8 gatos que cambiaron la cultura rusa

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Es conocido el amor de los rusos por los gatos y, como no podía ser de otra manera, hay algunos que han marcado la historia de Rusia. Conoce a estos mininos, una clave para adentrarse en la cultura del país.

1. El gato Bayún

Fuente: ArchivoFuente: Archivo

Un personaje místico de los cuentos populares rusos que posee una voz mágica. Con su voz puede curar cualquier enfermedad, aunque prefiere utilizarla para adormecer a los viajeros infortunados y comérselos.

Muchos astutos gobernantes enviaron a sus enemigos a cazar al gato para que estos perecieran en su intento. Solo quienes llevaran un casco de metal (o varios) que ensordeciera la voz de este animal mágico y les protegiera de sus arañazos podían salir victoriosos en esta empresa. 

2. El gato sabio

Fuente: Global Look PressFuente: Global Look Press

La imagen de este gato la estableció Alexander Pushkin en el prólogo del poema Ruslán y Liudmila. Pariente lejano de Bayún, una cadena de oro lo ata a un enorme roble. Cuando corre a la derecha, entona una canción, y cuando corre a la izquierda, se pone a contar un cuento. Esto es todo lo que sabemos de él: el poeta Alexander Pushkin solo dedicó unas líneas a este gato.

Pero con esto basta para que todos los niños rusos conozcan al gato, porque Pushkin es “nuestro todo”, como dicen los rusos, el poeta más conocido y adorado por todo el país.

3. El gato Beguemot

Fuente: Elena Martynyuk / Museo de BulgákovFuente: Elena Martynyuk / Museo de Bulgákov

Diabólico gato negro que forma parte del séquito de Voland en la novela de Mijaíl Bulgákov El maestro y Margarita. Es el típico trickster idolatrado por su carisma, sus bromas y sus agudas frases. Es fácil oír alguna de ellas en cualquier sobremesa rusa: “¿Me cree capaz de servir una copa de vodka a una dama? ¡Es alcohol puro!” Y si un amigo ruso se propone contarle alguna desventura inesperada, empezará de este modo: “No molesto a nadie, no toco a nadie, solo estoy arreglando el hornillo…”, como le gusta hacer a Beguemot.

4. El gato Matroskin

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“¿Y vosotros también os coméis las tostadas con el embutido hacia abajo porque un gato dijo que así sabía mejor?” Esta broma de internet la entenderán todos los que de niños veían los dibujos animados sobre la aldea Prostokváshino.

Con la frase sobre cómo hay que comer las tostadas (“con el embutido sobre la lengua, así está más buena”) empieza la amistad de este gato parlante vagabundo y de un niño muy independiente al que todos llaman Tío Fiódor.

Matroskin es ahorrador y racional hasta un extremo muy cómico y se encarga de las tareas domésticas. A menudo parece que es el cabeza de familia. Sabe coser, a mano y a máquina y tocar la guitarra.

5. El gato Leopold

Fuente: RIA NovostiFuente: RIA Novosti

Si en los famosos dibujos animados Tom y Jerry el gato persigue al ratón, en la versión soviética todo es al revés. Leopold es el típico intelectual. Lleva una pajarita, no bebe, no fuma ni levanta la voz. Siempre repite su credo vital: “¡Muchachos, vivamos en paz!”

Pero dos ratones gamberros decididos a vengar a toda su raza no le dejan vivir tranquilo y siempre le preparan alguna sorpresa desagradable. Pero como no son demasiado listos, suelen caer ellos en la trampa y es Leopold quien los ayuda a salir de los problemas.

6. El gatito llamado Guau

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— No vayas allí, que te meterás en problemas.

— ¿Cómo no voy a ir? ¡Me están esperando!

Esta cita se ha convertido en un meme que describe a la perfección el carácter de este gatito con un extraño nombre (“guau”, como dicen los perros). Es un gato inocente y valiente (aunque tampoco se niega el placer de sentir un poco de miedo con un amigo en el desván) y tiene un talento único para encontrar nuevas aventuras. Quizás uno de los personajes más enternecedores de los dibujos animados soviéticos.

7. Los gatos de San Petersburgo

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En San Petersburgo los gatos son un absoluto cliché. En ella se venden incontables suvenires gatunos: imanes, postales, camisetas, paraguas, etc., en las que los gatos animan al Zenit (el equipo de fútbol local), tocan la guitarra, hablan con Pushkin o cazan ángeles de un salto, todo ello con la ciudad de fondo.

No es casualidad, ya que San Petersburgo tiene una relación especial con los gatos. Durante el sitio de Leningrado (1941-1944), cuando más de 600.000 personas murieron de hambre, dejó de haber gatos y los ratones invadieron la ciudad. Gracias a un decreto especial, en la ciudad se introdujeron 5.000 gatos que salvaron la ciudad de estos roedores. Los más fanáticos de los gatos se reúnen en la “República de los gatos”, una cafetería museo en la que viven 25 mininos y en la que incluso hay una moneda gatuna especial.

8. Los gatos del Hermitage

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Cada primavera en el museo más importante de San Petersburgo se celebra una fiesta inusual: el día del gato del Hermitage, los Hermiki, como llaman los trabajadores a los museos a sus compañeros peludos. Estos animales no solo cazan ratones en los sótanos, también son la mascota del Hermitage.

Según el director del museo, Mijaíl Piotrovski,hay tantos tantos reportajes sobre los gatos como sobre las pinturas de Rembrandt. En el presupuesto del Hermitage no existe un punto especial para la manutención de los animales, pero sí que hay una cuenta a la que se pueden hacer donaciones y siempre hay fondos. Todos los gatos están bien alimentados, vacunados y esterilizados, tienen su propio pasaporte, plato, cama y cesto con arena.

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