Cuando la niña soviética, Katia Lichova, conoció a Reagan y ayudó a poner fin a la Guerra Fría

Historia
MARÍA GRIGORIÁN
La ‘colega’ rusa de Samantha Smith viajó por Estados Unidos en plena Guerra Fría, conquistando corazones y mentes (pero quizás no a Sylvester Stallone).

En la década de 1980, las relaciones entre la URSS y EE UU estaban a punto de romperse. La carrera armamentista estaba en su apogeo, Europa era un lugar de estacionamiento para cientos de misiles nucleares que apuntaban en todas direcciones, y el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, describía abiertamente a la Unión Soviética como un “imperio del mal”. Parecía que la guerra a gran escala esperaba detrás de la esquina.

Fue entonces cuando Samantha Smith, de 10 años de edad, ayudó a romper el hielo entre Moscú y Washington. En una carta, escrita desde el corazón, dirigida al secretario general de la URSS, Yuri Andrópov, preguntaba: “¿Va a votar Usted a favor o en contra de la guerra?”. El mundo se sentó y tomó nota. Andrópov respondió a Samantha, asegurándole que nadie en la URSS quería la guerra, invitándola a visitar el país. Ella aceptó la oferta, y el mundo entero siguió su viaje a través de la URSS con sus padres. Por el camino, Samantha comprendió que la URSS estaba llena de gente amable y pacífica, e hizo muchos nuevos amigos. Su idealismo juvenil se convirtió en un símbolo de esperanza de un futuro mejor para todos.

Trágicamente, en 1985, sólo dos años después de su viaje, Samantha murió en un accidente aéreo. Pronto, sin embargo, otra niña asumió el cargo de “embajadora de la paz mundial”: Katia Lichova, de la Unión Soviética. En su tierra natal, sin embargo, fue mucho menos amada que Samantha.

Por qué la URSS no aceptó a Katia

Cuando Katia fue enviada por primera vez a Estados Unidos en 1986, circulaban rumores de que “era pariente del ministro de Asuntos Exteriores, Andréi Gromyko, y ni siquiera sabía hablar inglés. Una gran cantidad de mierda fue vertida sobre Katia. En mi opinión, fue algo totalmente injustificado”, dice Liubov Mijáilova, que trabajó como periodista de TASS en la década de 1980.

De hecho, la idea del viaje de Katia vino de los estadounidenses, no de los soviéticos. Después de la muerte de Samantha Smith y su padre en un accidente aéreo, su madre Jane y la organización Los niños como constructores de paz, que ella misma fundó, sugirieron que la URSS hiciera arreglos para que una colegiala soviética visitara Estados Unidos como continuación de la misión de Samantha.

La Unión Soviética estuvo de acuerdo, y rápidamente realizó “audiciones”, a las que asistieron alrededor de 6.000 aspirantes. La elegida fue Katia Lichova. Ahora se sabe con certeza que no tenía familia dentro del Partido Comunista. Sus padres eran académicos y ella estudió en una escuela especial de inglés en Moscú. Además, tenía bastante experiencia como actriz, habiendo actuado en tres películas. El aspecto de la niña también era importante. Con sus hermosos rizos y sus ojos azules, Katia fue muy apreciada por el público estadounidense.

Katia conoce a Ronald

Durante el viaje de Katia a Estados Unidos, las entradas de su diario fueron publicadas en los medios de comunicación soviéticos, y luego en un volumen recopilado titulado Katia Lichova cuenta. En él, describió el encuentro con el presidente de Estados Unidos:

“Después de cinco minutos, el Sr. Reagan apareció, extendió su mano y dijo que estaba muy contento de verme en la Casa Blanca. Le di un juguete y le expliqué que había sido hecho por niños soviéticos que, como todo nuestro pueblo, quieren la paz. El Sr. Reagan respondió que aunque ya no era un niño, él también soñaba con la paz y me prometió que haría todo lo posible para garantizar que no quedasen armas nucleares en la Tierra. Nos deseó a mi madre y a mí una buena estancia en América, y dijo que nos envidiaba porque habíamos estado en el circo el día anterior, mientras que él no tenía tiempo de ir”.

Katia conoce al otro Ronald

Cuando Katia fue a McDonald's por primera vez, la cobertura de prensa alcanzó su punto álgido. La visión de una chica soviética que disfrutaba en Estados Unidos con un Big Mac y papas fritas causó no menos sensación que su encuentro con Reagan.

“Almorzamos ese día en McDonald's. Ya había oído que era una conocida cadena de pequeños restaurantes. En la entrada, nos recibió un payaso sonriente con una enorme peluca roja. Inmediatamente pensé que estaba de vuelta en el circo... Todo lo que había allí era realmente sabroso. Nos trajeron un apetitoso sándwich llamado Big Mac y crujientes rebanadas de papas. Quería comerme el sándwich, pero cada vez que me lo llevaba a la boca, un flash de cámaras que me hacía imposible morderlo”.

En la URSS, nadie tenía ni idea de lo que era McDonald's. Pasarían otros cuatro años después del viaje de Katia antes de que este imperio de la comida rápida abriera su primer establecimiento en el país. Durante los primeros meses de su existencia, el restaurante McDonald's de Púshkinskaia fue una especie de lugar de peregrinación, con interminables filas de personas que daban la vuelta al edificio.

Katia deja KO a Rocky

No todas las impresiones de Katia a lo largo de su aventura americana fueron positivas. Sobre todo, le sorprendió la película Rocky IV, en la que el personaje interpretado por Sylvester Stallone se enfrenta a la máquina soviética Drago (interpretada por Dolph Lundgren). Ella escribió en su diario: “Cuando [Drago] mató a Creed, corrí al dormitorio, me tiré en la cama y me eché a llorar. Me hirió la forma en que nuestro país fue retratado, tan falsa y cruelmente...”.

Al día siguiente, dijo en una entrevista de televisión: “No había nada real [en Rocky IV]. Incluso las caras de los ciudadanos soviéticos no eran de verdad. Me avergüenzo de los adultos que hicieron la película”.

Sus comentarios causaron revuelo en los medios de comunicación estadounidenses: “Lo que es criticable en esta película no es el conflicto entre los personajes, sino la presión constante y descarada sobre la audiencia para que desprecie, sienta pena y degrade al pueblo ruso y a su Gobierno”, escribió Carol Basset del Chicago Tribune en apoyo de Katia.

De vuelta a casa

En los días y semanas posteriores a su viaje, Katia fue una gran noticia en la URSS: todos querían saber cómo era Estados Unidos y sus ciudadanos, qué comían, cómo se vestían, qué leían. Participó en eventos públicos, recibió sacos de correo y contó historias y anécdotas sobre el país. Como resultado, tuvo poco tiempo para mantener una vida normal y el contacto con los suyos.

Al final, Katia y su familia decidieron que ya habían tenido suficiente de atención por parte de los medios de comunicación. Poco después, el nombre de Katia Lichova desapareció de las noticias soviéticas. Ella y su madre se mudaron a Francia, donde la pequeña estudió en la Sorbona, se graduó en economía y derecho y trabajó allí durante unos años, antes de regresar a Rusia en el año 2000. Hoy en día, la ya adulta Ekaterina se niega a hablar con los periodistas por una cuestión de principios. La atención que recibió cuando era niña fue más que suficiente para toda una vida.

Los rusos se volvieron locos con el primer McDonald's de la URSS. Pincha aquí para ver las fotos que lo demuestran.