Cinco armas que ayudaron a la victoria en la Segunda Guerra Mundial: de granadas de mano a aviones

Dominio público

Los constructores soviéticos fueron capaces de superar a los alemanes en factores tan importantes como el volumen y el coste de fabricación, la facilidad de reparación o la sencillez. En un plazo muy corto de tiempo consiguieron desarrollar armas competitivas que se podían poner en manos de un chico recién salido del colegio, o producir y arreglar en medio del campo. A pesar de su aspecto sencillo y burdo, fue precisamente este tipo de armamento el que se convirtió en la verdadera arma de la victoria.

El tanque T-34 una fortaleza producida en masa

Constructor: M. I. Koshkin 
Producción al final de la guerra: más de 35.000 unidades

Quizás el símbolo más conocido de la victoria sea el legendario 34, el tanque más producido del mundo. Fue en el T-34 donde se usó por primera vez la soldadura automatizada de las placas de blindaje. Hoy en día se comparan a menudo los dos tanques más famosos: el T-34 soviético y el Pz.VI Tiger alemán. Pero no es justo comparar estos dos tanques ya que eran aparatos que pertenecían a categorías de peso distintas y que cumplían funciones diferentes en el campo de batalla. El 34 estaba diseñado sobre todo para apoyar los ataques de la infantería. El armamento del Tiger estaba pensado en primer lugar para atacar a acorazados.

Las latas explosivas, granada de mano RG-42

Constructor: S. G. Kórshunov

La peculiaridad de la RG-42 era que el cuerpo de la granada tenía el aspecto de una lata de conservas común aunque con un tamaño algo distinto. En lugar de leche condensada dentro había un cuerpo rompedor de grueso acero plegado con un percutor y una carga de explosivo. La RG-42 podía producirse en cualquier fábrica de conservas. A pesar de ello, la calidad de las granadas no era en nada inferior a la de sus análogos más baratos.

Artillería patria: cañón de división ZIS-3

Constructor: V. G. Grabin Producción al final de la guerra: más de 103.000 unidades

El arma de artillería de mayor producción en masa durante los años de la guerra fue el cañón ZIS-3. Se fabricó mediante el método de ensamblaje que podía utilizar incluso fuerza de trabajo poco cualificada en caso de que no hubiera materiales de alta calidad. Esto permitía abastecer de forma rápida al ejército y reemplazar las pérdidas de material.

Los cañones graninski podían disparar cualquier tipo de proyectil soviético del calibre 76,2, lo que hacía notablemente más fácil el abastecimiento de las baterías de artillería. Las características bélicas del ZIS-3 eran algo más bajas que sus análogos extranjeros pero sin embargo este cañón soviético no tenía rivales en cuanto a su comodidad y fiabilidad.

Una metralleta de bandidos: subfusil PPSh

Constructor: G. S. Shpaguin Producción al final de la guerra: casi 6 millones de unidades

Durante la Segunda Guerra Mundial se utilizaron los subfusiles, un arma automática en la que se utilizan cartuchos de rifle, de forma masiva. Inicialmente la Unión Soviética estaba en contra de utilizar subfusiles: Stalin consideraba que era un ‘arma de bandidos’, indigna del Ejército Rojo.

Sin embargo al comienzo de guerra comenzó a utilizarse la PPSh. Casi todos los detalles del subfusil de Georgui Shpaguin, el PPSh se hacían con troquelado en frío, uno de los métodos de producción más baratos para trabajar el metal. Durante la guerra se produjeron casi seis millones de estos subfusiles, mientras que de las metralletas alemanas MP-40 tan solo 934.000.

La PPSh aparece en infinidad de monumentos dedicados a al Ejército Rojo. 

El tanque volador, el avión de asalto Il-2

Constructor: S. V. Iliushin  Producción al final de la guerra: más de 36.000 unidades

El Il-2 es un aparato especializado en el ataque a baja altura de objetivos en tierra. La principal característica constructiva era la utilización de un cuerpo acorazado que protegía al piloto y a los puntos vitales más importantes del avión. El blindaje del Il-2 no solo resguardaba de proyectiles de pequeño calibre y de las balas, sino que servía de refuerzo para el fuselaje gracias a lo cual le permitía conseguir una economía de peso notable.

Hasta 1944 en la fabricación de los Il-2 se utilizaba ampliamente la madera, por culpa del déficit en duraluminio. Hay quien piensa que el éxito en la batalla de Kursk se logró en gran parte gracias a las acciones de los aviones de asalto: los alemanes empezaron a dejar de reunir sus tropas y la coordinación de los trabajos con unidades dispersas se hizo mucho más complicada. Los alemanes bautizaron al Il-2 como Schwarzer Tod o “la muerte negra”.

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