Cine de animación antinazi en la Rusia soviética (1941-1945)

Los cortometrajes satíricos contra los nazis se produjeron en los estudios de animación de Soyuzmultfilm, que entre 1941 y 1943 debieron ser evacuados de Moscú a Samarcanda, en Uzbekistán, para garantizar la producción.

Cuando en mitad del caluroso verano de 1941, en un avance relámpago hacia Moscú que parecía imparable, las tropas de la Wehrmacht derrotaban a las guarniciones soviéticas sorprendidas por el ataque, hablar del uso de dibujos animados como arma de guerra se hubiese antojado para la gran mayoría de rusos no ya una peligrosa extravagancia, si no una locura en toda regla.

Sin embargo, la capacidad de los dibujos animados para transmitir mensajes de forma concisa y gráficamente potente era ya conocida, y los gobiernos y los directores de animación de los países aliados no perdieron la oportunidad de usarlos contra Hitler y las fuerzas de El Eje. Así, en Estados Unidos, Reino Unido e incluso Grecia se produjeron cortometrajes de animación destinados a concienciar al público sobre la importancia de la lucha en ciernes.

Rusia no fue una excepción. Durante los cuatro años de guerra los legendarios estudios de animación Soyuzmultfilm produjeron alrededor de veinte películas de dibujos animados, siendo la mayoría de ellos cortometrajes satíricos contra los nazis.

Si bien su número puede parecer escaso en comparación con la producción de Estados Unidos, no hay que olvidar las duras condiciones a las que se enfrentó la Rusia soviética durante el conflicto.

De hecho, entre 1941 y 1943, todas las instalaciones y trabajadores de Soyuzmultfilm debieron ser evacuados de Moscú a Samarcanda, en Uzbekistán, para garantizar la producción.

Jishiniki (Buitres) realizado en 1941, de Panteleimon Sazonov es un cortometraje sobre los 'Halcones de Stalin', termino grandioso aplicado a la aviación soviética, muy usada propagandísticamente en las décadas de  los años 30 y 40 por su extrema popularidad.

La historia, de poco más de dos minutos de duración, era muy simple: unos buitres nazis/bombarderos alemanes se internan en territorio ruso con el objetivo de destruir unas inocentes cosechas de trigo. Sin embargo el enemigo es interceptado y masacrados por los gloriosos I-16 soviéticos. Al final, la proclama “Muerte a los buitres fascistas” llena la pantalla.

También de 1941 es el corto de A. Ivanov e I. Vano, Nie toptat fashistkomu sapogu nashei Rodini(Las botas fascistas no hollarán nuestra patria), que enfatiza la naturaleza bestial de los invasores germanos y presenta una apabullante respuesta del Ejército Rojo, combinando iconografía de la Guerra Civil Rusa como la caballería con modernos tanques y aviones.

La bestia fascista aparece caracterizada como un cerdo reptiliano, cornudo y gigante vestido con un uniforme alemán que avanza babeante, cruzando las fronteras de Checoslovaquia, Polonia (sic), Dinamarca, Holanda, etc.  Los planos de unas botas militares se funden con los de una bomba con una cruz gamada que cae repetidas veces sobre el mapa de Europa.

En la pantalla, un tanque T-28 demuestra a los nazis que han cometido un error cruzando la frontera de la URSS, mientras de fondo suena la Marcha de los Tanquistas Soviéticos. Para el espectador queda clara la amenaza y la importancia de lograr la victoria.

El cortometraje, hecho cuatro años antes del final de la guerra, muestra el triunfo soviético como algo inevitable, al tiempo que transmite  la noción del ataque a traición nazi que más tarde ha servido para explicar las grandes pérdidas sufridas durante los primeros momentos de la Gran Guerra Patria.

Otro trabajo destacable esZhurnal Politstiri №2, (Noticiero Político Nº 2) dirigidopor Zinaida Brumberg, Alexánder Ivanov, Valentina Ivanov y Valentina Brumberg, Olga Jodatayeva, A. Ivanov e I. Vano. Con ocho minutos de duración, se presentan cuatro bloques de propaganda.

