100 años de Andréi Sájarov: inventor de la bomba de hidrógeno y defensor de los derechos humanos

Historia
VALERIA PAIKOVA
Durante la época soviética, Andréi Sájarov demostró ser una doble amenaza: un físico nuclear con una mente brillante y un corazón de oro. Esta combinación única resultó ser tan peligrosa como un cóctel Molotov. Sájarov se labró su reputación como padre de la bomba de hidrógeno soviética y como uno de los disidentes más destacados y con más principios del mundo. Recordamos a esta figura clave del siglo XX en el centenario de su nacimiento.

Andréi Sájarov (1921-1989) se convirtió en una persona muy conocida en la URSS, sobre todo por haber sido el que creó la bomba nuclear que alejó la amenaza que suponía EE UU. 

El camino de Sájarov hacia la vida pública fue tan complicado y espinoso como las leyes de la física.

Andréi siguió los pasos de su padre cuando se convirtió en físico. Con una rara combinación de inteligencia e intuición, Sájarov se graduó en el departamento de física de la Universidad Estatal de Moscú y fue aceptado en la Academia de Ciencias a los 32 años, convirtiéndose en el miembro más joven. A diferencia de la mayoría de sus compañeros, este joven científico poco ortodoxo se negó a afiliarse al Partido Comunista, a pesar de que, en aquellos tiempos, era necesario ser miembro del Partido para construir una carrera de éxito.

En 1948, Sájarov entró a formar parte del equipo que desarrollaba la bomba de hidrógeno, dirigido por el destacado físico soviético Igor Tamm. Este sería el trabajo de Sájarov y la misión a cumplir durante las dos décadas siguientes.

Brillante físico teórico, Sájarov demostró ser un inventor excepcional. Causó sensación cuando propuso un diseño innovador de una bomba de hidrógeno que llegaría a conocerse como la Sloika (“Tarta de capas”). El esquema característico de Sájarov incluía capas de deuterio y uranio colocadas entre el núcleo fisible de una bomba atómica. En 1950, el científico soviético empezó a trabajar en el Instituto de Investigación Científica de Física Experimental, también conocido como la instalación nuclear secreta Arzamás-16.

El grupo se esforzó al máximo y su duro trabajo dio sus frutos con la prueba exitosa de la primera bomba de hidrógeno soviética Sloika el 12 de agosto de 1953. Por sus extraordinarios logros, Sájarov recibió tres veces el máximo galardón civil: Héroe del Trabajo Socialista".

Sájarov tenía muchos objetivos y nunca dejó de trabajar. El grupo de investigadores, dirigido por él, continuó su trabajo de desarrollo para mejorar la bomba de hidrógeno. Paralelamente, junto con Igor Tamm, propuso la idea del confinamiento magnético del plasma y realizó un análisis de ingeniería de las instalaciones para la fusión termonuclear controlada. En 1961 propuso utilizar la compresión láser para una reacción termonuclear controlada. Sus ideas revolucionarias sentaron las bases para la investigación a gran escala de la energía termonuclear.

Preocupación por los derechos humanos

Profundizando cada vez más en su investigación, Sájarov comenzó a cuestionar la ética del desarrollo de armas de destrucción masiva.

“Personalmente, estoy convencido de que la humanidad necesita la energía nuclear. Debe progresar, pero solamente con absolutas garantías de seguridad”, creía.

A finales de la década de 1950, Sájarov se involucró en la defensa de los derechos humanos. En 1958 se publicaron dos artículos suyos en los que advertía de los efectos nocivos de la radiactividad de las explosiones nucleares sobre la herencia y, en consecuencia, sobre la esperanza de vida media.

Ese mismo año, Sájarov trató de abogar por una prórroga de la moratoria de las pruebas nucleares declarada por la Unión Soviética.

En 1961, Sájarov pidió a Nikita Jrushchov que detuviera las pruebas de armas nucleares. El líder soviético le respondió que los científicos debían conocer su lugar y mantenerse al margen de la política. En 1963, la Unión Soviética y EE UU acordaron los límites en el innovador Tratado de Prohibición Limitada de Pruebas Nucleares.

En 1966, como crítico acérrimo del culto a la personalidad de Stalin, Sájarov firmó una carta dirigida al 23º Congreso del Partido Comunista contra la rehabilitación del despiadado dictador. 

En 1968, Sájarov escribió un ensayo titulado Reflexiones sobre el progreso, la coexistencia pacífica y la libertad intelectual. El texto circuló en forma de samizdat antes de ser publicado tras el Telón de Acero, en The New York Times. Condenando la carrera armamentística nuclear, Sájarov pedía la reducción de las armas nucleares e instaba a la cooperación entre la Unión Soviética y EE UU, abogando por la colaboración de ambas partes para combatir la amenaza mundial del hambre, la superpoblación y la contaminación ambiental. Poco después, el profético ensayo de Sájarov fue traducido a 17 idiomas, con más de 18 millones de ejemplares en circulación en todo el mundo. Las innovadoras ideas de Sájarov ganaban cada vez más adeptos.

