Lubianka: la plaza de la violencia y la libertad

Plaza Lubianka. Entre 1926 y 1990 se llamó plaza  Dzerzhinski. En el centro se encontraba la estatua de Félix Dzerzhinski (esculpida por E Vuchetich). En segundo plano el edificio de la KGB. Fuente: Vladímir Fedorenko / Ria Novosti

Plaza Lubianka. Entre 1926 y 1990 se llamó plaza  Dzerzhinski. En el centro se encontraba la estatua de Félix Dzerzhinski (esculpida por E Vuchetich). En segundo plano el edificio de la KGB. Fuente: Vladímir Fedorenko / Ria Novosti

La palabra 'Lubianka' se convirtió en un sustantivo tan habitual como 'gulag'. En esta plaza, en el corazón de Moscú, han estado la Cheka, la OGPU, el NKVD, la KGB y el FSB. Ejecuciones, violaciones, torturas... Las siglas han ido cambiando, pero inevitablemente está ligada a la historia de la represión en Rusia, una leyenda negra que comenzó hace más de dos siglos.

En el siglo XVIII, el terrateniente Saltykov, uno de los asesinos en serie más brutales de la historia, se instaló en Lubianka. Muy cerca se encontraba la Cancillería Secreta. Pero si en ella había personas torturadas 'por necesidad del Estado', en casa de Saltykov (Saltychikhi, como se le conocía popularmente) los siervos eran torturados para su propio placer. 

Daria Saltykova, descendiente del aristócrata, era una mujer devota, pero de un sadismo explícito. Durante un tiempo parecía bastante cuerda, pero todo cambió cuando murió su marido. Saltykova comenzó a atizar regularmente a sus siervos con palos. Después ordenaba azotarlos, a veces hasta la muerte. Poco a poco le cogió el gusto y comenzó a hacer torturas más sofisticadas. Podía quemar el pelo de sus víctimas en vida o arrancárselo de raíz. A veces, escaldarlas con agua hirviendo. 

Las investigaciones oficiales hablan de 75 personas, la mayoría mujeres y niñas, torturadas por Saltychikha. Pero es posible que hubiera más.

 

Ilustración de Kurdumov en el que se muestran las torutras de Saltychika, para la edición titulada "Una gran reforma"

Al final, los campesinos comenzaron a presentar denuncias ante la policía y el gobernador de Moscú. Pero ella tenía contactos en la corte: contaba con amistades influyentes, familiares dispuestos a ayudarla a evitar multas y a aceptar sobornos para hacer su trabajo. Pocos lograron, unos años después, transmitir sus quejas directamente a la emperatriz Catalina II. 

La emperatriz se mostró muy enojada y dispuso un juicio. Aunque sólo se lograron demostrar 38 muertes,  fueron suficientes para emitir un veredicto. La terrateniente fue privada de su título nobiliario y encarcelada de por vida en un monasterio, en una estrecha habitación de un sótano sin luz. Pero lo más interesante es que fue declarada 'hombre', ya que la emperatriz la consideró indigna de los atributos femeninos.

 

Fotografía de uno de los patios interiores de Lubianka. Fuente: Getty Images / Fotobank

Durante once años permaneció en la habitación del sótano y luego fue trasladada a una de las alas. Los curiosos se apiñaban alrededor de la ventanilla e insultaban y escupían a Salytchikha. Vivió encarcelada 33 años. 

El museo del miedo

Después de la Revolución bolchevique, el edificio central de la plaza albergó la policía secreta soviética (la Comisión Extraordinaria de Toda Rusia, o Cheka). Era una zona muy concurrida en la que convergían algunas calles peatonales de Moscú.

En el centro había una gran fuente. Los cocheros dejaban los caballos junto a ella para que descansasen y bebieran, y ellos entraban en alguna de las muchas tabernas también a beber (té o algo más fuerte). Si un moscovita tenía que ir a alguna parte, ya fuera dentro de la ciudad, o en otra provincia, iba en busca de un taxi a Lubianka. 

El edificio que albergaba la Cheka, había pertenecido anteriormente a la compañía de seguros Rossiya. La sociedad administraba los pisos del edificio y los comercios de la plaza. Posteriormente, los bolcheviques abolieron todas las empresas privadas y nacionalizaron el edificio para que entrase la Cheka.

A partir de 1920, el edificio disponía de calabozos en su interior. Por ellos pasaron el terrorista Borís Savinkov, el gran poeta Osip Mandelstam, el Premio Nobel de Literatura Alexander Solzhenitsin y muchos otros. En ellos también hubo numerosas ejecuciones. 

El sistema de disuasión se trabajó a la perfección: los prisioneros entraban en un montacargas, sin poder apenas caminar bajo el ruido ensordecedor de los motores, o bien caminando a través de muchos corredores oscuros con oberturas y puertas. Tres días de interrogatorios continuos y la persona perdía el sentido de la orientación.

Actualmente varias zonas de la antigua prisión se han habilitado como museo. Durante algún tiempo el acceso estuvo abierto a todos los interesados, pero desde hace años solo es posible acceder con un permiso especial. 

El Félix de hierro

Cerca de este edificio, en Lubianka, se erigía la recepción de la KGB. Aquí venían los familiares de los detenidos para ser interrogados por las autoridades (y transferir productos sospechosos y cartas). Allí también también iban a presentar sus denuncias los voluntarios, y a veces la KGB incluso llegó a poner una lista de espera. 

 

Fuente: ITAR-TASS

En 1958, en el centro de la plaza Lubianka, donde antes había una fuente, se erigió un monumento a Félix Dzerzhinski, fundador de la Cheka.

Durante muchos años fue símbolo de un sistema represivo, hasta el colapso del poder soviético en 1991. El primer alcalde tras la caída de la URRS, Gavriil Popov, ordenó desmantelar el monumento de 11 toneladas. 

La tarde del 22 de agosto, una grúa de obra fue recibida entre aplausos del público, y retiró el aparentemente eterno Félix de Hierro de su pedestal. Existen muchas leyendas acerca del monumento: incluso se llegó a decir que era de oro macizo. 

Tras el desmantelamiento fue enviado a un almacén, y hoy se encuentra en el parque de las artes Muzeon. De vez en cuando, en los medios de comunicación rusos se habla de su regreso al emplazamiento original. 

En octubre de 1990, la organización de derechos humanos Memorial colocó un monumento en recuerdo de las víctimas de la represión política, una piedra traída desde el gulag de Solovki.

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