Loco y con talento: el científico ruso que se cortaba los dedos para hacer experimentos

Museo del Hermitage
La vida del ingeniero eléctrico Vasili Petrov no fue la podrías esperar de un gran científico. Dejó dos carreras sin acabar en la universidad y fue ignorado por la comunidad científica. Sus sangrientos experimentos con electricidad asustaron a sus compañeros.

El profesor no sale de su laboratorio durante largas horas. Tampoco habla con sus compañeros. A veces lo ven salir de la oscuridad, del laboratorio lleno de máquinas, con sangre en los dedos. “Está loco, obsesionado. ¿Por qué hace esto?”, susurran sus compañeros en los pasillos. Días después las heridas están cubiertas por una costra y cuando se curan, se vuelve a quitar la piel.

“Solamente es un experimento con electricidad, nada peligroso”, pensó el profesor. Su laboratorio era tan famoso en el país que la gente tenía más curiosidad por ir allí que por conocer al propio Petrov. Nadie en la Academia decía nada bueno sobre él. Los comentarios eran del tipo: “Otro de los experimentos públicos de Vasili Petrov que termina con polémica”.

“Espero que algún día físicos iluminados e imparciales estén de acuerdo en atribuir a mis trabajos la justicia que se merecen estos últimos experimentos”, escribió Petrov en sus memorias.

Esta fue la dramática historia que se reveló en el Departamento de Física de la Academia Médica de San Petersburgo y que tuvo lugar a principios del siglo XIX. El profesor que se cortaba los dedos fue recordado un siglo después. Resultó que tenía razón.

Presunto retrato de Vasili Petrov. Autor desconocido. Finales del siglo XVIII

Sacrificó sus dedos

Nacido en 1761, en la familia de un predicador, Vasili Petrov estudió en casa bajo la estricta supervisión de la escuela de la iglesia. Comenzó el Collegium (la escuela superior de ciencias) pero no acabó los estudios. Después entró en el Seminario de Profesores pero lo abandonó porque decidió que ya estaba listo para impartir clase.

Aunque nadie se quejaría de su educación. Durante cinco años enseñó con éxito física y matemáticas en una escuela de Altái y a finales de siglo se mudó a la capital, San Petersburgo. Posteriormente pasó 41 años haciendo brillantes descubrimientos científicos en el Departamento de Física de la Academia, pero no fueron reconocidos durante su vida y, tras su muerte, se olvidaron.

Sin embargo era respetado por su laboratorio. El equipamiento hecho a medida se llevaba en trineo desde todas las esquinas del país y él lo compartía generosamente con sus compañeros. Realizaba los experimentos de manera obsesiva, sin salir del laboratorio.

A principios del siglo XIX no había todavía instrumentos para medir la electricidad y algo tenía que sacrificarse en nombre de la ciencia. Así que Petrov sacrificó sus dedos. Para sentir los impulsos eléctricos de la corriente durante sus estudios acerca de los fenómenos eléctricos Petrov usó sus dedos: cortaba la capa superior de la piel de sus yemas. En 1802 fue el primero en descubrir el arco voltaico, gracias a lo cual es posible fundir metales en altos hornos y en la electometalurgia. Al final el científico obtuvo un reconocimiento a nivel nacional.

Un paria de la academia

Este descubrimiento, como otros, no hizo que consiguiera reconocimiento alguno. Entre los académicos Petrov tenía fama de ser casi un enemigo, porque le encantaba criticar el desorden abiertamente. El presidente de la Academia, el reaccionario conde Uvárov, le dejó tenerlo en ocasiones. Así que sus compañeros ignoraron sus importantes descubrimientos.

Es más, años después fue el inglés sir Humphry Davy el que fue considerado como el “descubridor” del arco voltaico. Presentó su fenómeno en la Sociedad Real de Londres y su descubrimiento provocó un gran impresión, al contrario que lo que le ocurrió a Petrov.

Según algunas fuentes, después de su dimisión en 1833 recibió la cuantiosa pensión de 5.000 rublos anuales (equivalente a 43.400 dólares en la actualidad). Lo más probable es que no sea cierto porque, tras la muerte del científico, a su hija le quitaron la pensión “por los méritos de su padre”. No se ha conservado ningún retrato de Petrov, su tumba en uno de los cementerios de San Petersburgo se perdió y su obra y legado se recuperó solamente a principios del siglo XX.

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