Métodos de acoso y manipulación en la historia de Rusia

A. Riábushkin
En una discusión actual son habituales algunos términos que hacen referencia al acoso como: hacer luz de gas, ‘ghosting’ o sexismo. Podría parecer que es una jerga inútil, pero estos comportamientos desagradables han existido durante milenios, simplemente no sabíamos cómo llamarlos. Aquí hay algunos ejemplos notables de la historia de Rusia.

‘Me estás haciendo la luz de gas’

“Hacer luz de gas” (gaslighting) es una técnica manipuladora destinada a convencer a una persona de que no está en pleno control de sus facultades mentales, por lo general con un fin perverso. Un marido puede hacer creer a su esposa que siempre se olvida de apagar la plancha, mientras que es él el que a menudo olvida hacerlo.

El término tiene su origen en un thriller psicológico de Alfred Hitchcock, Gaslight (Luz que agoniza en España y Luz de gas en Hispanoamérica) (1944). Pero en la historia de Rusia hay muchos ejemplos de este comportamiento.

Catalina la Grande, que ascendió al trono ruso derrocando a su esposo Pedro III (y posteriormente ordenó su asesinato), había mostrado un gran desprecio hacia el gran duque Pablo, hijo de su desdichado esposo. Cuando Pablo llegó a la mayoría de edad y quiso participar en el gobierno, Catalina dejó que se extendieran una serie de rumores, que quizá ella misma había creado. Se decía que Pablo era inestable y cruel, e incluso que no era hijo de Pedro, sino un bastardo.

Sí, Catalina “hizo luz de gas” de tal manera a su propio hijo que realmente este así lo demostró posteriormente. De hecho, Pablo comenzó a mostrarse cruel y extravagante, especialmente después de subir al trono tras la muerte de Catalina (se cree que lo hizo en contra de la voluntad de su madre).

‘¡Eso es sexismo!’

“¡No es un trabajo para mujeres!”. Se trata de un claro ejemplo del sexismo que existe desde hace siglos. Catalina la Grande lo experimentó en carne propia. Poco después del golpe de Estado que la convirtió en emperatriz de Rusia, Nikita Panin, uno de los funcionarios de mayor rango de Rusia, sugirió formar un Consejo Imperial, un cuerpo de gobierno de seis a ocho miembros (hombres) para ayudar a la emperatriz a gobernar. Catalina sabía a lo que Panin se refería, y es que muchos nobles rusos temían que “una mujer no pudiera gobernar correctamente”. (Catalina I, Isabel de Rusia y Ana de Rusia, que habían sido emperatrices antes que ella, fueron en gran medida manipuladas por los nobles). Catalina descartó enojada la propuesta de Panin y el resto es historia. Demostró que una mujer rusa podía gobernar igual de bien –si no mejor– que sus homólogos masculinos.

‘Mi novio me mató’

No responder a las llamadas, ni a los correos electrónicos o los mensajes… El ghosting es, en última instancia, negarse a reconocer la existencia de una persona. El manipulador se comporta como si su víctima fuera invisible.

El zar Iván el Terrible lo hizo con todo su pueblo en una ocasión, cuando fingió que ya no era el zar. En 1575, Iván abdicó del trono y convirtió en nuevo zar a Simeón Bekbulátovich, estadista ruso de origen tártaro. Iván se rebajó al rango de boyardo e incluso se dirigió a Simeón como el “gran duque y gobernante de toda Rusia”. Mientras Simeón vivía en el Kremlin con el lujo que acompañaba a un zar, Iván tan solo tenía una casa en Moscú. Cuando la gente le suplicó que resolviera sus problemas, Iván dijo que ya no era el zar.

Simeón gobernó durante 11 meses. Durante su reinado, a muchos monasterios y diócesis se le quitaron tierras y dinero. Cuando Iván el Terrible volvió a ser zar, “amablemente” devolvió las tierras y el dinero a los monasterios. Huelga decir que la mayor parte de las propiedades y el oro fueron a parar al tesoro del propio zar. De hecho, ese era el objetivo de la “pausa” que Iván hizo en su propio reinado. Nivel de ghosting: 99.

***

De modo que estos nuevos términos que usamos actualmente no parecen más que comportamientos viejos y bien conocidos por todos. Pero tampoco son palabras completamente inútiles.

En el pasado no todo el mundo podía enfrentarse a sus opresores ni acusarlos de mentir, de fraude o de grosería. Con estas palabras altisonantes es mucho más fácil hacerlo. Suenan como un diagnóstico, en lugar de un insulto, lo que automáticamente eleva la autoridad del que las usa. Imagina lo que podría haber logrado Catalina II de Rusia, si palabras como “sexismo” y “luz de gas” hubieran existido como acusaciones legítimas en su día.

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