¿Debería Rusia integrarse en el mundo occidental?

Iorsh
La reciente visita a San Petersburgo del Jean-Claude Juncker con motivo del Foro Económico Internacional así como las llamadas a rebajar la tensión de varios políticos alemanes han provocado que se hable de la posibilidad del levantamiento de las sanciones. Aunque la cuestión principal no es cuándo sino cómo se van a levantar y qué ocurrirá después.

El patrón de las relaciones con EE UU y con la UE

El patrón con EE UU es sencillo. Las relaciones se desarrollan de la siguiente manera: se pasa del enfriamiento- tensión- escalada al deshielo-restablecimiento-reinicio y vuelta a empezar. Varía el tiempo de un periodo u otro pero el algoritmo se mantiene. Aunque en el momento actual las relaciones no pasan por un momento protípico. Según todas las apariencias estamos una "mala" fase, pero debido al carácter del actual presidente estadounidense, que simplemente prefiere evitar el conflicto, las medidas de contención son poco claras.

Después del cambio en la Casa Blanca las relaciones serán muy claras (Clinton) o se calmarán temporalmente (Trump). Pero el ciclo general no cambiará. Es posible que haya diferentes fluctuaciones atmosféricas pero no será fácil cambiar la inercia de acercamiento y repulsión recíprocas.

Por su parte, la situación con Europa continental es mucho más interesante. La UE y Rusia reconocen que es imposible volver al modelo de la era anterior, basado en los negocios y la “asociación estratégica” que caracterizó los años 1990-2000.

La segunda postura que ambos comparten es que no contemplan como posibilidad cortar las relaciones.

Desde los años 90 hasta hace poco, sobre todo desde finales de los años 2000, las relaciones se basaban en la presunción de que Rusia se integraría en la "esfera europea", que tiene a Bruselas como centro administrativo y directivo. "La Gran Europa" era una especie de prolongación del "Gran Occidente", que era el núcleo del sistema internacional. Aunque a principios del siglo XXI hubo una serie de acontecimientos que dejaron clara la limitación de esta visión.

Fracaso en el propio centro

La crisis financiera de 2008 en EE UU y los problemas estructurales de la UE pusieron en entredicho la capacidad de Occidente para dominar de manera eficiente. Esto llevó a que los actores no occidentales aspirasen a diversificar el marco de las relaciones y a que los países occidentales tuvieran el deseo de mostrar su fuerza.

A mediados de esta década surgió una nueva realidad. En un contexto de tensión política, la interdependencia económica se transformó en un arma, cuando antes había servido para  contener las contradicciones. Esto provocó que se reestructurase el frágil equilibrio del antiguo orden y alentó las expectativas de aquellos, que como Rusia, nunca se habían sentido cómodos con lo que Occidente ofrecía.

El enfoque de los principales países ocidentales cambió: se pasó de buscar la expansión al intento de consolidar el contexto creado durante los últimos 25 años. Tanto los EE UU como la UE actúan de la misma manera, pero a niveles diferentes.

Washington trata de soldar a sus aliados con proyectos de asociación económica y legal a gran escala: el Acuerdo Trasnpacífico de Cooperación Económica (TTP) y el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP). Bruselas, por su parte, se centra en estabilizar la UE y se concentra en los problemas internos. Es posible que los objetivos de la UE y de EE UU colisionen. Por ejemplo, la insistencia de la Casa Blanca para cerrar el TTIP antes de que finalice el mandato de Obama, provoca nerviosismo en la UE, en unas negociaciones que se mantienen en secreto y son muy opacas.

¿Dónde encaja Rusia?

La descripción de la nueva "arquitectura" está directamente relacionada con lo que ocurra después de que se levanten las sanciones, lo que provoca una nueva pregunta: ¿dónde incluir a Rusia?

Sin embargo, la propia idea de "inclusión" despierta muchas dudas.

Los informes recién publicados por el Consejo de Política Exterior y de Defensa, explican que "la vía hacia la integración incondicional en la economía global, que Rusia comenzó en 1991, se ha agotado a sí misma, sobre todo porque la propia economía está cambiando de manera radical". El espacio global ya no se divide en segmentos aislados y la interdependencia general es algo irrevocable.

Aunque, según lo que podemos observar, aquellos que quieran formar parte del núcleo tradicionalmente occidental tendrán que aceptar unas duras condiciones con poca capacidad de negociación. La fase anterior de la globalización contaba con un elemento altruista: los países que estaban en vías de desarrollo y eran diligentes tenían la opción de buscar su propio espacio.

Actualmente el objetivo es diferente: los "grandes países" son completamente responsables de las posibilidades de desarrollo.

¿Qué opción le queda al resto? O bien crear algo por su propia cuenta que sea capaz de competir con Occidente, o construir una compleja y flexible red de relaciones entre diversos actores y tratar de arañar oportunidades, allí donde sea posible.

La Gran Eurasia

La primera opción para Rusia es la Gran Eurasia, la integración de los proyectos de la Unión Euroasiática (compuesta por Rusia, Bielorrusia, Armenia y Kazajistán) con la Nueva Ruta de la Seda que plantea China y que se lanzó en mayo del año pasado pero no comienza a tomar forma todavía. Esta opción no puede darse por muerta, ni mucho menos, ya que las políticas occidentales están forzando a Moscú y Pekín hacia crear algo similar.

La segunda opción es un acercamiento multivectorial y ultrapragmático. Esto requiere que se reduzca la tensión geopolítica, no para que Rusia se integre en el proyecto occidental, sino para utilizar las contradicciones internas del sistema de manera más eficiente en defensa de sus propios intereses.

Hay potencial para poder llevar esto a cabo. No todos los países están entusiasmados con el esquema de "consolidación" occidental descrito más arriba, ya que limita la posibilidad de negociar con China, Rusia u otros actores. Asia está llena de ejemplos de este tipo. Japón trata de hacer todo lo posible para desarrollar sus relaciones con Rusia sin abandonar sus vínculos con EE UU. Los países del Sudeste Asiático están incómodos con la retórica de Obama, que transforma su participación en el TTP en una acción que antichina.

Muchos prefieren algo similar a un matrimonio abierto, en vez de un rígido esquema en bloques que obliga a cumplir determinadas obligaciones: los socios garantizan lealtad pero no una fidelidad ciega.

La unidad y los contrastes entre estos planteamientos serán los ingredientes principales a la hora de construir el nuevo orden mundial. La cuestión del levantamiento o no de las sanciones se convierte entonces en algo secundario, sobre todo comparado al pensar cómo debería actuar Rusia de cara a estos procesos.

Publicado originalmente en ruso en Gazeta.ru

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