El infierno de Stalingrado a través de los ojos que lo vivieron

Emmanuíl Evzerijin/Wikipedia
Se cumplen 75 años del inicio de la contraofensiva soviética en Stalingrado. Al principio de la batalla parecía que las tropas soviéticas iban a ser derrotadas, incapaces de resistir la embestida alemana. Sin embargo, el Ejército Rojo consiguió darle la vuelta y obtuvo una victoria que cambió el curso de la guerra. Russia Beyond recuerda el traumático suceso con los testimonios de los que lo vivieron.

A mediados de julio de 1942 los alemanes lanzaron una ofensiva contra la ciudad que tenía el nombre del líder de la URSS. La toma de Stalingrado le habría dado a Hitler acceso al petróleo del Cáucaso y del Caspio, que tanto necesitaba, y habría tenido consecuencias desastrosas para la URSS. La lucha por la ciudad comenzó tras un devastador bombardeo el 23 de agosto y continuó durante dos meses, hasta la contraofensiva del Ejército Rojo.

Bombardeo de Stalingrado

“Masivo bombardeo aéreo. En dos horas la ciudad está demolida. Humo, falta de aire, el resplandor del fuego... Todo arde, incluso los ladrillos. Disparábamos a los soldados enemigos con nuestros rifles. ¡Estos es el infierno, el puro infierno en la tierra!”, escribía María Krasnij, del regimiento antiaéreo de artillería, en su diario.

Con más de 2.000 salidas, hasta ese momento fue el mayor bombardeo de la Luftwaffe en la Segunda Guerra Mundial.

“Las casas arden. Los edificios, los palacios de cultura, las escuelas, los institutos, los teatros y otras oficinas se están derrumbando. La ciudad se ha convertido en un auténtico infierno... Las bombas siguen cayendo del cielo oscurecido por el humo. La parte central de la ciudad está inmersa en un fuego enorme, inimaginable. Debido a las altas temperaturas ha comenzado a soplar un viento inusualmente fuerte, que aviva las llamas. Parece que ahora todo arde: el cielo y todo el espacio, desde un horizonte a otro”, así es como describía Alexéi Chuiánov, jefe de la organización del Partido en Stalingrado, lo que veía durante los bombardeos.

Se cree que en el centro de la ciudad la temperatura llegó a los 1.000ºC. Con más de 2.000 salidas, hasta ese momento fue el mayor bombardeo de la Luftwaffe en la Segunda Guerra Mundial. Stalingrado fue arrasado completamente. Nadie sabe exactamente cuántos residentes murieron, las estimaciones van de los 40.000 a los 90.000. Los historiadores afirman que los alemanes trataban de impedir cualquier defensa de la ciudad, arruinar el potencial industrial e instaurar el pánico entre los defensores.

Los Aliados hicieron algo similar en Hamburgo, Dresde y Tokio. Al contrario que estas ciudades, Stalingrado consiguió resistir.

La casa de Pávlov

“El enemigo comenzó a atacar nuestro edificio el 3 de octubre. Trataba de tomarlo a cualquier precio, ya que era una vía clave para llegar hasta el Volga. Cada día teníamos que resistir feroces ataques. 24 personas participaron durante los dos meses de defensa de la casa, aunque en una ocasión solo había presentes no más de 15. Acabamos con muchos hitlerianos”, escribía Iván Afanásiev, uno de los defensores del edificio.

Uno de los generales soviéticos en Stalingrado, Vasili Chuikov, señaló en sus memorias que los alemanes perdieron más vidas tratando de tomar la casa de Pávlov que en la toma de París.

Yákov Pavlov y la famosa casa que defendió.

“Nosotros, un puñado de guerreros, estábamos siendo duchados por bombas de los aviones fascistas. Atacados por tanques del enemigo, bombardeos sin piedad por la artillería y los morteros alemanes. Los disparos de las metralletas y de los rifles automáticos no paraban ni un minuto. Nos faltaban munición, comida y agua. No había aire porque las bombas explotaban”, recordaría más tarde el sargento Yákov Pávlov, cuyo nombre quedaría unido al edificio.

Se dice que en los mapas del comandante de las tropas alemanas en Stalingrado, el mariscal de campo Paulus, la casa de Pávlov estaba marcada como una fortaleza. Antes de la guerra esta casa era un edificio de apartamentos de cuatro plantas, sin nada reseñable. Se convirtió en un símbolo de la tenaz resistencia de los soldados del Ejército Rojo en Stalingrado.

“Stalingrado es el infierno”

“No he comido desde ayer. Solo he bebido café. Estoy completamente desesperado. Dios mío, ¿cuánto tiempo durará esto? Los soldados heridos están con nosotros. No los podemos sacar. Estamos rodeados. Stalingrado es el infierno. Cocemos la carne de los caballos muertos. No hay sal. Mucha gente está contagiada de disentería. ¡Qué horrible es la vida! ¿Qué he hecho mal en mi vida para que me castiguen así? Aquí, en este sótano, nos agolpamos 30 personas. Oscurece a las 2. La noche es larga. ¿Volverá alguna vez el día?”, escribió en su diario un cabo alemán, el 10 de diciembre. Lo más probable es que el autor del diario no sobreviviera. Los soldados soviéticos encontraron sus notas a finales de diciembre o a principios de enero.

La Batalla de Stalingrado fue un punto de inflexión en la guerra contra la Alemania nazi.

Las tropas alemanas no esperaban la contraofensiva soviética que comenzó el 9 de noviembre. El Ejército Rojo fue capaz de rodear al 6º Ejército Alemán y a las unidades que los apoyaban. Más de 90.000 soldados alemanes fueron tomados como prisioneros. En total, Alemania y sus satélites perdieron un millón de soldados. La Batalla de Stalingrado fue un punto de inflexión en la guerra contra la Alemania nazi.

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