que acumulaban el 47% de los empleos de este tipo. Aunque según los roles de género tradicionales y las posturas conservadoras, cuando vuelven a casa las mujeres siguen limpiando los platos y poniendo la lavadora. Los hombres no lo suelen hacer.

En términos de “utilidad” la soledad puede ser preferible. Incluso la discriminación existente respecto a la posición familiar también juega a favor de los solitarios. “El candidato ideal es una mujer soltera con un hijo, al que cuida la abuela. Una mujer como esta se aferrará a su posición y trabajará por dos, ya que nadie puede ayudarla financieramente”, admiten propietarios de una compañía.

La posición del hombre

Los hombres rusos también disfrutan de su soledad. Entienden que una “mujer fuerte e independiente” ya no los necesita. Estas mujeres se bastan sin ellos, mientras que los hombres ya no quieren “mujeres débiles y dependientes”.

“En las relaciones las mujeres más modernas están acostumbradas a conseguir algo: tiempo, atención, cuidados, dinero, lo que sea... No creen que deberían darles lo mismo a los hombres. No están hechas para cocinar, limpiar, dar a luz y están convencidas de que solo necesitan sus cuerpos para arreglárselas. Si hacen algo de eso creen que han hecho algo excepcional. Todo ello bajo el lema: “¿Pero no me quieres?”, se queja Nikolái, de 37 años en su página de Facebook.

Los hombres contemporáneos preferirán jugar a videojuegos durante días antes de asumir responsabilidades solo “porque tienen que hacerlo” (así lo dicen sus conservadoras madres y abuelas). La familia y las relaciones no reducen las necesidades sino que las aumentan. Hay que pagar por los restaurantes, el cine, comprar flores y regalos. Esto es lo que hacen la mayoría de los rusos. Luego llegan la hipoteca y los créditos. Según el Instituto de Desarrollo Socioeconómico en los Territorios de la Academia Rusa de las Ciencias, suelen ser los hombres quienes asumen varios créditos al mismo tiempo y, como resultado, son quienes tienen un mayor volumen de deudas.

Los rusos no han sido los primeros en experimentar los placeres de la libertad en las relaciones. La cantidad de gente que escoge conscientemente la soledad está creciendo en todo el mundo. Aunque en Rusia todavía no se ha formulado un discurso “positivo” acerca de la soledad, todavía no se han escrito “cuentos” con un final feliz.

La mayoría de los rusos sigue percibiendo las relaciones, el matrimonio y los hijos como un indicador del éxito y como el destino principal en su viaje vital.

“Todos los cuentos tratan sobre la búsqueda de una pareja. Pero en ninguna se revelan los detalles del ‘vivieron felices y comieron perdices’. ¿Qué ocurriría si Cenicienta engañara a su marido y fuera inflexible a la hora de no querer tener hijos, si el príncipe comenzara a beber debido al aburrimiento y desperdiciara la mitad de su reino? Pero, ¿quién de los (por ahora felices) maridos y mujeres está interesado en algo así? Están convencidos de que, algún día, te convertirás en uno de ellos. Y que eso será el mejor día de su vida”, afirma Daria de 28 años.

Quizá la moraleja sobre el mito de la soledad se encuentre en los beneficios que se consiguen a nivel económico y de fuerza mental. O en la rebelión ideológica contra las relaciones como una forma de propiedad. Sea lo que sea, la principal cuestión sigue sin resolverse: ¿por qué los hombres y las mujeres necesitan los unos a los otros?

La familia es algo importante para la sociedad rusa. Aquí te lo contamos.

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