Cuando ser prisionero en un campo ruso de la Primera Guerra Mundial era una lotería de vida o muerte

Historia
BORÍS YEGÓROV
Aunque el tratamiento de los prisioneros de guerra por parte de Rusia se consideró avanzado durante aquel periodo, no se logró evitar la muerte de miles de hombres a causa del hambre y la enfermedad.

Los prisioneros de guerra crearon grandes quebraderos de cabeza al Imperio ruso desde el inicio de la Primera Guerra Mundial. Las ofensivas exitosas contra el Imperio austrohúngaro en el verano de 1914 produjeron una avalancha de prisioneros austriacos.

Durante la guerra, Rusia capturó más de 2,4 millones de prisioneros de guerra, la mayoría procedentes del Imperio austrohúngaro.

Muchos de estos soldados austriacos eran de origen eslavo: polacos, checos, eslovacos, croatas y serbios. Tenían poca lealtad al Imperio austrohúngaro y a sus gobernantes. Vieron la guerra entre el Imperio ruso y las Potencias Centrales en términos étnicos, como una confrontación entre el mundo eslavo y el germánico, y por supuesto estaban de parte del primer bando. Los soldados eslavos se rindieron en masa a las tropas rusas.

Los dirigentes rusos consideraban favorablemente a los prisioneros de guerra eslavos. Eran ubicados predominantemente en campamentos en la parte occidental del Imperio y se dedicaban principalmente a trabajar en la agricultura. Alemanes, austríacos y húngaros fueron enviados a menudo más allá de los Urales, a Siberia, para realizar trabajos agotadores en minas y proyectos de construcción.

Aunque los rusos trataron de distinguir a los eslavos étnicos de los alemanes y austríacos, nunca hubo campos de prisioneros “sólo para eslavos” o “sólo para alemanes” en el Imperio ruso.

Rusia trató mejor a los prisioneros de guerra que otras naciones beligerantes. Adoptó voluntariamente iniciativas para mejorar la vida de sus prisioneros de guerra y cooperó activamente con las organizaciones internacionales.

El Imperio ruso adoptó la Convención de La Haya de 1907 sobre el correcto tratamiento de los prisioneros de guerra. En octubre de 1914, el emperador Nicolás II también había firmado de forma independiente el decreto Acerca de los prisioneros de guerra que establecía que los prisioneros “como defensores legales de su patria deben ser tratados con misericordia”.

Sin embargo, un buen tratamiento no garantizaba buenas condiciones de cautiverio. Miles de prisioneros de guerra murieron de hambre, epidemias de tifus y de diferentes enfermedades, ya que no se establecieron condiciones de vida adecuadas para ellos.

Elsa Brändström, hija del enviado sueco a Rusia, que hizo mucho para apoyar el intercambio y la repatriación de prisioneros de guerra de las Potencias Centrales y se hizo célebre como “el ángel de Siberia”, recordó en sus memorias: “En Rusia, los prisioneros de guerra gozaban a veces de una libertad y una prosperidad desconocidas para ellos en otros países. Sin embargo, estas condiciones favorables no impidieron el fallecimiento de miles de personas, que murieron por negligencia y privación” (Elsa Brändström. Bland krigsfångar i Ryssland och Sibirien1914-1920. Estocolmo, 1922).

El destino de los prisioneros de guerra en el Imperio ruso era una cuestión de interés primordial no sólo para la Cruz Roja, sino también para la familia real Romanov. María Fiódorovna, madre de Nicolás II, fue la impulsora del primer intercambio de varios miles de inválidos de guerra en 1915.

Los prisioneros de guerra no trabajaban gratis y a menudo estaban bien pagados. Un prófugo, el coronel austríaco Leon Łubieński, que escapó de un campo de prisioneros de guerra en Kostromá, cerca de Moscú, había ahorrado suficiente dinero para comprarse un pasaporte ruso falso. Atravesó la mitad del país con él hasta llegar a salvo a la neutral Suecia y después a Alemania.

Los guardias de prisiones en los campos de prisioneros de guerra rusos estaban mal organizados. Los prisioneros que fueron enviados a Siberia a menudo no estaban vigilados en absoluto, ya que sus posibilidades de sobrevivir en un entorno hostil después de fugarse eran mínimas.

Cientos de personas pudieron escapar de las obras de construcción del ferrocarril de Múrmansk, en el norte de Rusia. Una vez en casa, informaron que las medidas de seguridad rusas eran absolutamente débiles. Sorprendidos por estos datos, los servicios de inteligencia alemanes incluso consideraron lanzar una operación de rescate de prisioneros de guerra alemanes detenidos allí, pero el plan nunca se llevó a cabo.

Si los prisioneros de guerra alemanes y austriacos intentaban escapar cuando tenían la oportunidad, muchos prisioneros eslavos estaban deseosos de combatir. Se organizaron varias unidades nacionales de prisioneros de guerra austrohúngaros de origen eslavo, como la Primera División Polaca de rifles y el Cuerpo de Voluntarios Serbios. El más famoso fue el Cuerpo Checoslovaco que jugaría un papel significativo en la guerra civil rusa (1918-1922).

Cuando el Imperio ruso se retiró de la guerra en marzo de 1918, los prisioneros de guerra comenzaron a regresar a sus hogares. Sin embargo, la guerra civil fulminó pronto estos planes. Los bandos beligerantes estaban ansiosos por involucrar a estos experimentados soldados en apoyar a sus fuerzas. Así, más de 60.000 húngaros se unieron al Ejército Rojo.

Aquellos prisioneros de guerra que lograron sobrevivir y no combatieron en la guerra civil rusa ni se establecieron en el país permanentemente, finalmente pudieron regresar a sus hogares en 1922, cuando llegó la paz.

Pincha aquí para leer cómo fue el trato dado en la URSS a los prisioneros de guerra de la Alemania nazi.