Rusia necesita una UE fuerte

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Al contrario de lo que dicen los medios europeos, una UE fuerte sería un socio más fiable para Rusia. En estos momento de debilidad, Europa tiende a acercarse a EE UU.

Medios y políticos europeos comentan habitualmente que Rusia está interesada en una UE debilitada, es más, afirman incluso que prefiere su desintegración  y que hace todo lo que está en su mano para conseguirlo. La prueba de ello sería que Moscú trata de resolver gran cantidad de asuntos con los estados nacionales en vez de hacerlo a nivel de la UE y que financia a partidos de derechas, como el Frente Nacional en Francia.

Sin embargo, a pesar de que en las condiciones actuales sea más ventajoso para Rusia interactuar con los países y las fuerzas políticas de la UE que están interesadas en una cooperación constructiva, no significa necesariamente que Rusia quiera romper la UE o que se debilite.

Al contrario, por paradójico que pueda parecer, una UE débil va en contra de los intereses pragmáticos de Rusia. Es más, el país eslavo contempla los actuales problemas de relaciones con la UE como el resultado de una Unión debilitada, en vez de fortalecida. La actual situación de las relaciones bilaterales es, en gran medida, el resultado de los procesos de fragmentación y desintegración que han tenido lugar en el seno de la UE desde mediados de los años 2000.

Socio en materia de seguridad

En primer lugar, Rusia necesita una UE fuerte como socio en cuestiones de seguridad en el espacio europeo. Una UE fuerte sería capaz de presionar de manera eficiente a Ucrania y de participar con pleno derecho en debates como la defensa antimisiles, las armas nucleares tácticas, el tratado INF, el control armamentístico o la expansión de la infraestructura de la OTAN en Europa del Este. La UE tiene que ser un socio viable con el poder que dialogar acerca del sistema de seguridad en Europa.

Lo más probable es que una UE con confianza sería menos proclive a considerar a Rusia un enemigo externo, y a exagerar esa imagen que sirve para dar una impresión de unidad frente al otro. Mientras que una UE débil presenta otro problema para la seguridad europea. Se inclina hacia EE UU de manera instintiva y solicita a los estadounidenses que tengan un papel más activo en la seguridad europea y aumenten su presencia militar en Europa del Este.

Al mismo tiempo, una UE fragmentada es incapaz de dotarse de una política exterior común y de presionar a Ucrania para implementar los acuerdos de Minsk o de acordar las reglas del juego de la relación entre Rusia y la UE. Es más, en la situación actual solo será capaz de desarrollar una nueva política en el Este, a pesar de que su evidente fracaso.

La idea de que una UE débil y fragmentada favorece a Rusia es errónea. Al contrario, en esta situación Rusia se convierte en el "otro que unifica", en una amenaza artificial que sirve para buscar unidad. Esto fue particularmente evidente durante la crisis ucraniana en 2014 y 2015. Además, en una UE fragmentada, países como Polonia o los estados del Báltico tienen una mayor influencia en los procesos de decisión que lo que tendrían si la UE tuviera un claro denominador común basado en su propia fortaleza.

Una nueva situación en Oriente Próximo

Una UE fuerte sería útil para Rusia a la hora de resolver los problemas en Oriente Próximo. Solamente una UE con una política exterior común sería capaz de desempeñar un papel que disciplinase a Turquía, Arabia Saudí e Irán y que además aseguraría la emergencia de una nueva política internacional en la zona.

Actualmente la UE no puede implementar una política efectiva de migración ni antiterrorista. En realidad, solo es capaz de echar más leña al fuego de las hogueras que hay en Oriente Próximo y los eventos entre 2011 y 2015 no son sino una prueba de ello.

Al mismo tiempo, una UE capaz de actuar como una centro global podría romper la tendencia de un mundo que se dirige hacia dos grandes comunidades político-económicas. En definitiva, podría crear un mayor equilibrio de poder. Una UE fuerte sería capaz de negociar con mayor seguridad el tratado de libre comercio con EE UU, el TTIP, y al mismo tiempo sería un socio más interesante para China. Mientras que una UE débil se muestra más subordinada a EE UU, tanto a política como económicamente.

Por lo que respecta a la atracción que provoca la UE en las antiguas repúblicas soviéticas, se trata de un asunto que incumbe más a Rusia y a la Unión Euroasiática que a la UE. Si Rusia es capaz de llevar a cabo las reformas necesarias en el país y convertirse en un modelo para sus vecinos más cercanos y muestra la atracción que supone la integración euroasiática, entonces no habrá ninguna UE que sea capaz de obstaculizarlo.

Dmitri Suslov es miembro de la Escuela Superior de Economía de Moscú y dirctor del progama del Club Vladái.

Articulo publicado originalmente en ruso en Lenta.ru.

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