Bolivia espera convertirse en proveedora de alimentos saludables a Rusia

AP
Hace una semana los agricultores bolivianos, durante su visita a Moscú, expresaron interés en intensificar el comercio bilateral con Rusia. El Gerente de Estudios y Proyectos del Instituto Boliviano del Comercio Exterior, Juan Pablo Saucedo V., responde a las preguntas de RBTH sobre las perspectivas de cooperación entre ambos países.

Desde hace un par de años se está hablando del interés de los productores de alimentos bolivianos en salir al mercado ruso. ¿Por qué atrae Rusia?

Desde finales de los 90 el mercado ruso ha ido evolucionando convirtiéndose en atractivo para la exportación de alimentos, como los países de Europa Occidental. Rusia atrae por ser un país con un potencial de consumo importante -cuenta con una población que supera los 140 millones-, pero al mismo tiempo conocedora de las tendencias del mercado mundial de alimentos, como por ejemplo los alimentos orgánicos o de Comercio Justo.

En el 2016, las ventas bolivianas con destino a Rusia fueron de apenas 3,3 millones de dólares, destacando las exportaciones de óxidos de antimonio (65% del total), nueces del Brasil (23%), y limones (4%).

En su opinión, ¿qué productos bolivianos podrían interesar al consumidor ruso?

Bolivia cuenta con un importante potencial en el sector agroindustrial, sobre todo productos con alto valor nutricional, tales como la quinua, amaranto, cañahua, entre otros. Todos estos cereales andinos son una gran fuente de aminoácidos. Las nueces del Brasil o castañas, que dicho sea de paso, fueron el segundo producto más exportado por Bolivia a Rusia en el 2016 (por un valor de 760.000 dólares), también pueden ser de interés para el consumidor ruso gracias a sus excelentes propiedades como la presencia de selenio. Además, Bolivia es el mayor exportador mundial de este producto.

Por otro lado, la agricultura extensiva focalizada especialmente en el Departamento de Santa Cruz, a través de la producción de soja y sus derivados, así como otros cultivos de rotación (maíz, sorgo, girasol, principalmente), también cuenta con un potencial importante, más aun considerando que existe un compromiso para incrementar la producción agrícola en Bolivia para el año 2025, que se conmemora el Bicentenario de la Independencia  del país.

En cuanto a otros sectores con potencial, Bolivia cuenta con una mano de obra capacitada y muy hábil, para la producción y exportación de confecciones textiles, cueros y sus manufacturas, maderas y manufacturas, metalmecánica, entre otros. 

En líneas generales, los rusos desconocen la diversidad de productos que Bolivia les puede ofrecer gracias a su diversidad climática y la de ecosistemas del país. ¿Cómo se puede superar este desconocimiento? ¿Tienen previstos viajes a Rusia para participar en ferias alimentarias o reunirse con autoridades y potenciales compradores?

El desconocimiento se podía superar a través de una mayor asignación de recursos y mejora sustancial de las capacidades de las instituciones públicas encargadas en realizar la correcta promoción de la oferta exportable boliviana hacia el mundo, dando a conocer algunos productos que podrían competir en el marco de la tendencia de alimentos saludables, energéticos o con propiedades que puedan ser utilizadas en la industria de fármacos, cosméticos, entre otros. Asimismo, la participación efectiva en ferias comerciales importantes alrededor del mundo puede coadyuvar a dar a conocer la oferta del país.

¿Hubo algún tipo de acercamiento en los últimos años? ¿Se establecieron contactos a nivel gubernamental o empresarial?

La relación Bolivia-Rusia continúa siendo muy limitada en el ámbito del sector privado. Sin embargo, durante los últimos años, ha existido mayor acercamiento en el ámbito público debido a cierta afinidad política entre los gobiernos de ambas naciones. 

El volumen del comercio bilateral entre nuestros países hasta el momento ha sido bastante bajo, incluso comparando con el de los países vecinos de Latinoamérica: tan solo unos 20 millones de dólares en los últimos años. ¿Cree que los grandes proyectos de cooperación que se realizan entre nuestros países (con participación de Rosatom o Gazprom) y el acercamiento político podrían dar un nuevo impulso al desarrollo del comercio bilateral?

Sin lugar a dudas la inversión puede canalizar el incremento de la relación comercial así como la creación de empleos en Bolivia. Para ello, el Estado boliviano deberá proveer de las mejores condiciones para que la inversión de las empresas rusas rinda los frutos esperados. Para empezar, es necesario que Bolivia garantice la seguridad jurídica de las inversiones, condición clave que va más allá del acercamiento o afinidad política que pueda existir entre ambos gobiernos, pues genera confianza en el inversor.

Hablando de economías complementarias, ¿qué productos rusos tendrían potencial comercial en el mercado de Bolivia? Y, teniendo en cuenta las peculiaridades del mercado boliviano, ¿qué estrategias de promoción serían más eficientes?

En la gestión 2016, Bolivia importó desde Rusia un total de 265 posiciones arancelarias por un valor de casi 17 millones de dólares, lo cual significa realmente poco comparado a las importaciones que el país hace desde otras latitudes del mundo. En cuanto a los productos rusos con mayor demanda se ubican principalmente sulfatos de cobre, vehículos 4x4 (puntualmente de la marca Lada, que tiene muy buena acogida en el mercado local para este tipo de vehículos), urea, tractores y papel en bobinas.

La participación en las ferias comerciales y ruedas de negocio en Bolivia ha adquirido mayor notoriedad durante los últimos años, especialmente en la ciudad de Santa Cruz, donde se desarrollan no solo la Fexpocruz (en septiembre) una de las mayores ferias multisectoriales de Latinoamérica, sino también algunas ferias específicas para los sectores de vehículos automotores, diseño y construcción, manufacturas de madera, confecciones textiles, entre otros.

La entrevista fue realizada por correo electrónico.