¿Cómo reaccionará Rusia a la entrada de Montenegro en la OTAN?

El ex primer ministro de Montenegro, Milo Djukanović, en la cumbre de la OTAN en Varsovia, 2016.

El ex primer ministro de Montenegro, Milo Djukanović, en la cumbre de la OTAN en Varsovia, 2016.

ZUMA Press/Global Look Press
Después de que el Senado de EEUU aprobase el 28 de marzo la entrada de Montenegro en la OTAN, la adhesión del país balcánico a la Alianza es solo una cuestión de tiempo. En opinión de los analistas rusos, la entrada de este país en la OTAN no cambiará el equilibrio global de fuerzas, pero supondrá un golpe a los intereses de Rusia en la región.

EE UU apoya el acceso de Montenegro a la OTAN. El pasado 28 de marzo la mayoría del Congreso votó a favor de que el país balcánico se uniese a la Alianza. Para que Washington ratifique de forma definitiva la solicitud de Podgorica es necesaria la firma de Donald Trump. A juzgar por las declaraciones del secretario de Estado, Rex Tillerson, que instó a los senadores a aprobar el documento, esto no supondrá ningún problema.

El proceso de entrada de Montenegro en la OTAN se inició en mayo del año pasado. Los ministros de Exteriores de los países miembros de la OTAN firmaron el correspondiente protocolo, tras lo cual, el representante del gobierno montenegrino Vesko Garčević anunció que “el país ya es prácticamente parte del bloque”. Oficialmente Montenegro se convertirá en el miembro número 29 de la OTAN cuando todos los países que forman parte de la Alianza lo ratifiquen, algo que ya han hecho 25 estados.

El interés de Djukanović

Los analistas rusos consideran que quien necesita la entrada en la OTAN no es tanto el pueblo de Montenegro, sino su veterano líder, Milo Djukanović, que ocupó el puesto de primer ministro hasta noviembre. “Para Djukanović, la entrada en la OTAN es una forma de asegurar la permanencia de su poder”, explicó a RBTH Gueorgui Engelgardt, del Instituto de Estudios Eslavos de la Academia Rusa de Ciencias.

Según señala Engelgardt, según Djukanović la OTAN garantiza la independencia frente a Serbia y neutraliza los sentimientos proserbios. Tras el acceso a la OTAN, la frontera entre Serbia y Montenegro quedará protegida por el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, según el cual los países de la Alianza están obligados a prestar ayuda militar en caso de ataque a uno de sus miembros.

El ministro de Defensa de Estados Unidos, Jim Mattis, con su homólogo montenegrino, Predrag Boskovic. Fuente: ZUMA Press/Global Look PressEl ministro de Defensa de Estados Unidos, Jim Mattis, con su homólogo montenegrino, Predrag Boskovic. Fuente: ZUMA Press/Global Look Press

La opinión de Engelgardt es compartida por Timoféi Bordachov, director del Centro de Estudios Integrales Europeos e Internacionales de la Universidad Nacional de Investigación de la Escuela Superior de Economía: “A ojos de Occidente la entrada en la OTAN borrará todos los anteriores pecados de Djukanović, entre los cuales se encuentra la infracción de las leyes, incluyendo la corrupción”. No obstante, Bordachov subraya que, como muestran las encuestas y los movimientos sociales, una gran parte de los montenegrinos no desea entrar en la OTAN.

La entrada de Montenegro, con una población de algo más de 620.000 personas y sin una sólida infraestructura militar, no supondrá ningún refuerzo para la OTAN, señala el politólogo Fiódor Lukiánov. “Se trata de un gesto para mostrar que la Alianza es una organización exitosa y en desarrollo”, opina. Sin embargo, el analista cree que en realidad la OTAN se encuentra en crisis, ya que no es capaz de hacer frente a los retos globales y sufre las consecuencias de las contradicciones entre Europa y EE UU.

La ampliación de la OTAN hacia el este ha quedado estancada, ya que en el espacio postsoviético - en los casos de Georgia y Ucrania- se topó con los intereses de Rusia. “Aquí comenzó un conflicto de tal nivel que no resulta nada conveniente a los países de la OTAN” afirma Lukiánov. “En este contexto, la Alianza sigue con su inercia y acepta un nuevo país para demostrar su éxito, aunque en realidad no le aporta gran cosa”.

Contra el entendimiento entre Rusia y Serbia

Desde el principio, las autoridades rusas mostraron su escaso entusiasmo hacia la perspectiva de la entrada de Montenegro en la OTAN. A principios de 2016, la representante de Exteriores María Zajárova calificó de humillación para Montenegro el hecho de que se arrastrase a ese país a entrar en la OTAN. El representante permanente de Rusia ante la OTAN, Alexander Grushko manifestó que  la adhesión de Montenegro puede suponer “un nuevo error de la Alianza, que coloca líneas divisorias en Europa”.

Los analistas suponen que los temores de un aumento de la influencia rusa han hecho acelerar el proceso de inclusión de Montenegro en la OTAN. “La idea de luchar contra la influencia rusa en los Balcanes supone una línea de actuación que existe por sí sola, independientemente de las dimensiones reales de la influencia rusa”, dice Georgi Engelgardt.

El experto admite que hay un clima de “amenaza rusa” creado en gran medida por el supuesto intento de golpe de Estado en Montenegro de finales de octubre.  Según las declaraciones del Fiscal General Milivoje Katnićy el golpe estuvo supuestamente dirigido por los servicios secretos rusos, aunque no se presentaron pruebas al respecto y Rusia niega su injerencia en los asuntos internos del país.

Timoféi Bordachov señala que la entrada de Montenegro en la OTAN cierra a Serbia la salida al mar y deja sin opciones a Rusia en el caso de que fuera necesario reforzar la colaboración militar con este país. “Realizar grandes envíos de material desde Rusia a Serbia solo era posible por mar, a través de Montenegro”, explicó Bordachov a RBTH. “Tras la entrada de Montenegro en la Alianza, toda la infraestructura conjunta ruso-serbia dependerá de los países de la OTAN”.

Posible reacción rusa

Montenegro entra en la OTAN esgrimiendo una postura abiertamente antirrusa, lo que supone un menoscabo a la autoridad del país eslavo en la región, según Georgi Engelgardt. En opinión del analista, aparte de la retórica condenatoria habitual en estos casos, Moscú congelará cualquier proyecto de colaboración bilateral con Podgorica. “Los próximos años no serán el mejor período para este tipo de colaboración”, afirma Engelgardt.

Fiódor Lukiánov, por su parte, considera que la reacción por parte de Rusia será más bien de tipo no oficial. “Montenegro es un lugar en el que invierten dinero muchos ciudadanos rusos”, recuerda el experto. “Es posible imaginar una recomendación no oficial para las empresas, especialmente las relacionadas con las estructuras estatales, sobre la inadecuación de Montenegro como lugar de inversión”.

Sin embargo, en opinión de Lukiánov, no habrá cambios radicales en las relaciones entre ambos países: tras el escándalo mediático en torno al supuesto intento de golpe de Estado, estas relaciones ya se encuentran en un nivel bastante bajo.

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