Putin y Erdogan no se ponen de acuerdo sobre los tomates

Vladímir Putin y su homólogo turco Tayiip Erdogan.

Vladímir Putin y su homólogo turco Tayiip Erdogan.

Reuters
Rusia y Turquía dan pasos para el acercamiento comercial, aunque se mantiene el embargo a los tomates del país otomano. ¿Por qué se da esta situación?

Durante el encuentro que mantuvieron Vladímir Putin y su homólogo turco Tayiip Erdogan en Sochi el pasado 3 de mayo dialogaron sobre el levantamiento de casi todas las limitaciones al comercio bilateral, informa la agencia TASS.

“Nos pusimos de acuerdo sobre las complejas soluciones de todos estos problemas relacionados con las limitaciones comerciales”, declaró Putin. Anteriormente, a mediados de marzo Turquía se negó a que Rusia introdujese en su territorio semillas de maíz y de girasol sin impuestos.

El ministro de Agricultura, Alexander Tkachev declaró que esa decisión del poder turco había sido “un golpe bajo”.

Por su parte, Rusia había impuesto un embargo a los productos alimentarios turcos tras el derribo en noviembre de 2015 de un caza ruso Su-24 que participaba en la operación antiterrorista en Siria.

Prohibidos los tomates

La prohibición del envío a Rusia de tomates turcos sigue vigente, declaró Putin tras el encuentro con Erdogan. Explicó que se debe a los intereses de los agricultores rusos. “Nuestros agricultores han tomado grandes cantidades de préstamos y créditos. Se trata de un ciclo de producción más largo, relacionado con nuestras condiciones climáticas y con la construcción de las plantas de invernadero", dijo Putin.

El embargo a los tomates podría prolongarse durante tres a cinco años más, explicó el vice primer ministro Arkadi Dvorkóvich. “En cualquier caso, las restricciones continúan y nuestros productores pueden estar tranquilos. Sin embargo, se pueden crear otras soluciones flexibles que no nos perjudiquen”.

Antes de la introducción de restricciones Turquía era el mayor proveedor de tomates a Rusia. De acuerdo con los datos de finales de 2015 del Servicio Federal de Aduanas, el país otomano suministraba casi el 53% de los tomates en términos monetarios y el 54% en volumen.

En un informe redactado de forma conjunta por los expertos del Instituto Gaidar y la Academia Presidencial Rusa de Economía Nacional y Administración Pública se señala que el precio de coste de los tomates cultivados en Rusia es notablemente más alto que los importados, algo que afecta negativamente a los consumidores rusos. “En primer lugar, los precios en la tienda es tres veces mayor del precio al que se importan los tomates a Rusia. En segundo lugar, el precio del cultivo en invernadero supera considerablemente el precio de la importación de tomates calculado por todos los importadores”, indica el informe. Además de eso, la importación de tomates cultivados en suelo protegido de Turquía es más barata que desde otros países.

El precio de coste de los tomates turcos es más bajo porque el clima es más cálido y los costes de los productores son menores, explica el vicepresidente de la Unión de Productores de Grano de Rusia, Alexander Korbut. Sin embargo, una pausa de cinco años en la exportación turca de tomates podría mejorar las posiciones de los tomates rusos de invernadero. “Durante el tiempo que duren las restricciones, los productores rusos podrán volverse más competitivos y reducir el precio de coste de su producción, sobre todo gracias al aumento de los volúmenes”, añade el experto.

Según Yákov Liubovedski, director de proyectos de la Unión de Agricultura Orgánica, el problema no está en el precio de coste, sino en la logística de las cadenas de supermercados, que no acaba de funcionar bien con los pequeños proveedores internos. “Cultivar verduras en nuestro país es más barato [que en Turquía]. Pero el sistema de documentación está pensado para la importación: para las cadenas de supermercados es más sencillo traer en trenes verduras de importación que reunir pequeñas partidas de los productores nacionales”, comenta el experto.

Además, el costoso cultivo de tomates en Turquía está compensado por potentes subvenciones estatales que por ahora los agricultores nacionales no reciben, según Liubovedski.

La calidad de la producción rusa no tiene nada que envidiar a la importada, aseguran los expertos. “La calidad de los tomates en Rusia y Turquía es la misma. La selección y la calidad de los invernaderos son idénticas”, comenta Korbut.

“En lo que a las características nutritivas se refiere, nuestros tomates son mejores: son más aromáticos y sabrosos. La clave de ello es el uso del suelo abierto y no de una selección intensiva”, asegura Liubovedski. Sin embargo, a las cadenas de supermercados los tomates rusos no les salen rentables, ya que debido a su calidad se conservan durante menos tiempo y son menos resistentes al transporte, añade el experto.