No necesitamos una nueva ‘guerra fría’

La 'ley Magnitski', el escudo antimisiles, las disputas acerca de los visados con la Unión Europea han hecho que se vea a Rusia como un actor internacional difícil de tratar, no obstante no parece que la línea exterior del país vaya a cambiar y es muy probable que se tienda a seguir la misma línea de fricción en el futuro.


Dibujado por Niyaz Karim

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En 2012 Rusia no ha declarado a Occidente ninguna ‘guerra fría’ ni piensa hacerlo en el futuro. Supongo que todo aquél que esperaba que esto sucediera sentirá cierta desilusión.

Por el contrario, en la nueva concepción que se está aplicando en política exterior rusa se habla de confianza y cooperación con una base práctica, ideas que Moscú planea adoptar en sus relaciones con sus socios europeos. Sin embargo, los acontecimientos de este año que termina levantan en Rusia temores de que una ‘guerra fría’ no declarada haya comenzado de todos modos.

Una ley que ha sembrado la discordia

La reciente 'ley Magnitski' aprobada en el Congreso de los EE UU, que introduce sanciones contra funcionarios rusos que, en opinión de los legisladores americanos, estuvieron implicados en la muerte del abogado de la fundación Hermitage Capital Management, Alexéi Magnitski, es solo la punta del iceberg.

Esta ley ha sido la nota final de una serie de medidas políticas hostiles tomadas por Occidente contra Moscú. La aparición de la 'Lista Magnitski', que ya ha provocado un intercambio de agitadas declaraciones por ambas partes, venía precedida por una multitud de conflictos en política exterior que difícilmente pueden pasar inadvertidos.

En los dos temas más importantes para Rusia (el despliegue del sistema europeo de defensa antimisiles y la anulación de los visados para los rusos que viajan a Europa) el Kremlin ha sufrido en 2012 una aplastante derrota.

Esto ha cobrado importancia en un contexto de buenas relaciones entre Rusia y Asia. El éxito de la cumbre de la APEC de Vladivostok en 2012 y el comienzo de los procesos de integración en el espacio postsoviético (la creación de la Unión Aduanera y el proyecto de la Unión Euroasiática) han supuesto un triunfo indudable para la diplomacia rusa, entre otros.

Las numerosas iniciativas económicas destinadas a convertir Rusia en un estado de tránsito entre Asia y Europa, los proyectos de petróleo y gas enfocados al Este, han recibido el apoyo de los socios asiáticos de Moscú.

Aspectos positivos y negativos de la relación con Europa

En Europa se ha desarrollado una situación muy distinta. Por un lado, en 2012 comenzaron algunos proyectos económicos a largo plazo que unen a Rusia y al viejo continente.

Se trata de la construcción del gasoducto Nord Stream, que pasa por las profundidades del mar Báltico, así como del comienzo de la instalación del gasoducto South Stream por las profundidades del mar Negro. Estos dos conductos unen el norte y el sur de Europa con yacimientos rusos. Pero en el plano político el diálogo entre Moscú y Europa se ha vuelto más tenso, y parece que las perspectivas de mejora durante el próximo año son mínimas.

A los problemas que ya existen, como la observación (poco objetiva, en opinión del Kremlin) de las elecciones en el espacio postsoviético por parte de las organizaciones internacionales europeas y el deterioro de la cuestión sobre la entrada sin visados en la Unión Europea para ciudadanos rusos, se han añadido otros nuevos.

Derechos humanos: la otra cara de la moneda

Durante este año, Moscú ha criticado enérgicamente a algunos países de la UE algunas violaciones de los derechos humanos. Principalmente, la represión de manifestantes que exigían mejores condiciones de vida. Para dispersar las manifestaciones, la policía no solo en Europa sino también en Estados Unidos ha empleado métodos excesivos y decenas de personas han sido detenidas.

Otra infracción de los derechos humanos de la que Moscú se ha hecho eco está ligada a los derechos de los niños a los que trabajadores de los servicios sociales han separado de sus familias de forma no siempre justificada. El último caso con repercusión en los medios tuvo lugar en diciembre en Finlandia, donde los trabajadores sociales privaron a una madre rusa de la custodia de sus cuatro hijos, uno de los cuales era recién nacido, sin una sentencia judicial y basándose sólo en acusaciones anónimas.

A todo eso se deben añadir los numerosos casos de muertes de niños rusos adoptados por familias americanas cuyos asesinos, en opinión de Moscú, no siempre han recibido un castigo justo. No obstante, la crítica de Rusia a Occidente sobre cuestiones de derechos humanos ha provocado la irritación de muchos políticos que no están acostumbrados a semejantes reproches provenientes de terceros países.