El primero es ¿Qué quiere Hitler?, en el que un führer con cuernos y colmillos de jabalí, no deja ninguna duda: devolver las granjas y las fábricas a los terratenientes capitalistas, cubrir la tierra rusa de ataúdes y esclavizar a los rusos. Recibe a cambio bombas y bayonetazos. El segundo bloque es La bahía de los piratas nazis, en la que unos psicodélicos tiburones-submarinos nazis con torres de artillería a las espaldas son exterminados por la Flota Roja.

El tercero Mata el enemigo en el frente y en la retaguardia está dedicado a los espías y saboteadores fascistas en el frente doméstico, a los que se presenta casi como criaturas de cine de terror. El último bloque, titulado Un mítico apretón de manos, hace referencia al acuerdo de cooperación militar firmado entre el Reino Unido y la URSS ese mismo año. En este segmento, un Hitler diminuto intenta evitar esta colaboración, para acabar aplastado entre las manos británica y rusa del mítico apretón. 

De 1942 hay que señalar Кino-tsirk (Cine-Circo), de Leonid Amalrik, Olga Jodatayeva y su hermano Nikolái Jodatayev, una pieza de poco más de tres minutos, con tres actos dirigidos a Hitler y presentados por un personaje trasunto de Charlot.

En el primero el dictador alemán aparece royendo un hueso en el Hotel Nueva Europa mientras unos perros que representan a los aliados europeos de Alemania (Mussolini de Italia, Horthy de Hungría, Antonescu de Rumanía) hacen todo tipo de trucos y monerías con tal de obtener las sobras de la comida de Hitler.

En el segundo segmento, el dictador visita la tumba de Napoleón para pedirle consejo sobre sus planes de conquista mundial. Napoleón le aconseja, “antes de que sea demasiado tarde” que le acompañe en su tumba, para horror del cabo austríaco. En el tercer gag Hitler es un juglar que hace malabarismos con barriles de pólvora, cada uno representando uno de los países invadidos por el Tercer Reich. No hace falta ser adivino para predecir que el final de esta historia solo puede ser explosivo. 

Es interesante comparar el trato soviético a los nazis en sus cortometrajes de animación con el que le dieron los aliados anglosajones. Por norma, en los producidos por la propaganda norteamericana como Der Fuehrer’s Face, los líderes fascistas son  caricaturizados y ridiculizados, mientras que en los realizados en la URSS son presentados como monstruos y cerdos. Quizás el enfoque provenga de una dolorosa realidad: parte de la Unión Soviética había sido ocupada y vivido bajo el yugo nazi, mientras que los Estados Unidos no pasaron por este duro trance.

Sin embargo los cortometrajes estadounidenses enfocados a motivar contra la amenaza del Imperio del Sol Naciente estaban teñidos de un racismo que no encontramos en los soviéticos hacia sus enemigos alemanes. Los japoneses sí que habían atacado territorio norteamericano y eran normalmente representados como tontos (p.e en el corto de Popeye Eres un sapo, Mr Japonés de 1942 y en Bugs Bunny nips the Nips de 1944)  o seres infrahumanos a los que se podía matar sin remordimiento alguno.

Otra cuestión destacable y en defensa de la calidad moral de la animación rusa de los años de guerra es que nunca se combinaron los géneros de propaganda y cine infantil, cosa que sí sucedió en los EEUU con los cortos citados en el párrafo anterior, el ya mencionado Der Fuehrer’s Face (con el Pato Donald internado en nada menos que un campo en un campo de concentración) o en Blitz Wolf, donde los tres cerditos se enfrentaban a un lobo de uniforme feldgrau y sospechoso bigotillo.

Der Fuehrer’s Face  

Eres un sapo, Mr Japonés 

Bugs Bunny nips the Nips 

Blitz Wolf