3 ejemplos de heroísmo de los soldados soviéticos en la batalla de Stalingrado

Historia
BORIS EGOROV
En gran medida, estos actos heroicos hicieron que la URSS pudiera salir victoriosa en una de las batallas más horrible de la historia de la humanidad.

1. Casa de Pávlov

A mediados de septiembre de 1942, unidades del 6º Ejército Alemán irrumpieron en el centro de Stalingrado. Se libraron feroces batallas por cada edificio con el fin de obstaculizar el avance de los nazis hacia el Volga.

El 27 de septiembre, el Sargento Mayor Yakov Pávlov recibió la orden de entrar en un edificio de apartamentos de cuatro pisos en la Plaza 9 de Enero en el centro de la ciudad, eliminando una pequeña guarnición alemana que allí se encontraba. Este edificio ha pasado a la historia como la Casa de Pávlov, una fortaleza en la que 31 soldados del Ejército Rojo lucharon contra los ataques del enemigo durante dos meses.

Aunque se conoce con el nombre de Pávlov, la defensa del edificio durante todo el asedio la dirigió el teniente Iván Afanásiev, que se había unido al pelotón de Pávlov.

“Los nazis no dejaron nuestra casa sola ni un solo día. Para ellos, nuestra guarnición, que no les permitió dar un paso más, fue peor que una monstruosidad. Intensificaban los bombardeos cada día y parecía que habían decidido reducir la casa a cenizas. En una ocasión la artillería alemana estuvo disparando durante 24 horas seguidas, sin descanso, contra la casa, recuerda Pavlov en sus memorias.

Los soldados soviéticos respondían desde el tejado, las ventanas y el sótano del edificio, donde se escondían los civiles que había. La comida, el agua y las provisiones se transportaban desde el Volga por la noche, bajo un constante bombardeo. A veces, la Casa de Pñavlov tenía líneas de comunicación con el resto de las tropas soviéticas, pero en otras, estaba completamente aislada, convirtiéndose en una solitaria isla de resistencia.

El 19 de noviembre, el Ejército Rojo lanzó la Operación Urano para rodear al 6º Ejército, que estaba encerrado en Stalingrado gracias a la feroz resistencia de los soldados soviéticos. Una semana después, los defensores de la Casa de Pavlov se unieron a la contraofensiva junto con las otras unidades del 62º Ejército.

A lo largo de todo el asedio, la hábil guarnición de la famosa casa perdió sólo tres personas. No hay forma de calcular hoy en día las pérdidas que infligieron a los alemanes, pero se cree que fueron cientos de personas.

2. El sacrificio de Mijaíl Panikaja 

En marzo de 1942, el marino Mijaíl Panikaja, que estaba sirviendo en la Flota del Pacífico, se ofreció como voluntario para ir al frente soviético-alemán. En el otoño del mismo año, su 883º Regimiento de Fusileros estaba en medio de la Batalla de Stalingrado, luchando por la fábrica Octubre Rojo, situada a orillas del Volga.

El 2 de octubre, durante un ataque alemán a las posiciones del regimiento, siete tanques rompieron las líneas de defensa y se acercaron a las trincheras soviéticas. El soldado Panikaja, armado con dos cócteles molotov, comenzó a arrastrarse hacia el primer tanque  del enemigo.

Cuando estaba a 40 metros del objetivo, se balanceó para hacer un lanzamiento. En ese momento, una bala golpeó el cóctel molotov en su mano levantada y el líquido ardiente le quemó la cara y el uniforme.

En un segundo, Mijaíl Panikaja se convirtió en una antorcha ardiente, pero no dio un paso atrás para volver a las posiciones de su regimiento. Al contrario, corrió hacia el tanque y aplastó su otro cóctel molotov en escotilla de motor.

“Un enorme destello de fuego y humo envolvió al héroe junto con el tanque nazi que había incendiado”, escribió el comandante del 62º Ejército, el teniente general Vasili Chuikov.

3. Isla Liudnikov

La isla de Liudnikov no es una isla en el Volga, como se podría pensar. Se trata del nombre que recibió una pequeña sección de la planta Barrikadni por la heroica defensa que hizo la 138 División de Fusileros, comandada por el coronel Iván Liúdnikov.

Desde mediados de octubre, unidades del 62º Ejército intentaron retener bajo su control el territorio de la planta con el objetivo de impedir que las tropas alemanas llegaran hasta la orilla del Volga. Sin embargo, a partir del 11 de noviembre, todos los edificios de los talleres de Barrikad habían caído en manos del enemigo.

Solo una pequeña sección estaba controlada por los restos de una maltrecha 138 División de Fusileros. Empujados hacia el Volga y rodeados por el enemigo por tres lados, los soldados se atrincheraron en una pequeña parcela de tierra de 700 por 400 metros. 

Los suministros les llegaban por barcos asesiados por el fuego enemigo desde la orilla izquierda del Volga y solo cuando era posible. El suministro por aire también era problemático. “Los pilotos, maestros de los vuelos nocturnos en lentos Po-2, también trataban de ayudar a los defensores de Barrikadni. Dejaban caer sacos con cartuchos y galletas del ejército desde arriba. Pero nuestra 'isla' era tan pequeña que los sacos caían o bien detrás de la línea enemiga o bien en el Volga”, recuerda Liudnikov en el libro Mitos y verdades sobre Stalingrado. A veces los soldados tenían que luchar todo el día con una sola galleta del ejército en el bolsillo.

“Estábamos infestados de piojos y hambrientos, pero en algún momento llegaba un  sentimiento de furia y ya no sentí ninguna lástima ni por mí ni por los alemanes... Luchamos ferozmente por cada trozo del muro, y por la noche nosotros y los alemanes nos arrastrábamos o tratábamos de abrirnos camino por los pasillos y los túneles de la planta... Nosotros, para conseguir algo de comida y munición, y los alemanes para empujarnos al Volga. Hubo constantes enfrentamientos entre pequeños grupos en combates cuerpo a cuerpo…”, recuerda el soldado Milya Rosenberg en el libro de A. Drabkin, Luché en Stalingrado. Revelaciones de los supervivientes

El 21 de diciembre, las unidades del Ejército Rojo terminaron el bloqueo de la 138 División. Hoy en día, hay tres fosas comunes de soldados soviéticos en el territorio de la “isla”. En una de ellas hay más de 1.000 soldados enterrados, mientras que se desconoce el número de personas enterradas en las otras dos.

El infierno de Stalingrado a través de los ojos de los que lo vivieron.