Cómo y por qué los rumanos lucharon contra los soviéticos en la Segunda Guerra Mundial (Fotos)

Evgueni Jaldei/МАММ/МDF/russiainphoto.ru
Después de prestar su apoyo a la anexión de una gran parte de los territorios rumanos, Adolf Hitler prometió crear la Gran Rumania con tierras soviéticas.

El 22 de junio de 1941, a las 03:15, Rumania entró en la Segunda Guerra Mundial participando en una invasión conjunta de la Unión Soviética con las fuerzas de la Alemania Nazi. Esa participación traería a los rumanos una serie de amargas derrotas e incluso mayores pérdidas, sentando las bases para cambiar el sistema político del país para siempre. Pero también resultaría en ganancias territoriales sustanciales.

Tropas alemanas y rumanas el 22 de junio de 1941.

En la década de los 30, Rumania desempeño un papel vital en la estrategia del Tercer Reich: compartía un enorme tramo de frontera con la Unión Soviética, que la Alemania nazi planeaba invadir; también tenía acceso al mar Negro y poseía yacimientos de petróleo que eran fundamentales para la economía alemana. Sin embargo, Alemania no tuvo suerte en persuadir a Rumania de que se uniera a una alianza militar con ella: Bucarest fue coherente en sus políticas antialemanas, tanto en su negativa a participar en la división de Checoslovaquia como en la adopción de una postura neutral y pro-francesa al comienzo de la guerra. 

Los rumanos, que en el periodo alrededor de 1910 ampliaron considerablemente las fronteras de su Estado a expensas de sus vecinos debilitados, estaban bastante contentos con el statu quo. Sin embargo, la URSS, Hungría y Bulgaria, que se habían fortalecido en la década de los 30, tenían demasiadas reivindicaciones territoriales sobre la “Gran Rumania” como para dejarlo todo como estaba. Los alemanes aprovecharon estas contradicciones, tratando de quebrar Bucarest y arrastrarla a su esfera de influencia.

Soldados de la octava brigada de caballería después de recibir la Cruz de Hierro. Crimea, 7 de enero de 1942.

Casi la mitad de los territorios pertenecientes a Rumania eran, efectivamente, bombas de relojería. A pesar de la activa “romanización” de 1913 del territorio búlgaro del sur de Dobruja tras la Segunda Guerra de los Balcanes, los búlgaros siguieron habitándolo. Una parte considerable de los húngaros (alrededor del 30%) siguió viviendo en Transilvania, anexionada al final de la Primera Guerra Mundial. Y Moscú no iba a dejar pasar por alto la pérdida de Besarabia: territorio que había formado parte de Rusia desde 1812 y del que los rumanos se apoderaron durante el caos de la Guerra Civil rusa en 1918.

Tanques Panther alemanes en Rumania.

Al final, tras recibir promesas de apoyo alemán, los vecinos de Rumania presentaron reclamaciones territoriales contra el país en 1940, que Rumania se vio obligada a aceptar. Según los acuerdos firmados entre Alemania y la Unión Soviética, Alemania no interferiría cuando, en junio de 1940, la Unión Soviética recuperara Besarabia. En agosto, en el marco del Segundo arbitraje de Viena, Berlín y Roma presionaron abiertamente a Bucarest, obligándola a entregar Transilvania del Norte (la parte meridional quedó bajo dominio rumano). Y con el apoyo de Alemania y la URSS, Bulgaria recuperó el sur de Dobruja en septiembre. 

Habiendo perdido el 38 por ciento de su territorio, la Gran Rumania ya no era tan “grande”. La pérdida de Transilvania resultó ser un golpe especialmente severo, pues el nuevo territorio húngaro estaba situado justo en el corazón del país. Los enfrentamientos entre rumanos y húngaros comenzaron, seguidos de un éxodo masivo de rumanos hacia su patria histórica.

Aprovechando el debilitado y paralizado Estado de Rumania, Alemania ofreció su cooperación en la futura división planificada de la Unión Soviética, que incluía no sólo la perspectiva de que el país latino recuperase Besarabia y Bucovina septentrional, sino incluso que se hiciese con los territorios de la Ucrania soviética, hasta el río Dniéper. Al decidir reconciliarse con Alemania, los rumanos también esperaban volver a examinar la cuestión de Transilvania septentrional. Cuando, el 20 de noviembre de 1940, Hungría (seguida tres días después por Rumania) se unió al Pacto Tripartito (Alemania, Italia y Japón), se vivió una situación paradójica: dos enemigos jurados se habían convertido en aliados, actuando ambos en interés del Tercer Reich.

