Soyuzmultfilm, mítico estudio de animación que conquistó el mundo

Cheburashka

Cheburashka

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El legendario estudio soviético de animación Soyuzmultfilm celebra el 10 de junio su 80º aniversario. RBTH recuerda algunas de las pocas películas del estudio que lograron salir al extranjero en la época de la URSS, impactaron a los espectadores de todo el mundo y dejaron su huella en la historia de la animación.

1. Cuento de cuentos

La película de animación más conocida en todo el mundo del prestigioso director ruso Yuri Norshtéin, cosechó premios en muchos festivales. Fue reconocida como la mejor película de animación de todos los tiempos en las Olimpiadas de Animación de Los Ángeles en 1984.

El Cuento (1979) se construye como un flujo de recuerdos y asociaciones libres que no pertenecen a un personaje concreto, sino más bien a un pueblo en general: en el film hay referencias a la poesía del siglo XIX y a la Segunda Guerra Mundial, alusiones a textos bíblicos e incluso se oye la canción de cuna que todo niño rusohablante conoce: “Duérmete niño, no llores más, o vendrá un lobito gris y te morderá”. Precisamente este lobo, triste y solitario, es el protagonista de la película, que transcurre en otoño, en una casa aislada que recuerda a un mundo ya extinto.

2. Erizo en la niebla

Otro film de Norshtéin que relata una experiencia trascendental de un erizo que va a visitar a un osezno. Por el camino, el erizo se pierde en la niebla, se encuentra un caballo blanco, cae a un río y conoce a un pez… Y experimenta una fascinación tal con el mundo que le rodea que al final, cuando llega a casa del osezno, apenas si puede mantener una conversación con su amigo.

Erizo en la niebla (1975) ha recibido numerosos premios, ha liderado varias listas internacionales de animación de autor e incluso fue parodiada en un capítulo de Padre de familia (capítulo “Espías más o menos como nosotros”) y expuesta en el museo del estudio Ghibli (como muestra del enorme respeto que sentía el director japonés Hayao Miyazaki por su compañero de profesión ruso). Además, el gobierno de Japón concedió a Yuri Norshtéin el título de caballero de la Orden del Sol Naciente.

3. La reina de las nieves

El largometraje creado por Lev Atamánov, una adaptación del cuento de Hans Christian Andersen, fue una de las pocas películas de animación soviéticas distribuidas en el extranjero (1957). La película se estrenó en EE UU, Canadá y Japón. En Japón la vio el conocido Hayao Miyazaki y, según sus propias palabras, se convirtió en un gran referente para su creación posterior.

4. Aventuras de Mowgli

La versión soviética de El libro de la selva (1973) fue concebida como una miniserie, pero más tarde su director, Román Davydov, reunió todos los episodios en un largometraje. Del mismo modo que La reina de las nieves, “Las aventuras de Mowgli” se estrenó en EE UU, pero no fue tan aplaudida. Esto pudo deberse a que los distribuidores estadounidenses alteraron considerablemente la película: cortaron algunas de las escenas de mayor tensión, eliminaron la música de la compositora vanguardista Sofía Gubaidúlina, y en su lugar añadieron la voz de un narrador y canciones alegres.

5. Cheburashka

Esta serie (1969-1983) trata sobre un pequeño animal encantador e inocente con grandes orejas que se hace amigo de un bondadoso cocodrilo y se enfrenta a las maquinaciones de la malvada vieja Shapokliak.

Este animal de una especie desconocida (creado por el escritor Eduard Uspenski y el director Román Kachánov), se convirtió en el personaje de animación soviético más conocido de la historia.

En la actualidad, este personaje sigue siendo muy popular en Japón, donse se creó de cero una nueva serie en dos dimensiones sobre Cheburashka, y en 2013 se estrenó un largometraje de muñecos. En Rusia Cheburashka llegó a ser el símbolo de todo: de la selección olímpica, de organizaciones benéficas e incluso de un movimiento de protesta.

6. El lobo gris y Caperucita Roja

Esta versión postmodernista del famoso cuento apareció en 1990, en el ocaso de la época soviética. En el imaginario colectivo esta película simbolizaba el final de aquella era, presentando al espectador (también en el extranjero) un claro ejemplo de autorreflexión nacional en forma de animación con plastilina.

El público aplaudió la obra del director Garri Bardin, y la película se llevó el gran premio del prestigioso festival internacional de animación de Annecy. El Lobo gris convirtió a Bardin en uno de los directores soviéticos más reconocidos en el extranjero, y sigue siéndolo a día de hoy. Su largometraje El patito feo (2010) gozó de un grandioso estreno al aire libre en el festival de Locarno, y su último cortometraje, Escuchar a Beethoven, participó en 2016 en el concurso del Festival de Cannes.


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