Discordancias en el ámbito del valor familiar

Otra tendencia de 2012 ha sido la oposición entre Moscú y Occidente en la cuestión de los valores familiares. En Europa y Estados Unidos las relaciones familiares homosexuales se han ido legalizando mediante regulaciones estatales o se han incluido en sus legislaciones. Los conceptos “madre” y “padre” han sido sustituidos en los documentos oficiales por otros que no marcan el género (en los países escandinavos ya se han sustituido por “progenitor uno” y “progenitor dos”).

Pero Rusia se ha mantenido categóricamente en contra de esta postura. La Asamblea Legislativa de San Petersburgo aprobó la ley “Sobre la prohibición de la propaganda homosexual”. Este documento fue causa de que Milán rechazara sus relaciones de hermandad con la capital del norte rusa. No obstante, las autoridades rusas están convencidas de que en esta cuestión la opinión pública está claramente de su lado, y la legalización de los matrimonios homosexuales atenta contra los valores tradicionales cristianos y de la familia.

La ley aprobada en San Petersburgo sobre la prohibición de la propaganda homosexual ha sido calificada de violación de los derechos humanos por parte de activistas europeos.

Estos vinculan directamente la problemática de los matrimonios homosexuales con la anulación del régimen de visados para la entrada en la UE de ciudadanos rusos, ya que, como se sabe, en los documentos políticos de la Unión Europea se indica que el régimen sin visados se ofrece únicamente a los países que respetan los derechos humanos.

Por su parte, Moscú no ha cedido, lo cual ha contribuido a empeorar el diálogo ruso-europeo en el plano ideológico.

Continuidad en la dirección de la política internacional

La nueva concepción de la política exterior de Rusia no prevé cambios revolucionarios en estos temas. Seguirá siendo tradicional y bastante conservadora. Rusia seguirá defendiendo su modo de entender los principios del derecho internacional y la supremacía de las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU en los asuntos internacionales, seguirá reaccionando a los acontecimientos en los ‘puntos calientes’, y reconstruirá el diálogo con los países que sufren cambios de régimen en el marco de la ‘primavera árabe’.

Me arriesgo a pronosticar una tensión aun mayor en las relaciones de Rusia con sus socios en Europa y EE UU. ¿Qué me lleva a hacer semejante conclusión?

En primer lugar, el conflicto sin resolver de Siria, sobre el que no han sido capaces de tomar una decisión conjunta. Este conflicto atrae a su órbita a todos los nuevos estados, y ha pasado de ser un problema local a convertirse en un conflicto geopolítico.

En segundo lugar, los encuentros en instituciones clave de diálogo como el Consejo Rusia-OTAN o el Consejo Rusia-UE, que en el pasado se celebraban como mínimo dos veces al año, han perdido su eficacia.

En estos foros de decisión dejan amablemente hablar a Rusia, pero en realidad no la escuchan. Se toman decisiones sin tener en cuenta los intereses rusos. Esta era la tendencia del año pasado, y no hay ninguna razón para creer que esto cambiará en el futuro.

Rusia está dispuesta a dialogar con Occidente, hecho que se refleja en esta Concepción de política exterior, pero no cambiará sus opiniones ya formadas en política interior ni exterior.  Al Kremlin le preocupa especialmente el escaso interés que sus socios europeos y americanos muestran por sus preocupaciones en cuestiones de seguridad nacional.

En este contexto, un futuro deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente sería inevitable. Directa o indirectamente todas las formas de cooperación se extinguirán o quedarán estancadas.

No obstante, todavía no se puede hablar del comienzo de una ‘guerra fría’ entre Rusia y Occidente. Por ahora ambas partes poseen un amplio margen de seguridad en forma de iniciativas en el ámbito de la lucha contra el terrorismo, las actividades antidrogas y los proyectos económicos.

Este margen, llegado el momento, no permitirá a Rusia ni a Occidente cruzar una línea tras la cual la vuelta a las buenas relaciones acabe siendo un proceso largo y complicado.

Durante el año que termina, la sociedad en Rusia ha tenido más en cuenta las perspectivas del país en Asia que en la UE. El rechazo manifiesto de Occidente en algunos foros internacionales a considerar las prioridades de Moscú, así como los pasos dados como respuesta a esto por Rusia, han creado una atmósfera de desconfianza mutua.

Esta desconfianza se ha extendido a todos los aspectos de la cooperación: desde las cuestiones militares hasta las humanitarias. Como se suele decir, más vale la peor de las paces que la mejor de las disputas. Y aunque ninguna de estas salidas favorece a los intereses de Rusia ni a los de Occidente, me arriesgo a predecir que no cabe esperar a lo largo del año que viene nada más que la peor de las paces.

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