¿Sabías que los piratas rusos aterrorizaron a los vikingos?

Historia
GUEORGUI MANÁIEV
Si pensabas que no había flota naval en Rusia antes de Pedro el Grande, ¡estabas equivocado! Los ‘ushkúiniks’ eran piratas fluviales del norte de Rusia que saquearon Suecia, Finlandia, Noruega e incluso la capital de la Horda de Oro, Sarái Batú.

La сatedral de Santa Sofía en Nóvgorod, construida en el siglo XII, presenta una antigua puerta maravillosamente trabajada. En 1187, esta puerta fue traída hasta aquí como botín desde la ciudad de Sigtuna, condado de Estocolmo, Suecia, un centro real y comercial de Suecia por aquellos días.

Pero en el siglo XII, las tierras rusas no eran lo suficientemente fuertes para derrotar a los suecos, por lo que la ciudad fue conquistada y saqueada por un grupo de pícaros de Nóvgorod, que viajaban río arriba en barcas a lo largo del río Vuoksi que discurría por la parte más septentrional del istmo carelio, desde el lago Saimaaa (Finlandia) hasta el lago Ládoga (Rusia, región de Nóvgorod). Cruzaron el mar y llegaron a Sigtuna sin ser vistos, gracias a la rapidez y ligereza de sus barcos. Eran los ushkúiniks, los legendarios piratas de río del norte de Rusia.

La condena del remo

Ushkúi, así es como los rusos del norte llamaban a un oso polar. Las cabezas de estos osos solían ser empaladas en la proa de sus barcos, por lo que también se les llamaba ushkúis.

Eran embarcaciones de vela y remo, equipadas con seis pares de escálamos para una docena de remeros, y un mástil para una sola vela. De 3 metros de ancho y unos 12 metros de largo, eran súpermaniobrables y podían transportar hasta 40 hombres. Estos barcos ayudaron a los ushkúiniks a convertirse en los piratas más temibles de la historia de Rusia.

Surgieron en Nóvgorod, la ciudad-Estado más poderosa de la antigua Rusia. Nóvgorod era gobernada como una república y en ella habitaba mucha gente libre que no quería trabajar, comerciar o ser peones, pero prefería servir a su tierra natal por la espada. Tales personas fueron utilizadas por la administración de Nóvgorod para explorar y proteger las afueras de la tierra de Nóvgorod. Y las autoridades locales no se opusieron demasiado a si, en el curso de estas “exploraciones”, sus propios corsarios saqueaban una o dos ciudades...

Los ushkúiniks eran muy especiales. Nacidos en la región de Nóvgorod, eran tan buenos como los vikingos, y mucho más experimentados y equipados que el militar ruso medio de los siglos XII-XVI. Siendo luchadores profesionales, a menudo provenían de familias adineradas, por lo que podían permitirse armaduras de metal y armas como picas, espadas y sables (siendo esta último su arma preferida, útil en combate cuerpo a cuerpo y durante los abordajes navales). También empleaban a menudo arcos, incluyendo ballestas pesadas, montadas en sus barcos.

Entrelazados con la gloria

Los ushkúiniks tuvieron su tiempo de gloria cuando las tierras rusas aún no estaban unidas, por lo que dirigirían su propia política, por así decirlo. Su primera hazaña fue la campaña contra las tierras de Yugrá (región de los Urales) alrededor de 1032, y pronto a esta le siguieron muchas otras campañas. Echa un vistazo a las más famosas.

En 1187, tomaron Sigtuna. En 1318, llegaron hasta Abo (ahora Turku), la entonces capital de Finlandia, y tomaron su tesorería como botín. En 1320 y 1323, atacaron a Noruega tan duramente, que los noruegos escribieron al Papa pidiéndole ayuda.

En el mismo año de 1323, los ushkúiniks ayudaron a Nóvgorod a alcanzar el primer tratado de paz con Suecia, el Tratado de Nöteborg, que terminó una guerra de 30 años y definió la frontera entre Nóvgorod y las tierras suecas.

Incluso después de que la Horda de Oro atacara las tierras rusas y les hiciera pagar tributos, a los ushkúiniks pareció no importarles, y saquearon sin miedo las ciudades de la Horda. En 1374, llevaron a cabo su campaña más grande, en la que participaron 90 buques. Tomaron Sarái Batú, la capital de la Horda de Oro y la ciudad más rica del kanato. Poco después, Dmitri Donskói comprendió que la Horda no era invencible y, en 1380, derrotó a la Horda en la batalla de Kulikovo.

Pero los ushkúiniks también asolaron y saquearon ciudades rusas, especialmente si los príncipes que gobernaban esas ciudades no “cooperaban”: en 1369-1370, tomaron Yaroslavl, en 1375, saquearon Kostromá. En 1374, establecieron su fortaleza en Jlínov (entonces Viatka, ahora Kírov, 400 kilómetros al este de Moscú), una ciudad al norte de Kazán con acceso a múltiples ríos. Viatka (Jlínov) se convirtió en la “capital de los ushkúiniks”. Mientras tanto, hicieron incursiones por los ríos Kama, Oká y Volga en el centro de Rusia. Por esto, se ganaron el apodo de “los ladrones de Jlínov”.

Quemando los remos

En el siglo XV, los ushkúiniks ya no eran sólo una ayuda, sino una importante amenaza interna para Moscú. Atrapado entre Moscú y el kanato de Kazán, el pueblo de Viatka hizo tratados de paz con cualquiera de ellos. Y los ushkúiniks se convirtieron en una gran fuerza militar que protegía a Viatka. En 1458, Vasili II de Moscú subyugó Viatka, pero en 1466, los ushkúiniks saquearon las tierras de Moscú de nuevo, y en 1468, hicieron un tratado con Kazán.

En 1471, los ushkúiniks tomaron Sarái de nuevo, pero por última vez. Parece que el nuevo mandatario de Moscú, el príncipe Iván III, les pidió que lo hicieran, sacudiéndose así las débiles defensas de la Horda.

“Mientras iban por el río Kama y luego al río Volga en sus barcas, el pueblo de Viatka tomó la ciudad del zar tártaro de Sarái en el Volga y masacró a una multitud de tártaros, llevando cautivas a sus esposas e hijos y, antes de regresar, una gran cantidad de botín”, registró una de las crónicas, y otra agregó que los ushkúiniks incluso se llevaron “una cantidad innumerable de princesas de Sarái”.

Igual que un siglo antes, los ushkúiniks demostraron una vez más la debilidad de la Horda. En 1480, Iván III hizo retroceder a los tártaros mongoles en la batalla de Yugrá.

Pero en 1489, Iván envió un ejército de 64.000 hombres a Viatka. Necesitaba que la ciudad fuera leal, como punto de apoyo en la guerra contra el kanato de Kazán. Después de asediar la fortaleza de Jlínov, el ejército moscovita se preparó para incendiarla: se colocaron colosales vallas de alquitrán contra las murallas de la ciudad. Intimidado por estos preparativos, el pueblo de Viatka se rindió.

La mayoría de los nobles de la ciudad fueron transportados con sus familias a varias ciudades cerca de Moscú. Después de esto, no existen más registros sobre los ushkúiniks o su famosa flota.

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