4 cosas que debes hacer en Taganrog, la ciudad de Pedro el Grande y Antón Chéjov

Ígor Kochánov
Aquí encontrarás el mar menos profundo del mundo, fantásticos  peces locales y chicas increíblemente hermosas.

Decidido a hacer de Rusia una potencia naval, en 1698, Pedro el Grande, uno de los zares más famosos de Rusia, fundó la ciudad de Taganrog (1.100 km al sur de Moscú). Esto ocurrió cinco (!) años antes de que comenzara a construir San Petersburgo. Los lugareños hablan de este hecho con orgullo, agregando que fue aquí, en el lugar de un antiguo asentamiento griego, donde el zar había tuvo la idea de construir la capital marítima. Incluso el plan urbano original de Taganrog se asemeja al de San Petersburgo. Aprenderá sobre esto en el único museo de planificación urbana del país, que se encuentra en una suntuosa mansión art nouveau construida por el legendario arquitecto Fiódor Shéjtel. Desde el siglo XIX, el magnífico monumento del fundador de la ciudad, una copia del cual se puede ver en Arjánguelsk en un billete de 500 rublos, se encuentra en una plataforma de observación en las afueras de la ciudad, desde donde se puede disfrutar de una hermosa vista del mar y el puerto.

Pero Taganrog también tiene algo de qué jactarse de la historia de los siglos posteriores, así como en época más reciente. Russia Beyond compiló una pequeña guía de lo que deberías hacer en esta pequeña y pintoresca ciudad del sur de Rusia.

Da un paseo por las áreas que marcaron la vida de Antón Chéjov y sus personajes

Antón Chéjov, autor de las célebres obras de teatro La Gaviota, Tres Hermanas Tío Vania, es otra personaje famoso con el que Taganrog es relacionado en todo el mundo. El escritor ruso, que en términos de fama internacional es el segundo después de Lev Tolstói, nació aquí en 1860. En esta ciudad Chéjov estudió en el instituto local, se inspiró para sus historias satíricas y más tarde regresaría muy a menudo. Toda la parte histórica de la ciudad prácticamente "respira" Chéjov.

Museo de Antón Chéjov en Taganrog.

La pequeña casa blanca con techo verde donde vivía con sus padres, el centro de estudios que todavía guarda el escritorio de Antosha (como sus padres lo llamaban) y el puesto de comida de sus parientes (un verdadero tesoro de objetos domésticos del siglo XIX), donde se juntaba con sus hermanos después de la escuela, se han transformado en museos. Los guías de estos también lo llevarán a una excursión por los lugares donde vivieron los protagonistas de historias como Iónich, El Jardín de los Cerezos y otros.

El viejo teatro dramático en la calle principal de la ciudad, Petróvskaia, que representó las obras del autor durante su vida, y la biblioteca cercana (otra de las obras maestras de Shéjtel), de las cuales Chéjov era fiduciario, también están relacionadas con el escritor.

El teatro dramático de Taganrog lleva el nombre de Antón Chéjov.

Descubre todo sobre las mansiones provinciales del siglo XIX

La construcción urbana del centro de la ciudad, que incluye edificios que se han conservado hasta nuestros días, comenzó en el siglo XIX. Hoy estas construcciones nos muestran los gustos eclécticos de los terratenientes rusos, que encargaron a los arquitectos construir casas adosadas al estilo del palladianismo, el barroco, el estilo imperio y el art nouveau. Además del museo de planificación urbana antes mencionado, que perteneció al empresario Sharónov, la joya de la arquitectura del siglo XIX es sin duda el Palacio Alferaki, un edificio neobarroco construido por el arquitecto de la ciudad Nikolái Alferaki. Columnas corintias en la fachada, un salón de baile con molduras doradas y frescos, escaleras de mármol: todo representa la vida de la nobleza de provincias. Actualmente, el edificio alberga el Museo de Historia Local, que tiene una extensa colección de artes y oficios de los siglos XVII-XIX.

Palacio Alferaki en Taganrog.

Otra obra maestra ecléctica es la mansión de Jandrín, que alberga el Museo de Arte de Taganrog. El edificio neoclásico, con elementos renacentistas y barrocos, tiene dentro un jardín desde el que se puede ver la fachada interior, que fue construida al estilo ruso. El museo contiene una pequeña pero importante colección de pinturas rusas con obras de Iliá Repin, Iván Aivazovski, Konstantí Korovin y Valentín Serov.

 Museo de Arte de Taganrog.

Compra pescado en el mercado local

Escucharás hablar acerca de las particularidades gastronómicas de la región en el Museo de Historia Local. Pero para tener una idea de la vida pesquera de la ciudad (los pescadores locales todavía practican su oficio de forma independiente) lo mejor es ir al Mercado Central. Además de comprar frutas y verduras frescas, que hoy se llaman productos ecológicos y que se traen de los pueblos de los alrededores, asegúrate de no perderte los puestos de pescado. Claro, no encontrarás una cornucopia mediterránea de mariscos, pero definitivamente deberías probar los gobios. Cualquier persona puede preparar esta delicia similar a la anchoa: simplemente destripa el pescado, enróllalo en harina y fríelo en aceite de girasol. Los pescadores también secan y salan las percas, la cuca y el besugo, lo que los convierte en una comida muy buscada más allá de la ciudad.

Definitivamente deberías probar los gobios en Taganrog.

Date un baño en el mar menos profundo del mundo

Si vienes a Taganrog en el verano o incluso en el otoño, algo que debes hacer es nadar en el mar de Azov, el más superficial del planeta. Su profundidad es de 13.5 metros, como máximo, y en la bahía de Taganrog es de cinco.

Playa de Taganrog.

La ciudad está básicamente rodeada de agua y tiene algunas playas muy bonitas. La playa principal es Sólnechni Pliazh, a la que se puede llegar tomando la antigua escalera de piedra. Sobre el precipicio cercano se eleva la Casa Tchaikovski, hogar del famoso hermano del compositor, donde el propio Piotr Tchaikovski a menudo se quedaba.

Casa Tchaikovski en Taganrog.

Pero si la temporada de baño ha terminado, sigue siendo agradable dar un paseo por el paseo marítimo y tomar un bocado en el Café Al'batros, que ofrece un espectacular panorama del mar.

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