Cuando los LETONES defendieron el COMUNISMO en RUSIA

Historia
BORÍS YEGÓROV
Excelentes soldados y brutales ejecutores, las tropas letonas hicieron mucho para asentar el poder bolchevique en Rusia. Su recompensa, sin embargo, no fue exactamente lo que tenían en mente...

Eran la fuerza militar más fiable y eficaz de las filas bolcheviques. Los fusileros letones no sólo ayudaron a preservar el poder soviético en la guerra civil rusa, sino que incluso salvaron la vida del mismísimo Lenin en más de una ocasión.

Defendiendo Letonia

Aunque el Ejército imperial ruso se opuso a la creación de unidades militares basadas en el origen étnico, en 1915 no quedó otra opción. Los alemanes ya habían ocupado el territorio de Curlandia (Letonia occidental) y avanzaban hacia Riga.

La orden de formar un cuerpo de voluntarios letones fue firmada el 1 de agosto por el comandante del Frente Noroccidental, Mijaíl Alexéiev, y para finales de año se habían creado seis batallones. Su resistencia jugó un papel decisivo para impedir que los alemanes tomaran Riga y abrieran así el camino a la capital imperial, Petrogrado.

Los fusileros lucharon contra el enemigo con un heroísmo abnegado, casi suicida. Por ejemplo, durante la ofensiva de Mitau (Jelgava), también conocida como las “batallas de Navidad”, los letones perdieron hasta 9.000 hombres al atravesar (junto con otras tropas de Siberia) las bien preparadas defensas del enemigo.

Guardando la revolución

Cuando, después de la Revolución de Febrero de 1917, la disciplina del Ejército ruso comenzó a desintegrarse, los fusileros letones estaban entre los pocos que mantenían la moral de combate. Como la mayor parte de Letonia estaba ocupada por los alemanes, no tenían un lugar donde desertar.

La mayoría de ellos dieron la bienvenida a la Revolución de Octubre de 1917 con los brazos abiertos. Los ideales comunistas les atraían mucho, así como la promesa de los bolcheviques de concluir una paz largamente esperada. “Ante todas las manifestaciones de contrarrevolución, sea cual sea su origen, nos enfrentaremos inmediatamente con todo el poderío de nuestro armamento”, decía una resolución emitida por el 6º Regimiento de Fusileros Letones.

Los bien organizados, confiables y ahora “rojos” fusileros letones se convirtieron en la metafórica y literal cuadrilla de bomberos de los bolcheviques. Desplegados en las secciones más peligrosas de los frentes de la guerra civil, defendieron Petrogrado de Yudénich y Moscú de Denikin, y asestaron un golpe fatal a Wrangel en Crimea (los tres eran comandantes blancos). En 1919, incluso lograron implantar el poder soviético en su patria letona, pero no por mucho tiempo.

Los fusileros letones participaron activamente en la represión de numerosos levantamientos por todo el territorio controlado por los bolcheviques. Su brutalidad incluso dio lugar a un dicho popular: “¡No busques a un verdugo, busca a un letón!”

“Todos les temían. Ciudades, pueblos y aldeas, todos sometidos a ellos. No le cedían el paso a nadie. Con los sombreros echados hacia atrás, los cuellos abiertos y los rifles colgando del hombro con la culata apuntando hacia arriba, viajaron a través de Rusia de punta a punta, haciendo a un lado a todos los que se interponían en su camino”, escribió la corresponsal de guerra Janis Porietis sobre los Fusileros Rojos Letones.

Eran los encargados de vigilar los lugares estratégicos clave de Moscú, así como proteger al propio Lenin y otros líderes bolcheviques. Los fusileros letones eran, según el historiador Vladímir Buldakov, nada menos que “la Guardia Pretoriana del Kremlin”.

La revuelta de los Socialistas

El 6 de julio de 1918, los izquierdistas socialistas-revolucionarios (SR), compañeros de cama de los bolcheviques en la coalición gubernamental, totalmente insatisfechos con el feroz (para Rusia) Tratado de Brest-Litovsk, se rebelaron en Moscú, que ahora era de nuevo la capital del país. La elección de la fecha no fue casual: aquel día, los fusileros letones estaban fuera de la ciudad, celebrando su fiesta nacional, el Día de San Jani (Juán, en letón).

Después de haber asesinado al embajador alemán, Wilhelm von Mirbach (en un intento de provocar a Alemania para que declarara la guerra de nuevo) y de haber arrestado al jefe de la Cheka, Félix Dzerzhinski, las tropas leales de los SR comenzaron a ocupar edificios clave en la capital. La espada de Damocles colgaba sobre Lenin y todo el poder bolchevique.

Fueron los letones los que llegaron al rescate. A pesar de los numerosos obstáculos y las grandes pérdidas, los regimientos reunidos lanzaron un ataque y reprimieron la rebelión en sólo 24 horas.

‘La conspiración de los embajadores’

Poco después se presentó otra oportunidad para que los fusileros letones demostraran su valía. En agosto de 1918 se produjo la llamada “conspiración de los embajadores”, muchos de cuyos detalles siguen clasificados.

Según la versión de los acontecimientos de uno de los líderes de la Cheka, Jēkabs Peterss (también letón, pero no fusilero), el jefe de la misión británica no oficial, Robert Lockhart, ayudado por los embajadores de Francia, Joseph Noulens, y de EE UU, David Francis, intentó sobornar a los fusileros letones para que arrestaran o asesinaran a Lenin, y luego se unieran a las tropas de los intervencionistas.

Sin embargo, el comandante del batallón de artillería de la 1ª División letona, Eduards Bērziņš, cuya cartera s trataron de engrasar los conspiradores, resultó ser un agente de la Cheka. El complot fue debidamente desmontado.

Los niveles del poder

Tras la derrota de las tropas de Wrangel en Crimea y el final de la fase activa de la guerra civil, las unidades letonas de rifles fueron disueltas. Algunos soldados regresaron a la Letonia “burguesa”, mientras que muchos otros comenzaron a buscar un lugar para sí mismos en su nueva patria.

Los comandantes de los Fusileros Rojos Letones (así como algunos otros letones, no relacionados con los Fusileros) alcanzaron puestos de tremenda importancia en la Rusia soviética y la URSS. Gustav Bokis, por ejemplo, dirigió las fuerzas mecanizadas del Ejército Rojo, Jukums Vācietis sirvió durante un tiempo como comandante en jefe, y Jēkabs Alksnis dirigió la fuerza aérea. Habiendo jugado un papel clave en el caso Lockhart, Eduards Bērziņš fue de vital importancia en la creación del sistema Gulag, mientras que su homónimo Jānis Bērziņš (nombre real Pēteris Ķuzis) fue el creador y director de la inteligencia militar soviética.

Sin embargo, los “pretorianos de Lenin” (muy valorados en la década de los años 20 del pasado siglo) cayeron en desgracia en la década estalinista de los 30. La mayoría fueron arrestados y fusilados durante el Gran Terror.

Pincha aquí para averiguar cómo los habitantes de los Estados bálticos derrotaron a la Unión Soviética