Llegada la campaña de 1941, el ejército rumano era demasiado débil para entrar en solitario en guerra contra la URSS: no tenía ni unidades blindadas, ni artillería moderna, y el grueso de sus fuerzas consistía en infantería. Los soldados también carecían de un entrenamiento adecuado. Esto llevó a los ejércitos alemanes 11º y 14º a apoyar el ataque rumano, lo que elevó el número total de soldados a 600.000. 

Monoplanos rumanos IAR 80.

El 16 de junio de 1941 vio la caída de Chisinau, la capital de la República Socialista Soviética de Moldavia. Y el 23 de julio, Bender también fue tomada. Toda Besarabia y el norte de Bucovina terminaron en manos de los rumanos, convirtiéndose una vez más en parte del reino. Con los ejércitos rumano y alemán avanzando más hacia el este, partes de Ucrania estaban ahora también bajo control rumano, cortesía de Alemania. Se estableció la llamada Gobernación de Transnistria, con la ciudad ucraniana de Odessa como capital.

Ion Antonescu y Erich von Manstein (Der.), Crimea, 1942.

Con el Conducator rumano Ion Antonescu, por el que Adolf Hitler sentía un gran respeto, Rumania tomó un papel activo en el holocausto, que resultó en la muerte de  unos 300.000-400.000 judíos. “Yo y algunos chicos estábamos arreando ganado cerca de un bosque, al que llamábamos 'Brizhati”, recordaría Mijaíl Tsurkan, un nativo de la región de Odessa. “Vimos una especie de reunión de gente allí, nos acercamos y vimos un grupo de judíos. Había más de cien, deben haber estado cavando una zanja... Habiéndonos visto, los rumanos llamaron a algunos tipos - los más viejos - y sugirieron: ‘¿Quién quiere disparar una ametralladora?’ Entonces se rieron... Corrimos de allí presas horror. Y al presenciar  la ejecución, lloramos...” En febrero de 1942, los rumanos cesaron sus ejecuciones masivas de judíos. Sin embargo, hasta el momento de su salida del Eje, siguieron cazándolos, enviándolos a guetos y campos de concentración.

Víctimas del pogrom de Jassi.

Junto con la Wehrmacht, las fuerzas rumanas avanzaron hasta las orillas del río Volga y las montañas del Cáucaso. Los comandantes militares alemanes habían tenido muy poco respeto por la capacidad de lucha de sus camaradas. “La gestión de sus fuerzas, que habían sido influenciadas por el modelo francés desde 1918, estaba todavía en los niveles de la Primera Guerra Mundial”, escribió el mariscal de campo Erich von Manstein sobre las fuerzas armadas rumanas. Y fueron ellas las que soportaron el peso del ataque soviético durante la “Operación Urano”, que buscaba rodear al 6º Ejército Alemán en Stalingrado. Como resultado de la decisiva batalla de la Segunda Guerra Mundial, los ejércitos rumanos 3º y 4º fueron completamente destruidos, lo que provocó la muerte de más de 158.000 soldados rumanos.

Tropas alemanas y rumanas en el sur de Moldavia, 1944

Durante la retirada de la Wehrmacht, las fuerzas rumanas fueron empujadas a sus propias fronteras nacionales y el país comenzó a ser invadido por sentimientos antialemanes y pacifistas. El 23 de agosto de 1944, en medio de los enfrentamientos contra el Ejército Rojo que tuvo lugar en Moldavia y en el noreste de Rumania, Antonescu fue depuesto como parte de una conspiración, organizada por Miguel I. El monarca anunció inmediatamente el fin de las hostilidades contra la URSS y los aliados occidentales y, el 31 de agosto, Bucarest recibió al Ejército Rojo con los brazos abiertos. Rumania se había unido a la coalición anti-hitleriana, y sus ejércitos participaron más tarde en la liberación de Budapest y Praga.

El Ejército Rojo es recibido en Bucarest, en agosto de 1944.

La guerra contra la Unión Soviética provocó en la pérdida de 475.000 vidas rumanas. Con la participación de Moscú, el Segundo Arbitraje de Viena fue anulado y Transilvania fue devuelta a Rumania. Ion Antonescu fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento como criminal de guerra el 17 de mayo de 1946. Es fascinante que, incluso después de entrar en la esfera de influencia soviética, el país había seguido siendo una monarquía. Miguel I, “El Rey del Komsomol” como se le apodó en Moscú, fue incluso condecorado con la medalla de la Victoria de la URSS. Sólo el 30 de diciembre de 1947 el gobierno comunista del país lo obligó a abdicar del trono, disolviendo la monarquía y creando la República Socialista de Rumania. 

El rey rumano Miguel I.

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