Cuando Rusia ayudó a Irán a crear una unidad cosaca

Dominio público

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El sah de Persia estaba tan fascinado por el espíritu marcial de los cosacos que pidió al zar ruso que creara una tropa similar en su propio país. Para los rusos, era una oportunidad incalculable de ganarse apoyo en Irán.

Toda Europa temía a estos feroces caballeros barbudos, armados con picas y sables. Conocidos también por su temperamento salvaje y su magnífica destreza en la lucha, los cosacos serán por siempre parte fundamental de la mística rusa.

La caballería irregular cosaca era una fuente de envidia y admiración para muchos países que soñaban con tener tales unidades en sus propios ejércitos. Uno de ellos incluso se dirigió a Rusia en busca de ayuda para establecer su propia formación militar cosaca. Se trataba de Irán, que hasta 1935 todavía se conocía oficialmente como Persia.

La influencia rusa en Irán

El gobernante persa Nasser al-Din Sahh Qajar vio por primera vez a los guerreros cosacos durante una visita a Erivan (Ereván) en 1878. Le impresionaron las habilidades de lucha y la estricta organización de los llamados cosacos del Térek, que vivían en la región del Cáucaso

Ardiendo en deseos de disponer de algo similar en su propio país, el sah solicitó oficialmente la ayuda de Rusia para crear un destacamento de caballería. El emperador Alejandro II dio inmediatamente su consentimiento.

Durante muchos años, Rusia había estado practicando el boxeo en la sombra con los británicos en el conocido como Gran Juego,  una versión de la Guerra Fría, pero en el siglo XIX. El trofeo deseado era conseguir la mayor influencia en Asia, y Persia era una pieza crucial en aquel extenso rompecabezas. El sah ofrecía a Rusia una oportunidad inestimable para consolidar su posición en su país, y aquella oportunidad no podía desperdiciarse.

El teniente coronel Alexéi Domontóvich fue por ello enviado a Irán, junto con otros tres oficiales y cinco suboficiales del ejército cosaco del Térek.

La brigada cosaca persa

Formada por tropas persas en 1880, “la Brigada de Su Majestad el Sah” contó inicialmente con sólo 200 soldados. Los cosacos persas estaban vestidos con el uniforme de las unidades de cosacos del Térek y Kubán, pero con las debidas insignias locales.

La brigada estaba encabezada por un oficial del Estado Mayor ruso, el asesor más cercano del sah, que estaba subordinado sólo al propio gobernante y al primer ministro del país. Se le concedió el prestigioso título de sardar, considerado un rango superior al de general. El sah le obsequió con la cinta de la Orden Imperial del León y el Sol y el Timal (un retrato del sah adornado con diamantes para ser usado en el pecho). El gobernante persa nunca interfirió en los asuntos internos de la brigada, confiando únicamente en la opinión de su comandante.

Con el tiempo, la brigada amplió sus filas y se hizo más compleja estructuralmente, complementándose con un batallón de infantería y una batería de artillería. Los cosacos persas, que ya eran una auténtica fuerza de combate, tenían la tarea de proteger al sah y a los oficiales superiores. Se encargaban de la seguridad de los ministerios, las misiones diplomáticas y los bancos, y ayudaban a recaudar impuestos y a suprimir disturbios. 

De todas formas, la brigada tuvo una historia accidentada y llena de altibajos. Los sahs pasaban del desinterés total (hasta el punto de desmantelar la brigada) a la lluvia de privilegios de todo tipo, y vuelta a empezar. A lo largo de estas vicisitudes, Rusia continuó financiando parcialmente la unidad.

A principios del siglo XX, era la unidad más preparada para el combate del ejército iraní y se le daba prioridad en cuanto a la recepción de equipamientos. “Cuando entré en la brigada en 1914, me encontré buenos edificios con todo lo necesario, una buena casa para el comandante de la brigada y apartamentos decentes para los instructores rusos, bien amueblados y con todas las comodidades”, recordaría el capitán subalterno Leonid Visotski, que fue enviado a Irán como instructor de caballería.

Incluso se creó un cuerpo de cadetes en el seno de la brigada, en el que el aprendizaje se impartía principalmente en ruso, con un puñado de asignaturas (en particular, literatura persa) en farsi. Al final del entrenamiento, los cadetes, criados en el espíritu ruso y hablando bien el ruso, eran alistados como oficiales. 

Según el periodista e historiador militar del servicio de inteligencia Mijaíl Boltúnov, el despliegue de una brigada cosaca en Persia bajo el mando de oficiales rusos fue una de las operaciones especiales más exitosas de la inteligencia militar del país eslavo en la segunda mitad del siglo XIX (Mijaíl Boltúnov. Inteligencia encubierta. Una historia de los servicios secretos. Moscú, 2015).

Como líder de la brigada (1894-1903), Vladímir Kosogovski fue capaz de proporcionar grandes cantidades de inteligencia estratégica, militar y económica al Estado Mayor ruso. Ocupando un alto cargo, conoció bien los entresijos de la política iraní.

Kosogovski describió meticulosamente la mejor ruta por la que el ejército ruso podría avanzar a través de Irán hasta la India, la joya de la corona del Imperio Británico, describiendo los lugares más adecuados para cruzar ríos, las mejores zonas para el abastecimiento de tropas, etc. 

En sus despachos a San Petersburgo, incluso informó sobre las técnicas para el cultivo de gusanos de seda y la producción de este tejido, así como la tecnología para la construcción de un sistema de abastecimiento de agua y de alcantarillado en la capital iraní.

Un final vergonzoso

A principios del siglo XX y posteriormente, la brigada de cosacos persas participó en muchos acontecimientos importantes de la historia de Irán, sin dejar de ser fiel al régimen gobernante. Durante la Revolución Constitucional persa de 1908, fue únicamente gracias a esta brigada que Mohammad Ali Sahh pudo mantener el poder (y su vida), y salir victorioso del conflicto con el Majlis.

En 1916, se desplegó una división militar en la base de la brigada, pero para entonces los días de los cosacos ya estaban contados. La revolución de 1917 cortó todos sus lazos con Rusia. 

Durante un tiempo, la división se utilizó para evitar que los soviéticos penetraran en el norte de Irán. Sin embargo, en 1921, sus 120 oficiales rusos fueron despedidos, y la propia división fue disuelta. No obstante, los cosacos persas entrenados por especialistas rusos seguían siendo considerados como la élite militar de Irán, y pronto formarían la columna vertebral del recién creado ejército del país.

Pincha aquí para leer sobre dos armas de la época de la URSS que siguen siendo utilizadas por Irán.

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