La publicación del texto le costó el puesto. Fue apartado de sus responsabilidades en el centro de investigación científica Arzamás-16. En 1969, regresó al Instituto de Física Lébedev de Moscú para trabajar como investigador científico senior.

Sájarov era una persona con visión de futuro y acabó renunciando a sus intentos de cambiar las mentes fosilizadas de los líderes soviéticos y empezó a apelar a aquellos que, en su opinión, estaban dispuestos a escuchar. Los mensajes de Sájarov eran honestos, claros y directos y se dirigían a la gente corriente.

En 1970, Sájarov cofundó el Comité de Derechos Humanos de Moscú. El científico se pronunció por la abolición de la pena de muerte, por el derecho a emigrar y contra el tratamiento obligatorio de los disidentes en los hospitales psiquiátricos.

En 1971, se dirigió al gobierno soviético con un memorando sobre cuestiones urgentes de política interior y exterior (Sájarov presentó propuestas para la liberalización del país) y, en 1974, publicó en el extranjero un artículo titulado El mundo dentro de medio siglo, en el que reflexionaba sobre las perspectivas del progreso científico y tecnológico y exponía su visión de la estructura del mundo.

En 1975, Andréi Sájarov escribió un libro sobre los peligros del totalitarismo, el estancamiento económico y la represión de las minorías étnicas, titulado Mi país y el mundo. Ese mismo año se le concedió el Premio Nobel de la Paz por su “intrépido compromiso personal en la defensa de los principios fundamentales para la paz”.

Según el Comité Nobel, el físico nuclear soviético “luchó sin concesiones y con una fuerza incansable contra el abuso de poder y todas las formas de violación de la dignidad humana”.

Las autoridades soviéticas prohibieron a Sájarov viajar a Oslo a recoger el premio, por lo que su esposa y compañera de por vida, Elena Bonner, tuvo que recogerlo en su nombre.

“Ahora y siempre, tengo la intención de aferrarme a mi creencia en la fuerza oculta del espíritu humano”, prometió Sájarov en 1975.

Exilio y lucha por la libertad

La extraordinaria audacia del esfuerzo humano de Sájarov no conocía límites.

En diciembre de 1979, Sájarov criticó la decisión de enviar tropas soviéticas a Afganistán. Expresó públicamente sus críticas en una entrevista con el The New York Times. Poco después, fue privado de todos los premios estatales y expulsado de Moscú.

Andréi Sájarov pasó siete largos años de exilio interno en la ciudad de Gorki (actual Nizhni Nóvgorod), con agentes del KGB vigilándolo las 24 horas del día.

Cuando Gorbachov llegó al poder, Sájarov se había convertido en un símbolo de la opresión soviética.

El 19 de diciembre de 1986, a pesar de la feroz oposición de sus compañeros del Politburó, Gorbachov llamó personalmente a Sájarov y le comunicó que lo liberaba del exilio y que podía continuar su “trabajo patriótico” en Moscú.

Las cosas empezaron a cambiar finalmente. El regreso de Sájarov marcó un cambio de actitud hacia los disidentes en la Unión Soviética. Para sorpresa de muchos, Sájarov fue elegido miembro del recién creado Congreso de los Diputados del Pueblo.

A pesar de su deteriorado estado de salud, las cosas que el franco científico podía decir desde el podio no las podía decir ningún otro activista político. Decenas de millones de personas en la URSS escucharon con asombro y respeto a Sájarov, que nunca levantó la voz mientras compartía sus temores y preocupaciones.

“No soy un político profesional y quizá por eso siempre me atormentan las cuestiones de conveniencia y el resultado final de mis acciones. Me inclino a pensar que solo los criterios morales combinados con una imparcialidad de pensamiento pueden servir como una especie de brújula en estos complejos y contradictorios problemas”, afirmó en una ocasión.

Su brújula moral vibraba como un diapasón y nunca le falló. Uno de sus principales llamamientos fue la abolición del artículo 6 de la Constitución soviética sobre el monopolio del Partido Comunista en el ámbito político nacional. No ocurrió hasta una década después, en 1990, cuando se declaró finalmente la igualdad de todos los partidos políticos. Lamentablemente, Andréi Sájarov no vivió para verlo, como tantas otras cosas.

El físico nuclear convertido en activista de los derechos humanos falleció de un ataque al corazón el 14 de diciembre de 1989, a los 68 años. Decenas de miles de ciudadanos soviéticos acudieron a despedir a uno de los más grandes del siglo XX. Su funeral se convirtió en una especie de manifestación de lo que él siempre había defendido: la libertad y la dignidad humanas.

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