Por qué los húngaros lucharon contra la URSS en la Segunda Guerra Mundial (Fotos)

Slobodsky (CC BY 3.0)
A diferencia de otros aliados del Tercer Reich, Hungría no tenía motivos para declarar la guerra a la Unión Soviética, pero los húngaros fueron los únicos de ellos que lucharon contra el Ejército Rojo junto a los nazis hasta el final.

“Qué rostros salvajes y toscos, y cuánta ferocidad salvaje y animal acechan en estos ojos. Esta es también una tarjeta de presentación de Rusia y el régimen estalinista. Ha llegado el momento de borrarlo de la faz de la tierra”, describió el soldado del ejército húngaro Zoltän Arokszälläsi a los prisioneros de guerra soviéticos al comienzo de la Operación Barbarroja. El 27 de junio de 1941, habiendo declarado la guerra a la Unión Soviética, Hungría se unió a la “Cruzada al Este” de Hitler.

Un cartel con la foto del regente Miklós Horthy.

Los húngaros no tenían razones de peso para unirse a la guerra. A diferencia de Finlandia y Rumania, Hungría no tenía fronteras comunes (y, por lo tanto, no existían disputas territoriales) con la Unión Soviética. Además, Budapest no podía esperar participar en una futura repartición de las tierras del gigante derrotado, pues Berlín no tenía tales planes.

Miklós Horthy y Adolf Hitler en 1938.

El principal motivo que impulsó a los húngaros a unirse a la campaña alemana en el este no fue el deseo de adquirir nuevo territorio, sino más bien de no perder el que ya tenían, a saber, Transilvania del Norte. Esta extensa región, con una población mixta de rumanos y húngaros, había formado parte del Imperio austrohúngaro hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Asignada a Rumania en 1918, fue entregada a Hungría por los alemanes en el marco del Segundo Arbitraje de Viena del 30 de agosto de 1940. Cuando los ejércitos rumanos invadieron la URSS junto con la Wehrmacht, los círculos dirigentes de Budapest quedaron seriamente preocupados porque, a menos que Hungría se les uniera, Hitler pudiera reconsiderar el destino de Transilvania del Norte en favor de los rumanos, que le habían dado su apoyo.

Oficiales húngaros formando una guardia de honor para el ejército alemán que cruzaba Budapest para invadir Yugoslavia, en abril de 1941.

El pretexto formal para el estallido de las hostilidades fue un bombardeo, el 26 de junio de 1941, de la ciudad eslovaca de Kozice, que entonces formaba parte de Hungría. A pesar de que no fue posible identificar la aeronave agresora, el gobierno húngaro anunció que el ataque aéreo había sido realizado por la fuerza aérea soviética. Hoy en día se considera que el ataque pudo haber sido realizado por los alemanes, que querían arrastrar así Hungría a la guerra de su lado, o incluso los rumanos, que también esperaban arrastrar al pañis magiar a la guerra pero por una razón diferente: sería más fácil recuperar Transilvania de una Hungría debilitada.

El ejército húngaro vigilando el Danubio, marzo de 1941.

Las primeras fuerzas húngaras enviadas al frente, el llamado “Grupo de los Cárpatos”, eran un cuerpo mecanizado, una brigada de montaña y una brigada de guardia de fronteras. Participaron en la lucha contra el Ejército Rojo en Ucrania. En la batalla de Umán, en julio-agosto de 1941, los húngaros ayudaron a los alemanes a aniquilar 20 divisiones soviéticas. En octubre, su cuerpo mecanizado lanzó una ofensiva de 950 kilómetros hasta Donetsk pero perdió en ella hasta el 80% de su equipo. En el verano de 1942, el 2º Ejército húngaro, el mejor entrenado y equipado, fue destinado a la región de Kursk y Vorónezh. Incapaz continuar su ofensiva y agotado por la lucha, en diciembre del mismo año pasó a la defensiva. “Luché contra los alemanes, húngaros y rumanos. Comparándolos como oponentes, los alemanes eran, por supuesto, los más fuertes. Y en segundo lugar pondría a los húngaros en términos de ferocidad y perseverancia”, recordó Alexánder Rogachov, un comandante de pelotón de cañones antitanque de 45 mm.

Más de 50 soldados húngaros están poniendo sus hombros a las ruedas en un esfuerzo por recuperar este tanque soviético inutilizado.

