¿Quién (o qué) hace crujir la puerta y hacer que algunos objetos se caigan en mitad de la noche? Aquí tienes la versión eslava.
Los antiguos eslavos creían que detrás de las enfermedades, los fracasos y los desastres naturales había fuerzas de otro mundo: dioses, demonios, no-muertos y otros espíritus malignos. Habitan en las fronteras (entre el mundo “de los vivos” y “de los muertos”), que pueden ser físicas como el umbral de una puerta, un puente, un cruce de caminos, o temporal: la medianoche, el mediodía, una fase de luna llena. Y si no quieres meterte en problemas, es mejor estos lugares y momentos “impuros”. Sin embargo, en caso de que te encuentres con uno de los espíritus malignos, te recomendamos qué hacer.
Barabashka
Valentina y Zinaida Brumberg/Soyuzmultfilm, 1970
Empecemos con los pequeños entes burlones caseros. Si te pareció alguna vez que alguien estaba caminando por tu cocina o llamando a la puerta en mitad de la noche, tal vez tengas un barabashka en casa. Así es como los eslavos llamaban a diferentes criaturas [una especie de poltergeist] que viven junto a los humanos y se divierten asustándolos, especialmente a los niños. En algunos casos, los barabashkas incluso mostraban el inframundo a la gente en sueños. Se cree que los afectados debían pedirle a sus domovoi (sus espíritus hogareños) ayuda para hacerles frente.
Anchutkas
ígor Tíjonov
Diablos jóvenes, que se instalan en una casa, dentro de una bania, en un pantano o en un bosque. No sólo eran charlatanes, sino que también se convertían en secuaces del mal “mayor”. Lo más inocente que hacían era destrozar la ropa o separar pares de calcetines. Nunca, nunca debes pronunciar su nombre, de lo contrario los invitarías a entrar. Para deshacerte de ellos, tenías que agitar un higo o una piña (de pino, no la tropical. A esto puedes añadir un par de palabras malsonantes.
Lijo tuerto
Mijaíl Yuzovsky/Gorky Film Studio, 1982
“¡No despiertes al Lijo si está tranquilo!” Este proverbio ruso, de hecho, esconde un significado horrible. En ruso, la palabra “lijo” es sinónimo de “problema”. Y así es como la gente llamaba a una criatura malvada con un solo ojo, cuya aparición era presagio de muerte. Tenía predilección por aquellas personas que hablaban mal de los demás o cometían malas acciones.
Leshi
N.N.Brut
Los rusos llamaban al Leshi el guardián de los bosques, o el espíritu de la madera. Es exactamente él quien engañaba a los viajeros para que se perdiesen y permanecieses en su poder para siempre. La maldición más terrible para los eslavos era mandar a alguien a Leshi. Se creía que este espíritu era normalmente invisible, pero si quería, podía tomar cualquier apariencia. Para apaciguar al Leshi hacía falta hacerle una ofrenda y no (nunca, jamás) dañar el bosque.
Además del Leshi, el bosque estaba habitado por mawks, almas inquietas de niñas, que también atacaban a la gente en pantanos y barrancos. Se volvían activas en la cúspide del día o de la noche, por lo que en esta época era mejor no caminar por bosques o caminos desconocidos.
Vodianoi y su banda
Alexánder Rou/Gorky Film Studio, 1970
Los eslavos solían representar al guardián del “reino del agua” como un anciano con cola de pez y barba enredada en barro. Llevaba a los hombres ahogados a su mundo submarino, y los eslavos creían que no se debía nadar después de la puesta de sol para no ser atrapados por él. Las mujeres ahogadas a menudo se convertían en sirenas después de morir. Estas (aparentemente) buenas chicas sólo buscaban una cosa: aumentar el número de no-muertos presentes bajo las aguas, atrayendo a la gente a las profundidades.
Upir
Serguéi Ginsburg/GORAD production center, 2017
Un cadáver reanimado que murió de forma no natural. ¿Qué quería? Por supuesto, beber sangre y robar almas. En algunas fuentes, se le llamaba demonio y chupasangre. En general, era algo así como un vampiro eslavo. A menudo se preparaba una estaca de álamo y una cruz para tratar con él.
Viy
Oleg Stepchenko/RFG, 2014
Un antiguo mal que gobernaba sobre todos los espíritus malignos. Como Nikolái Gogol escribió en la novela homónima, “Levantad mis párpados, no puedo ver”, repetía el Viy a sus secuaces (según la superstición, los párpados de Viy llegaban al suelo). Tal vez no era realmente malo que no pudiera abrirlos, porque podía matar a cualquiera con una sola mirada. Y todos los desastres naturales, en general, eran su obra. Se creía que sólo las personas fuertes y justas podían sobrevivir a un encuentro con él.
Zmei Gorinich
Alexánder Ptushko/Mosfilm, 1956
Un enorme dragón de tres cabezas que lanzaba fuego (además le cortas una cabeza y otra vuelve a crecer inmediatamente) y vigilaba el puente Kalinov, la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos, para que nadie se colase donde no debía. Existían varios rumores sobre él, como que podía raptar jovencitas, quemar aldeas y posiblemente tenía poderes los poderes de regeneración del Viy. En cada región de Rusia se le atribuyeron varias acciones. Eso, a pesar de que no es el único dragón famoso de Rusia.
Sin embargo, mucha gente creía que tenía una voz humana y que se podía hablar con él. Y si le gustaba tu charla, te dejaba ir.
Baba Yagá
Alexánder Rou/Gorky Film Studios, 1964
La vieja bruja, que vivía en una choza que tenía patas de pollo (no, no has leído mal) y volaba en un mortero con una escoba, era un personaje popular en los cuentos populares rusos. Valerosos bogatires la buscaban y ella los esperaba pacientemente con la intención de comérselos.
En general, Baba Yagá era un especie de guía entre el mundo de los vivos y de los muertos. Una de sus piernas era sólo un hueso que servía para pasar de un mundo a otro. En los cuentos de hadas rusos, un viaje al inframundo también significaba la renovación: al encontrarse con Yagá, el bogatir realizaba algunos rituales (lavarse, comer su comida del “más allá”, responder a preguntas difíciles) para salir de su choca convertido en una nueva persona.