Cinco terroríficos cuentos de hadas eslavos que no deberías contar a tus niños

¿Por qué asustan tanto los personajes siniestros de los mitos y leyendas de la Antigua Rus?

Los muertos vivientes y Baba Yagá, la bruja

El villano más famoso de cuento de hadas en la mitología eslava es Baba Yagá. Los padres aún hoy asustan a sus hijos desobedientes con esta vieja bruja malévola, que lleva a los niños a su izbá, los cocina y se los come.

Baba Yagá, obra de Víktor Vasnetsov.

Originalmente, Baba Yagá transportaba personas del mundo de los muertos al mundo de los vivos. Se la asocia con el patrimonio más ancestral, como se puede concluir teniendo en cuanta una de sus características más peculiares: una pequeña cabaña sobre patas de pollo. Pero, ¿de dónde salió esto? Cuando los antiguos eslavos enterraban a los muertos, los colocaban en pequeñas casas sobre tocones altos, que de hecho parecían patas de pollo. Por lo tanto, se puede decir que Baba Yagá vivía en el hogar de los muertos. Como custodio de esta herencia ancestral, ella podía conducir rituales para iniciar a los niños y convertirlos en guerreros. Este ritual requería pruebas físicas pesadas y castigos corporales, por lo que en los viejos tiempos, tanto los niños como sus madres tenían miedo de Baba Yagá. Sin embargo, no era hasta después de este ritual cuando los niños se convertían en hombres.

En los cuentos de hadas rusos, los jóvenes se encontraban con Baba Yagá cuando buscaban a sus novias secuestradas. Si evitaban la muerte y superaban todas las pruebas impuestas por la hechicera, esta les daba sabios consejos sobre cómo recuperar a sus chicas.

Baba Yagá se convirtió en bruja y en ogresa con el advenimiento del cristianismo, que aspiraba a eliminar la imagen positiva de la antigua patrona del nacimiento de la conciencia de los eslavos. Sin embargo, su imagen no deja de ser menos aterradora.

Koschéi el Inmortal, el secuestrador de novias

A menudo, las madres les dicen a sus hijos flacuchos que no comen bien: "¡Mírate! ¡Eres la viva imagen de Koschéi!". El nombre de este antagonista muy probablemente deriva de la palabra rusa para hueso, kost. Parece un esqueleto envuelto en una transparente piel. Koschéi el Inmortal es otro personaje ruso de cuento de hadas que reside en el limbo entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. De aquí es de donde obtiene su fuerza mágica ilimitada y su inmortalidad. La mayoría de las veces aparece en los cuentos de hadas bajo la forma de un aterrador zar hechicero de riqueza infinita, que secuestra niñas para convertirlas en sus esposas.

Koschéi el inmortal, obra de Víktor Vasnetsov.

En un cuento convierte un reino entero en una roca, en otro castiga a la zarevna Vasilisa, convirtiéndola en una rana. También es muy difícil de vencer: para matarle hay que encontrar su alma, que está separada de su cuerpo y se encuentra escondida en una agua, la cual está dentro de un huevo en el interior de un pato que a su vez se halla dentro de una liebre que está resguardada adentro de un arcón de hierro que está enterrado debajo de un roble en la mítica isla de Buián. Además, según los cuentos más antiguos, Koschéi también es ciego y para ver a sus enemigos le pide a sus sirvientes que levanten sus párpados.

Los eslavos antiguos asociaban la imagen de Koschéi con el ritual de la iniciación conyugal. Por lo tanto, una jovencita solo puede casarse después de que Koschéi el Inmortal la secuestra y el novio derrota al malhechor.

Boginka, un malvado espíritu femenino

El alma de una mujer que mató a su hijo o que murió en su infancia se suponía que se transformaría en una boginka. Los eslavos imaginaban a boginka como una bruja fea, desnuda y con cojera que caminaba a lo largo de los bosques, campos y quebradas cuando hacía mal tiempo, o a medianoche. Boginka era muy peligrosa para los niños: según su estado de ánimo, podía evitar que los más pequeños conciliasen el sueño, o hacer que se enfermaran, así como asustarlos o directamente secuestrarlo. Algunas boginkas incluso asustaban al ganado, robaban y enredaban telares o golpeaban a los transeúntes.

Sirenas y Vodianói, asesinos acuáticos

La sirena rusa (rusalka) no es la bromista con cola que describen los cuentos de hadas de Anderson. En la mitología eslava, la sirena ahoga a las personas y a veces es una chica que muere soltera. Por la noche, las sirenas se esconden en los arbustos junto al río o en la orilla al lago esperando a un paseante. Si el desafortunado se acerca demasiado al agua, lo llevará hasta el fondo.

Vodianói, obra de Iván Bilibin.

Y donde haya sirenas, también está su maestro, Vodianói, el espíritu de los lagos, ríos y pantanos. Se pensaba que Vodianói podía ascender al cielo y crear nuevos cuerpos de agua, así como que disfrutaba ahogando a las personas, especialmente las chicas que iban a nadar en los lagos después del atardecer. Vodianói elegía a sus esposas entre las ahogadas más bellas.  

Kikimora, la destructora de los hogares

Hay varios kikimoras: de los bosques, pantanos o los campos. Pero, sobre todo, les gusta vivir en hogares humanos, donde pueden crear todo tipo de problemas. Es es un espíritu maligno y bajito, que generalmente permanece invisible. Si la kikimora se instala en un hogar, hace que los dueños tengan pesadillas, rompe muebles y platos y enloquece a los animales domésticos.

Kikimora, obra de Iván Bilibin.

El pasatiempo favorito de la kikimora es el hilado. Pero tan pronto como se pone a hacerle, le sale mal. Arranca el hilo y enreda la lana. A veces, las kikimoras aparecen ante las personas y es un presagio de que algo realmente malo sucederá: o algún tipo de desgracia te espera en casa o uno de los miembros de tu familia morirá pronto. Según las leyendas más antiguas, las kikimoras son espíritus de niños que murieron de una muerte no natural. Un hechicero puede tomar posesión de este espíritu, colocarlo en una muñeca ceremonial y dejar la muñeca en el hogar de personas inocentes. Puedes protegerte de las kikimoras con ramas de enebro y artemisa.

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