“Solo dos sirios han recibido el estatus de refugiado en Rusia”

Svetlana Gánnushkina es una activista y defensora de los derechos humanos.

Svetlana Gánnushkina es una activista y defensora de los derechos humanos.

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Entrevista a la defensora de los derechos humanos, Svetlana Gánnushkina, sobre la situación de los refugiados en Rusia.


La Asamblea General de la ONU acoge el 19 de septiembre la primera Cumbre sobre Refugiados y Migrantes. Se espera que tras el encuentro se firme una declaración para mejorar la situación de  las más de 65 millones de personas desplazadas en todo el mundo.


La apertura correrá a cargo del secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, y tras él tomarán la palabra, entre otros, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi, y el director general de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), William Lacy Swing, así como el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Raad al Hussein.

Intervendrán los jefes de Estado y de Gobierno de países como Grecia, Italia o Líbano.

La mayoría de los refugiados que hay en Rusia proceden de Ucrania. Según datos de un informe de la ONU, entre 2014 y 2015 alrededor de 750.000 personas llegaron a Rusia procedentes del país vecino. Por su parte, comparado con otros países, hay pocos refugiados procedentes de Siria y de países africanos. El Comité de Asistencia Civil es una de las pocas organizaciones civiles que trata esta cuestión. RBTH ha hablado con su directora.

La situación del Comité de Asistencia Civil cambió para pero en abril de 2015, cuando la incluyeron en un listado de ONG calificadas como 'agentes extranjeros' bajo la polémica ley de Organizaciones no comerciales aprobada por la Duma en 2012.

Según esta norma, las ONG que estén implicadas en 'actividades políticas' y reciban 'fondos y otros servicios de estados extranjeros, de organizaciones internacionales o extranjeras, individuos extranjeros o personas sin nacionalidad' deberán incluirse en un listado que les califica como 'agentes extranjeros'. RBTH ha hablado con la directora del Comité de Asistencia Civil.

— ¿Ha cambiado la actitud contra el Comité de Asistencia Civil desde que os calificarán como 'agentes extranjeros'?

— Desafortunadamente, ha cambiado. Las autoridades de Moscú nos han retirado los permisos que nos permitían tener un centro de adaptación para niños refugiados. Los representantes del Servicio Federal de Migración han rechazado participar en nuestro seminario por primera vez desde 1996, y ya habíamos realizado 41.

Además, una asociación de un empresario occidental llamada United Way, que había sido un colaborador desde hacía muchos años, se negó a cooperar con nosotros. Preparamos un proyecto conjunto para ayudar a niños refugiados. De repente, dos días antes de tomar la decisión final, cuando supieron que éramos un 'agente extranjero', retiraron la financiación.

— ¿Has visto un cambio en la actitud de la gente de la calle?

— Sí, algunos creen que somos una 'espía extranjero' que es lo que sugiere la denominación 'agente extranjero'. La gente tiene miedo de tratar con un 'agente extranjero'. Es especialmente desagradable cuando ocurre con compañeros, como ya ha pasado.

Aunque a la gente que ayudamos le da igual cómo nos llame el Ministerio de Justicia. Necesitan nuestra ayuda. Además, la parte más formada de la sociedad se ha hecho más receptiva a estas cuestiones y empezamos a recibir más donaciones privadas procedentes de individuos. Son pequeñas aportaciones, pero son muy importantes, ya que muestran que la gente en Rusia está lista para asumir determinadas responsabilidades respecto a los refugiados.

— El procedimiento para conseguir asilo en Rusia es muy complejo. ¿Por qué sigue viniendo gente cuando sabe que será casi imposible conseguir asilo en el país?

— Hay pocas personas que busquen asilo en Rusia. Lo hacen todavía porque Rusia entrega visados. Evidentemente también hay personas que llegan de manera irregular, sobre todo entre los que están de tránsito por el país.

Los traficantes los traen aquí y después los abandonan, pero no hay muchos en este situación.

La gran mayoría llega con visados emitidos por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Se crea una situación muy extraña. Los servicios consulares entregan los visados pero el Servicio Federal de Migración rechaza el asilo. Una tiene la impresión de que no hay una política clara respecto a la cuestión de los migrantes y los refugiados.

— ¿Por qué no se da asilo?

— Simplemente no se da. Al final en este país las cuestiones importantes se deciden por una orden desde arriba. Hasta donde yo sé, la instrucción era dar asilo a la gente procedente de Ucrania, aunque es obvio que los ucranianos estaban en una posición que no era peor que la de los sirios, pero no ha habido una orden para dar estatus de refugiados a los sirios.

De modo que solo dos sirios han recibido el estatus de refugiado en Rusia, con más de 1.000 sirios y otros tantos afganos que han recibido asilo temporal.

Entre los ucranianos, no todas las personas que lo solicitaron recibieron el estatus de refugiado. Se dio prioridad a la gente del Berkut [las unidades especiales de la policía que apoyaron al presidente Yanukóvich durante los sucesos de febrero de 2014] y a los de la oficina del fiscal: 275 de ellos han recibido el estatus de refugiado, mientras que más de 311.000 personas han recibido asilo temporal.

— El año pasado publicó un libro en Alemania titulado También somos Rusia. ¿Cómo surgió la idea?

— La autora alemana Alexandra Cavelius suele publicar libros basados en conversaciones con alguien famoso. Durante dos años trató de persuadirme para hacer uno. No sé por qué me eligió. En un momento dado me di por vencida.

— ¿Cuándo aceptó finalmente la oferta?

— Hay, básicamente, dos razones. Quería contar la historia de mi familia. Es importante para mis hijos y nietos, y no solo ellos, creo.

Pero la razón principal es que tras varias conferencias en el extranjero me di cuenta de que mucha gente no tiene ni idea de lo que está en Rusia. Hay pueblos en Chechenia que siguen destruidos y la gente sigue sin tener casa, hay un aumento de la xenofobia y el nacionalismo, el sistema judicial se está desintegrando, todas estas cuestiones quedan fuera de su atención.

En esa época Gabriele Krone-Schmalz publicó en Alemania el libro Para entender Rusia, en el que argumentaba que para entender el país había que entender a Putin, pero eso no es así. Rusia es un país diverso y es necesario que haya diferentes posiciones.

Mi visión es la de una persona que durante muchos años ha tratado con los problemas de la gente más vulnerable de nuestra sociedad. Es más, a menudo escucho a ciudadanos rusos que me cuentan sus problemas y a veces son historias realmente terribles. En el libro trato de mostrar esos problemas y las historias humanas que hay detrás.


Svetlana Gánnushkina es una activista y defensora de los derechos humanos. Es la directora del Comité de Asistencia Civil y miembro de la ONG Memorial, dedicada a recordar a las víctimas de la represión soviética. Entre 2002 y 2012 fue miembro del consejo presidencial de derechos humanos. El 2010 fue nominada al Premio Nobel de la Paz. En 2009 obtuvo el Premio Sájarov como parte de Memorial. Es matemática de formación y ha dado clases en la Universidad Estatal de Moscú.

 

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