Moscovitas recuerdan bajo el frío a los fusilados por Stalin

El acto en recuerdo de las víctimas de la represión estalinista.

El acto en recuerdo de las víctimas de la represión estalinista.

Vitali Beloúsov / RIA Novosti
La ONG Memorial organiza cada año un emotivo acto en recuerdo de las víctimas de la represión estalinista.

Nombre, apellido, edad, profesión, fecha del fusilamiento. Y de nuevo, nombre, apellido… En el centro de Moscú la gente recita en voz alta esta información desde un micrófono durante 12 horas.

El acto “Recuperar los nombres” se celebra cada 29 de octubre desde hace diez años. Los participantes leen los nombres de las personas fusiladas en secreto durante las represiones estalinistas (finales de 1920 – principios de 1950). Es un intento por  conservar el recuerdo sobre los miles de ingenieros, médicos, profesores y obreros soviéticos a los que un día se los llevaron de sus casas y de los que a día de hoy todavía no se ha sabido nada.

“El Estado totalitario no solo asesinaba a la gente, se esforzaba por borrar sus nombres de la historia, destruir todo recuerdo sobre ellos. La recuperación de sus nombres, la recuperación del recuerdo de los calumniados y los asesinados es una forma de repudia de la dictadura, es un paso hacia la libertad”, comentan los organizadores del acto, la sociedad internacional Memorial.

En la lista figuran más de 40.000 nombres, y durante todos estos años se ha conseguido leer en voz alta la mitad de ellos. Cada día, en vísperas del Día en Memoria de las Víctimas de las Represiones Políticas, la gente se reúne junto a la piedra Solovetski  (el principal monumento del país a estas víctimas), en la plaza Lubiánskaya, ante el símbolo más importante de este tipo de represiones, el edificio del KGB, donde actualmente se encuentra el cuartel general del FSB.

“La cola más significativa del planeta”


Este año el acto ha reunido a más gente que el anterior. Los participantes esperaban su turno varias horas en silencio para después leer durante unos minutos los nombres que les pasaban los organizadores, el año que viene volverán y continuarán la lectura.

En Moscú a finales de octubre la temperatura ya es de casi cero grados, pero los participantes acudían igualmente, más abrigados, y a la cola ante el micrófono la han bautizado como “la cola más significativa del planeta”.

“En la cola de #recuperarlosnombres una mujer embarazada comentaba por teléfono que, o bien llegaba hasta la piedra, o daría a luz allí mismo. Los nombres y las fechas de los fusilamiento parecen más horribles todavía cuando los pronuncia la voz de un niño”, escribe una participante del acto, Marina Dedales.

Sobre la actualidad del Gulag

 Memorial afirma que la cantidad de presos políticos se ha duplicado en 2016. Hay unas  100 personas, una cifra incomparable con la de la época estalinista.

Según comenta Ekaterina Mámontova, participante del acto, es precisamente debido a esta presión reforzada, debido a la recuperación de los monumentos al tirano [Iósif Stalin], a la justificación de sus crímenes en base a su “eficacia económica”, que cada vez más gente acude a la piedra Solovetski.

“¿Y qué si hay que pasar mucho tiempo de pie? Hasta el año pasado no entendí realmente la necesidad de venir aquí precisamente ahora. Y es que esto no es solo un acto de recuerdo y de luto, esta es una expresión de la protesta ciudadana contra la rehabilitación de Stalin”, comenta la joven.

A fin de cuentas, todos los asistentes opinan que sin el arrepentimiento público masivo por los crímenes del régimen soviético no hay ningún futuro para Rusia. Y para algunos, una línea de las listas de Memorial puede ser lo único que les queda de sus bisabuelos: “El 29 de octubre de 2014 acudí por primera vez al acto Recuperar los nombres. Por el camino leí por encima las listas de Memorial y de pronto encontré el nombre de mi bisabuelo Nikolái… Y no sé cómo hacer que deje de ser una simple línea en una lista para convertirse en una persona”, comenta Ígor Kononko, que acudió al mismo acto celebrado en Londres.

Perm-36 : Fantasma del GULAG

Serguéi Kovalev pasó 10 años de su vida en campos de prisioneros políticos, por haber participado en la difusión de periódicos clandestinos. La mayor parte de su condena la cumplió en el campo conocido como Perm-36, uno de los pocos que quedó en pie tras el derrumbe de la URSS. Hoy este campo es un museo que recuerda el horror de la represión política

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