El poderoso lado oscuro de la fuerza en dos miembros de la dinastía Romanov

Durante el siglo XVIII, conocido como el Siglo de las Luces, un nuevo poder se alzó en Europa: Rusia. El país fue impulsado primero por Pedro I, luego por Catalina II, pero la creciente influencia de Rusia no resultó inocente y muchos fueron sometidos a tratos crueles a medida que la monarquía aumentaba su poder.

Pedro el Grande: ejecuciones sangrientas en nombre de la europeización

Pedro el Grande era un gobernante apasionado, por decir algo. Por esto, aplicó a sus enemigos el mismo fervor que lo impulsó a modernizar el país, y la forma brutal en la que suprimió el levantamiento de los Streltsí en 1698 sorprendió a sus contemporáneos.

Los Streltsí (tiradores) eran tropas de la élite que se han comparado a la guardia pretoriana de la Roma antigua. Este cuerpo estaba formado por 50.000 hombres a finales del siglo XVII y Pedro el Grande no los veía favorablemente, ya que apoyaban a sus enemigos políticos, que se oponían a su política de modernización forzada de la nación.

Ejecución de los Streltsí, obra de Vasili Súrikov.

El recuerdo del papel de los Streltsí en los acontecimientos de otra revuelta, en 1682, eran demasiado frescos para el zar. Cuando tenía sólo diez años, el regimiento tomó parte en un sangriento golpe de Estado, que destituyó a Pedro y a su madre del poder durante varios años a favor de su hermana Sofía. El joven monarca presenció a los soldados furiosos destrozar literalmente a sus parientes en el Kremlin.

Tal vez esto explicó en parte la crueldad con la que castigó a los que pensaba estaban conectados con el nuevo levantamiento 16 años después. Alrededor de 4.000 personas fueron detenidas y gravemente torturadas. Al menos 1.000 resultaron muertas, la mayoría de ellas decapitada en la Plaza Roja.

Algunos testigos afirmaron que Pedro dio ejemplo a sus nobles cortando las cabezas de varios sospechosos él mismo. Los soldados que no fueron decapitados recibieron la muerte mediante ahorcamiento, siendo colgados justo al lado de las ventanas del monasterio donde Sofía estaba recluida después de ser obligada a tomar votos monásticos. Los cadáveres colgaron de la horca durante meses, en un acto deliberado para enojar a su hermana, de la que Pedro sospechaba de estar involucrada en la revuelta.

"La represión del levantamiento de Streltsí en 1698 es considerada el último acto de la historia del Rus de Moscú antes de su transformación en el Imperio Ruso [bajo Pedro el Grande]", escribió el historiador Lev Gumiliov.

Pedro I interrogando a su hijo Alexéi, obra de Nikolái Ge.

Sofía no sería el único pariente de Pedro presa de un temperamento infame. El zar ejecutó a su propio hijo Alexéi, por supuesta traición, 20 años después del segundo motín Streltsí. Estaba convencido de que formaba parte de una conspiración que involucraba a potencias extranjeras y a los descontentos con las reformas del zar. Durante la investigación, se cree que Pedro clavó agujas bajo las uñas de su hijo, que finalmente admitió la culpa.

Catalina la Grande: dos zares muertos

Catalina II subió al trono durante la época que más tarde fue bautizada como la Era de los Golpes de Palacio. Al igual que su predecesora, se hizo con el poder con la ayuda de sus guardias de élite. Destituyó a su marido, el emperador Pedro III, en 1762, que muy oportunamente, moría unos días más tarde.

Catalina II con su marido Pedro III, obra de Georg Christoph Grooth (c. 1745).

No se sabe con certeza si Catalina fue cómplice en su asesinato, pero hubo fuertes rumores al respecto. Según la versión oficial, Pedro III murió de un cólico hemorroidal, pero algunos historiadores sostienen que fue asesinado por los partidarios de su esposa. Muchos de sus contemporáneos también dudaron de la versión oficial. La sucesión de acontecimientos no hizo mucho por la imagen de Catalina como monarca progresista que intercambió cartas con Voltaire y Diderot y se consideró (correctamente) como parte de la Ilustración europea.

Los historiadores tienden a simpatizar con la emperatriz y el golpe que encabezó. Su mandato marcó el comienzo de una edad de oro para el Imperio Ruso. Pedro el Grande, sin embargo, sigue siendo visto como un sujeto que fue manipulado por el rey prusiano Federico el Grande. El famoso historiador ruso Serguéi Soloviov llamó a Pedro III “zar extranjero" y "un enemigo jurado" del país. Vasili Kliuchevski, otro importante historiador ruso del período imperial, escribió que el gobierno ilegal de Catalina II sirvió mejor al interés nacional ruso que el gabinete de Pedro.

Durante el reinado de la emperatriz, otro monarca ruso perdió la vida: el zar Iván VI. Él "gobernó" poco más de doce meses, cuando contaba sólo con dos años de edad. En 1741, la predecesora de Catalina, Isabel I, derrocó a Iván y la regente, su madre. Primero fueron exiliados y luego Iván fue encarcelado.

Retrato del Iván VI.

El pequeño ex-zar pasó toda su vida tras las rejas y apenas se comunicó con nadie. Según los informes, se volvió loco y murió en 1764 durante un intento fallido de liberarlo. Se ordenó a los guardias de la prisión que no le dejaran salir vivo de su celda. 

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