¿Era exacta históricamente la película sobre la batalla de Stalingrado ‘Enemigo a las puertas’?

Jean-Jacques Annaud/Paramount Pictures, 2001
El principio de este febrero marcó el 76º aniversario del final de la batalla de Stalingrado, el mayor enfrentamiento militar de la historia. La película franco-americana ‘Enemy at the Gate’s’ (Enemigo en las puertas) recreó esos acontecimientos y sigue siendo probablemente la película más conocida sobre la batalla. ¿Qué rigurosidad histórica tiene?

Enemigo a las puertas transmite la sensación de una guerra”, se comentó en la web de crítica cinematográfica Rotten Tomatoes. Sin embargo, la historia de amor “parece estar fuera de lugar” en este histórico éxito de taquilla de la Segunda Guerra Mundial estrenado en 2001. Se puede argumentar que se trata de una grosera subestimación porque, según muchos rusos que vieron la película, no sólo la historia de amor está fuera de lugar.

Por ejemplo, veteranos que vivían en la ciudad de Volgogrado (nombre de Stalingrado desde 1961) se sorprendieron con la película y exigieron que se prohibiera. Se quejaron de que la imagen del Ejército Rojo estaba distorsionada: los comandantes eran retratados como déspotas despiadados, mientras que los soldados de base eran “carne de cañón sin voz”. Sin embargo, las autoridades no reaccionaron a su petición.

Aunque el tiempo ha pasado, la película sigue siendo una de las obras occidentales más populares sobre la batalla de Stalingrado. Millones de personas forman su imagen de esta batalla cuando la ven. Entonces, ¿quién está en lo cierto desde el punto de vista de la precisión histórica, el consenso de los críticos, o los veteranos ofendidos? Abordemos esta pregunta empezando por lo obvio: se trata de un producto surgido del arte y de la imaginación creativa (aunque el director Jean-Jacques Annaud subrayó en una entrevista a los medios de comunicación rusos que se esforzó a la hora de estudiar los datos y circunstancias de la batalla).

Vagones cerrados

El plato fuerte de la película es un duelo entre el francotirador soviético Vasili Záitsev (Jude Law) y su homólogo alemán, el mayor Erwin König (Ed Harris), que realmente tuvo lugar durante la batalla de Stalingrado, el enfrentamiento más sangriento de la historia, que cambió drásticamente el curso de la Segunda Guerra Mundial. Al principio, el Ejército Rojo estuvo defendiendo desesperadamente la ciudad (verano - otoño de 1942), y luego lanzó una contraofensiva, rodeando a cientos de miles de tropas alemanas (otoño de 1942 - invierno de 1943).

Una imagen crítica del Ejército Rojo es transmitida desde el principio de la película, cuando se muestra la llegada de nuevas tropas al frente de Stalingrado, entre las que se encuentra el protagonista, Záitsev. En su viaje, los comandantes les gritan, les amenazan y les humillan. Son transportados en vagones abarrotados, como el ganado, y estos se cierran con llave desde el exterior. Como se puede suponer, se actúa así para evitar que los soldados deserten. Sin embargo, según el historiador militar Borís Yulin, esto no pudo haber ocurrido porque estaba prohibido. De hecho, en el caso de un ataque aéreo alemán o de un bombardeo, los hombres encerrados en el interior estarían condenados a una muerte segura.

Desarmados

Después de llegar al margen del río donde se desarrolla la batalla, los soldados reciben armas, pero no hay suficientes rifles para todos, así que un soldado recibe un rifle mientras que otro una carga la munición para este. A los soldados se les dice que tomen el arma de los que mueren en acción. No hace falta ser historiador o especialista en guerra para entender que esto no tiene sentido: ninguno de los soldados podría luchar porque a uno le falta un rifle y al otro le falta munición. Lo visto en la escena significaría que los comandantes del Ejército Rojo enviaban a sus soldados a luchar esencialmente sin armas.

¿Fue la situación con las armas realmente tan grave para los soviéticos como se describe en la película? Los historiadores señalan que había escasez de fusiles, pero fue en los primeros años de la guerra, cuando, debido a las grandes pérdidas, las autoridades tuvieron que formar regimientos de milicias que a menudo estaban mal armados. Sin embargo, en el otoño de 1942 la situación había cambiado. “No se enviaron soldados desarmados al ataque... Lo que se muestra en Enemigo en las puertas es una absoluta tontería”, confirmó el historiador Alexéi Isáiev, autor de varios libros sobre la batalla de Stalingrado.

El ataque

Una de las escenas más vívidas de la película es un ataque de las tropas soviéticas recién llegadas contra posiciones alemanas bien fortificadas. El ataque, que comienza con un pitido de silbato, como si fuese un partido deportivo, se marchita rápidamente, pero cuando las tropas comienzan a retirarse son ametralladas por un destacamento de castigo. Esto hace que uno se pregunte: ¿quién mató a más soldados soviéticos, los alemanes o sus compañeros de armas?

Los regimientos de castigo existían en el Ejército Rojo, y de hecho se les atribuyó el detener el pánico en las filas e impedir mediante la fuerza cualquier retirada no autorizada.  

Sin embargo, la infame orden nº 227 de Stalin, “Ni un paso atrás”, que autorizaba el uso de estos regimientos a gran escala, estipulaba que debería haber hasta cinco de estos destacamentos (compuestos por 200 soldados cada uno) por formación militar (más de 50.000 efectivos).

Existen muchos datos sobre lo que sí hicieron estos regimientos. Del 1 de agosto al 15 de octubre de 1942, los destacamentos detuvieron a 140.775 personas que abandonaban sus posiciones (no sólo desertores, sino también soldados que luchaban para salir del cerco). La mayoría fueron devueltos al Ejército (131.000), mientras que 3.900 fueron detenidos y 1.189 fusilados (menos del 1%).

Alexéi Isáiev señala que en las condiciones de la guerra urbana los destacamentos de castigo difícilmente podían ser utilizados eficazmente, por lo que “su papel fue mínimo”. “La mayoría de las veces se usaron [en Stalingrado] como meros regimientos de combate”. Sin embargo, parece que estas escenas se hacen para enfatizar el mensaje principal “la mayoría de los soldados soviéticos necesitaban un arma apuntándoles a la espalda para entrar en combate” por usar las palabras de un bloguero.

Sin embargo, esta no es la forma en que los rusos han sido educados sobre la batalla de Stalingrado, donde hubo muchos casos de verdadero heroísmo y sacrificio. Debido al hecho de que tal valentía era algo muy común, es muy poco probable que los soldados soviéticos tuvieran que ser motivados por el miedo.

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