Más de 200 años de visiones negativas de Rusia en Occidente

El enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, junto al ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, y el secretario de Estado estadounidense, John Kerry durante una rueda de prensa en Viena el pasado 30 de octubre.

El enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, junto al ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, y el secretario de Estado estadounidense, John Kerry durante una rueda de prensa en Viena el pasado 30 de octubre.

AP
Las visión que hay de Rusia como amenaza se remonta hasta el siglo XIX. En realidad, las relaciones entre ambos son complejas y el maniqueismo actual se debe, entre otras cuestiones, a arraigados hábitos del pensamiento.

Hay miembros importantes de los círculos de poder en Rusia que sugieren habitualmente que Occidente está involucrado en una orquestada guerra informativa contra el país, que tiene como objetivo desestabilizar en régimen político.

Recientemente Alexander Bastrykin, jefe del Comité de Investigación, escribió un artículo sobre la llamada "guerra híbrida" que Occidente mantiene con Rusia. Instaba a establecer un tipo de censura "a la china" y a tomar medidas para ganar la "guerra informativa" contra Occidente.

Antes, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, sugirió que los medios anglosajones tratan de desacreditar a Rusia y que si los medios occidentales lanzan una guerra informativa contra el país, Rusia no necesita medios para mejorar su imagen en estos occidentales.

Estas polémicas afirmaciones están próximas a las teorías de la conspiración, pero sugieren que la manera en la que Rusia y Occidente se han visto a lo largo de la historia dista de ser sencilla.

Los medios occidentales han criticado a Rusia por su política exterior ya desde el siglo XIX. Aunque ha habido periodos en los que la imagen de Rusia mejoraba, entre los periodistas, políticos, historiadores, viajeros e investigadores ha predominado una imagen negativa del país.

De hecho, lo que actualmente se escribe sobre el país recuerda a lo que se decía durante la Guerra Fría, e incluso durante la Guerra de Crimea (1853-1856). Sir Robert Wilson, general británico, que presenció el incendio de Moscú de 1812 ya describía a Rusia como una amenaza. Afirmaba que en su lecho de muerte Pedro el Grande (1672-1725) habló de que Rusia debía conquistar el mundo. 

El historiador de Harvard Richard Pipes, que fuera también asesor de Ronald Reagan, da una visión muy negativa de la historia de Rusia. Se basa en el determinismo geográfico y afirma que si el clima de Rusia es diferente al del resto de Europa, entonces su sistema político también tiene que serlo.

“La principal consecuencia de su localización es que tiene una temporada de cosecha sumamente corta" y la pobreza derivada de estas condiciones geográficas hace que sea muy difícil construir un régimen político eficaz. Según su opinión, en estas condiciones surgió un estado "patrimonial", concebido como si fuera propiedad de los zares.

Los problemas de Rusia con Occidente, continúa Pipes, provienen de esta visión patrimonial, en la que los monarcas consideran que su súbditos son parte de su propiedad. La oposición de la intellingentsia radical desembocó en una revolución y en la instauración del régimen soviético, todavía más opresivo y brutal. Pipes considera que el totalitarismo soviético es consecuencia del imperialismo patrimonial, e incluso presenta, no sin ambigüedades, similitudes entre el fascismo y el comunismo. "Los orígenes de la derecha radical en la Europa de entreguerras... habrían sido inconcebibles sin los precedentes de Lenin y Stalin".

El final de la Guerra Fría no cambió la visión de Rusia de muchos analistas. Por ejemplo, Steve LeVine, corresponsal de BusinessWeek, que vivió entre 1992 y 2004 en el país, describía de manera parcial cómo es Rusia. El laberinto de Putin: espías, asesinatos y el oscuro corazón de la nueva Rusia, es un título que habla por sí mismo. De hecho, el autor cree que tras un periodo de liberalización a principios de los años 90, Rusia ha cambiado a peor.

LeVine considera que Dmitri Medvédev y el entonces primer ministro, Vladímir Putin, son una seria amenaza para Occidente y que bajo el mandato de Putin el país ha retrocedido hacia el autoritarismo, que tiene sus raíces en los regímenes zarista y soviético.

La revolución del Maidán ocurrida en Ucrania ha supuesto un punto de inflexión en las relaciones Rusia-EE UU y Rusia Europa. Numerosos políticos y analistas estadounidenses hablan del peligro que representa el comportamiento de Rusia para Europa y el mundo.

Andrew Michta, profesor de Ciencias Políticas en el U.S. Naval War College, afirma que la OTAN ha sido incapaz de modernizarse mientras que Rusia no ha parado de rearmarse y Putin está preparado para nuevas conquistas territoriales.

Una compleja relación con Occidente

Esto no son más que una serie de ejemplos que demuestran el acercamiento unilateral hacia la historia y política de Rusia de numerosos analistas occidentales. Sin embargo, Rusia siempre ha tenido una compleja relación con Occidente. Hay diferencias en sus políticas entre los zares y los líderes soviéticos. Los intelectuales han estado siempre divididos entre eslavófilos y occidentalistas, y han mantenido fuertes debates entre ellos.

Actualmente las relaciones entre Rusia y Occidente son muy complejas. Tras los ataques terroristas del 11S, el presidente Putin fue uno de los primeros en condenar los atentados y en ofrecer asistencia a EE UU. Cuando Bush solicitó poner bases estadounidenses en Uzbekistán y Kirguistán, para luchar contra los talibanes la respuesta de Putin fue: "Tenemos que ayudar a nuestros amigos".

Rusia y EE UU, junto con sus aliados, pueden cooperar con éxito en diferentes ámbitos como lo han hecho en la crisis nuclear de Irán, el problema nuclear de Corea del Norte y en la lucha contra el Estado Islámico en Oriente Próximo.

Al mismo tiempo, en 2007 EE UU decidió instalar un sistema de defensa antimisiles en Polonia y la República Checa, que para los militares rusos suponía una amenaza a las instalaciones para la instalaciones nucleares rusas. La situación empeoró dramáticamente con las "revoluciones de colores" en el espacio postsoviético: la Revolución de las Rosas en Georgia (2003), la Revolución Naranja en Ucrania (2004) y el Maidán ucraniano (2014).

Según Andréi Bezrukov, de la Universidad MGIMO de Moscú, hay políticos en EE UU y Europa que creen que Occidente ganó la Guerra Fría y que por eso Rusia es un poder revanchista que trata de recuperar su estatus geopolítico.

Bezrukov considera que una de las contradicciones fundamentales entre Rusia y EE UU es que Washington trata de preservar el actual sistema mientras que Rusia quiere llevar a cabo una política exterior independiente.

En un momento en el que las élites políticas rusas siguen todavía evaluando las implicaciones del colapso de la URSS, las élites políticas de EE UU no están interesadas en acercarse a posturas más neutrales.

Bezrukov asume que su percepción negativa se basa, en parte, en la experiencia histórica. Si es así, es decepcionante que sea tan difícil cambiar los antiguos hábitos de pensamiento sobre la historia y la política internacional.

Mijaíl Mamédov es profesor asociado adjunto en la Universidad de Georgetown. Se graduó en Historia en al Universidad Estatal Lomonósov y realizó el doctorado en la Universidad de Georgetown. Publicado originalmente en Russia Direct.

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