Cómo Rusia cambió mi vida: Manuel de España

Manuel Gómez
Manuel vive en Rusia desde hace dos años. Durante este tiempo ha conseguido tan buen nivel de ruso que los lugareños no creen que es español y le piden que muestre el pasaporte. Después de mudarse de Siberia a San Petersburgo, empezó a enseñar español, pero ya siente nostalgia por las heladas y la carne estofada en lata.

La primera vez que vine a Rusia fue durante tres meses en un intercambio de estudiantes con la Universidad Federal Siberiana (SFU) en Krasnoyarsk. Más tarde decidí hacer una maestría y no dudé en elegir la universidad: en la SFU ya me conocían, me encantaba Siberia y en por aquel entonces ya sabía hablar ruso razonablemente bien. Había empezado a aprender ruso en España en un curso de idiomas extranjeros, en el que elegí el ruso en lugar del chino o el árabe. Y ahora estoy convencido de que tomé la decisión correcta.

Lo que hace falta para alcanzar la felicidad

Siberia se convirtió en un lugar de descubrimientos para mí. En primer lugar, allí aprendí que la vida no se para ni siquiera con las temperaturas más bajas. A -40ºC solíamos dar paseos por la reserva natural de Stolbí; subíamos a la cima de las rocas, donde mis amigos abrían un termo, sacaban una estufa de gas y calentaban carne estofada conservada en latas de metal. Y eso era la felicidad. ¡Y qué vistas! Como dirían los rusos en estos casos: “¡Impresionante!”.

En segundo lugar, los siberianos resultaron ser “diferentes”. Se abren a los extranjeros, pero son reservados entre sí. Tal vez para ellos los extranjeros son un fenómeno más raro que para la gente que vive en las grandes ciudades, y por eso sentí su atención y apoyo. Los siberianos aprecian cuando un extranjero trata de hablar ruso, incluso si comete errores. Siempre me decían: “¡Bien hecho, hablas un ruso excelente!”, ¡aunque era obvio que ese no era el caso!

La astucia como rasgo nacional

En Rusia hay un enfoque diferente para enseñar a los estudiantes, existe una mayor distancia entre el profesor y el alumno; debe ser una tradición que sobrevive de la época de la URSS. Todo está estrictamente regulado, y se imparte mucha teoría. Los profesores podían criticar mi trabajo y hacerlo pedazos, y yo siempre me lo tomaba muy en serio. ¡Tuve que presentar mi tesis de maestría cinco veces! Involuntariamente llegas a dudar de tus habilidades mentales. Pero mi profesora rusa Elena Vladímirovna me “reprogramó” literalmente explicándome que es parte del proceso de enseñanza, y me mostró el mundo a través de los ojos de un ruso.

En Rusia aprendí a hacer trampas en los exámenes. En una ocasión yo no estaba bien preparado para un examen, y me inundó el miedo a fracasar y ser expulsado. La maestra nos dio la prueba y se fue de la sala. Todos sacaron sus chuletas y empezaron a copiarlas. Les siseé: “¿Qué estáis haciendo? ¡Hay cámaras! ¡Seréis expulsado por romper las reglas!”. Pero uno de mis compañeros de clase simplemente me pasó el libro de texto, y también hice trampa. Me copié a la manera rusa. Por cierto, la astucia es un rasgo nacional.

Sobre los chismes y el humor

El humor español es similar al humor ruso, pero con matices. A los españoles nos gusta la autoironía. Por ejemplo, a menudo, bromeando, me llamo a mí mismo “idiota”. Pero una vez una chica, una amiga de Krasnoyarsk, me dijo que no debería hacerlo porque, en lugar de menospreciarme, debería amarme y apreciarme a mí mismo.

Los rusos se toman los chismes más en serio que nosotros. A nosotros nos encanta chismorrear y, después de conocer a alguien, descubrir lo que nuestros nuevos amigos han comentado acerca de nosotros. En Rusia no es tan sencillo: si pregunto por alguien, significa que estoy realmente interesado en esa persona y, de todos modos, no es fácil involucrar a un ruso en una conversación de esta índole.

San Petersburgo vs. Siberia

Después de haberme mudado a San Petersburgo, me sentí decepcionado: cielos grises y fachadas monocromas. Me gusta el invierno siberiano, con heladas, sol y paseos por el bosque. La segunda capital del país es una ciudad demasiado europea: a su manera es hermosa, pero no es la verdadera Rusia. Las ciudades más “rusas” son las que me gustan más.

La gente en San Petersburgo trata a los extranjeros de manera diferente: no hay ninguna de las atenciones que tanto me gustaban en Siberia: la gente, simplemente, vive su propia vida.

Aquí, más que en Siberia, la gente se interesa por la literatura y el arte, ama y recuerda su historia. A mí me parece que están un poco “atascados” en el pasado. Pero los siberianos viven en el presente y tienen que resolver los problemas de cada dia.

Pincha aquí para saber cómo es un siberiano típico. 

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