Los alemanes, que no tenían una opinión muy elevada de las cualidades combativas de los húngaros, los utilizaban frecuentemente en calidad de fuerzas de ocupación o de castigo, funciones que emprendían con gran afán. En el curso de sus operaciones antipartisanas, sólo en el período comprendido entre noviembre de 1941 y agosto de 1942, mataron hasta 30.000 personas, una gran proporción de ellas civiles desarmados. No es infrecuente que se comportaran de una manera más brutal que los soldados de las SS. “Una hoguera estaba brillantemente encendida allí. Dos magiares sostenían a un prisionero por los hombros y las piernas y le asaban lentamente el estómago y las piernas en el fuego”, recordó María Kaidánikova, residente de la ciudad de Ostrogozhsk en la región de Vorónezh. “Lo levantaron alternativamente sobre el fuego o lo bajaron hacia él, y cuando caía en silencio los magiares arrojaron su cuerpo boca abajo sobre el fuego. De repente el prisionero comenzó a moverse de nuevo. Entonces, uno de los magiares le clavó una bayoneta con toda la fuerza en la espalda”.

Soldados húngaros en los Cárpatos, 1944.

En enero de 1943, en el marco de la ofensiva Ostrogozhsk-Rososh, las tropas soviéticas realizaron una travesía del Don al sur de Vorónezh y atacaron al 2º Ejército húngaro 2º y al 8º italiano. Treinta mil soldados húngaros perecieron y 50.000 fueron hechos prisioneros, y una gran parte de sus tanques, vehículos y artillería se perdió. El “Desastre de Vorónezh”, como se conocen estas batallas en Hungría, fue la derrota más terrible de toda la historia del ejército húngaro.

Infantería soviética atacando en las cercanías de Budapest, diciembre de 1944.

Al enterarse en marzo de 1944 de que el líder húngaro, el regente Miklós Horthy, mantenía conversaciones secretas con los aliados occidentales sobre cómo Hungría podía retirarse de la guerra, Adolf Hitler lanzó la Operación Margarethe: en el curso de varios días, el país entero fue ocupado de forma incruenta por las tropas alemanas. Horthy se mantuvo en el poder, pero se vio obligado a abandonar las negociaciones. Sin embargo, el 15 de octubre, cuando ya se estaba luchando en territorio húngaro, el regente declaró un alto el fuego con la Unión Soviética. En respuesta, los alemanes depusieron a Horthy, y Ferenc Szálasi, líder del Partido de la Cruz Flechada (pro-alemán al estilo nazi), fue instalado en su lugar. Hungría cayó bajo el control total del Tercer Reich, perdiendo completamente toda apariencia de independencia política.

El líder nazi húngaro Ferenc Szalasi (en el centro) antes de la ejecución.

El 21 de diciembre de 1944, la Asamblea Nacional Provisional Húngara, establecida con la ayuda de la URSS, hizo un llamamiento a la nación para que se uniera a “la sagrada lucha contra los opresores alemanes por la liberación de nuestra patria”, pero sólo una pequeña parte del ejército húngaro se pasó al lado del Ejército Rojo y la mayoría de las fuerzas continuaron luchando junto a la Wehrmacht hasta el final de la guerra. Incluso después de la caída de Budapest el 13 de febrero de 1945, el 3er Ejército húngaro participó en la última gran operación ofensiva de las tropas alemanas de la Segunda Guerra Mundial cerca del Lago Balatón, con el nombre en clave de “Despertar de la Primavera”. Después del fracaso de la operación, el ejército fue dispersado y eliminado.

El ejército húngaro en Budapest, octubre de 1944.

La Segunda Guerra Mundial costó la vida a más de 300.000 soldados húngaros y 630.000 civiles (550.000 de los cuales fueron víctimas judías del Holocausto). Tras la derrota de los países del Eje, Hungría cayó en la esfera de influencia soviética durante casi medio siglo. Obligada a devolver a sus vecinos los territorios conquistados con la ayuda de los alemanes (incluida la Transilvania septentrional), el país volvió a sus fronteras de antes de la guerra, dentro de las cuales sigue viviendo hasta hoy.

Las tropas soviéticas en Budapest.

LEE MÁS: Cómo y por qué los rumanos lucharon contra los soviéticos en la Segunda Guerra Mundial (Fotos).

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