¿Qué hicieron las mujeres rusas en los “batallones de la muerte” en la Primera Guerra Mundial?

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En un intento desesperado por mejorar la moral de los soldados rusos, desgastada por la guerra, el Gobierno Provisional creó en 1917 batallones femeninos de choque. Aunque despreciadas por los soldados varones, de hecho, lucharon con más valentía que la mayoría de los hombres.

Las unidades militares compuestas exclusivamente por mujeres tuvieron una corta vida en el Ejército ruso, pero han tenido un impacto eterno en la forma en que la posteridad contempla la inquebrantable voluntad de las mujeres rusas. Unas pocas unidades se formaron oficialmente en el verano de 1917, e incluso entablaron batalla, mostrando una valentía increíble a pesar de las grandes bajas sufridas. Si bien en otoño se disolvieron, habían dado ejemplo e inspirado a más batallones femeninos voluntarios en todo el país.

“Yashka”

María Bochkariova

Como suele ser el caso, todo comenzó con una chica que quería probarse a sí misma. María Bochkariova nació en una familia pobre y se casó cuando tenía apenas 15 años. Su primer marido era un borracho, y el segundo, Jákob “Yashka” Buk, resultó ser un jugador y un bandido. En 1914, Bochkariova decidió abandonar esta vida de abuso y unirse a los militares.

“Mi corazón me arrastraba al caldero de batalla en ebullición, para ser bautizada por el fuego y endurecida en lava. Me sentí abrumada por un sentimiento de auto-sacrificio. Mi país me llamaba”, escribió Bochkariova, emocionada, en sus memorias. En aquel momento, ella sólo podía formalmente convertirse en enfermera, así que escribió directamente al Zar, pidiendo permiso para luchar junto a hombres. Para su sorpresa, Nicolás II concedió personalmente ese derecho.

Cuando Bochkariova comenzó su servicio, fue ridiculizada, recibiendo burlas de sus compañeros soldados. Muy pronto, sin embargo, se convirtió en una leyenda de su regimiento, conocida por lanzarse sin miedo al campo de batalla, de donde sacó a más de 50 heridos, salvando sus vidas.

Como la mayoría de los soldados en aquellos días, ella eligió un apodo, “Yashka”, en honor a su marido. Por su destreza en el campo de batalla, fue ascendida al rango de suboficial subordinado (NCO). Aún más importante, recibió el reconocimiento de Mijaíl Rodzianko, jefe de la Duma Estatal.

“Iremos y moriremos”

Con la Revolución de Febrero de 1917, el Gobierno zarista se derrumbó. Los soldados se desmoralizaron y comenzaron a desertar. A Bochkariova, con el apoyo de Rodzianko, se le ocurrió la idea de crear “batallones femeninos de la muerte” para avergonzar y animar a los soldados masculinos a volver a sus puestos y atacar al enemigo. Los críticos con la iniciativa, sin embargo, se quejaron de que la disciplina sería baja entre las mujeres.

“Seré responsable de todas las mujeres solteras. Habrá una dura disciplina y yo les impediré vagar por las calles. Sólo la disciplina puede salvar al ejército. En este batallón, tendré todo el poder e insistiré en la obediencia”, calmó Bochkariova.

Alexánder Kérenski, jefe del Gobierno Provisional, apoyó a Bochkariova. Después de que se anunciase el reclutamiento, más de 2.000 mujeres se inscribieron: enfermeras, empleadas domésticas, campesinas, mujeres nobles, personas sin educación y graduadas universitarias. Todas tuvieron que pasar un examen médico y se les afeitaron las cabezas. Luego fueron al campo de entrenamiento, dirigido por instructores militares varones, donde aprendieron a marchar, disparar y estudiaron tácticas de batalla. Además, se dieron clases especiales a las analfabetas.

Alexánder Kérenski

Bochkariova se marcaba un farol cuando hablaba sobre disciplina. En los dos primeros días, casi 80 mujeres fueron expulsadas del batallón por reírse, coquetear con los instructores o desobedecer. Con su uniforme y su rostro impasible, Bochkariova parecía un viejo comandante militar y se comportó como tal. No dudaba en cruzar la cara a sus “chicas” por conducta desordenada.

Pronto, de los 2.000 efectivos iniciales, sólo quedaron 300, todas mujeres de menores de 35 años. El reclutamiento terminó, y al responder a las preguntas de los reporteros, Bochkariova respondió: “No habrá una nueva llamada a filas. Iremos y moriremos”.

El primer batallón de mujeres rusas de la muerte, 1917.

En junio de 1917, el primer batallón de mujeres rusas de la muerte abandonó San Petersburgo para ir al frente. En las mangas de su uniforme llevaban el símbolo de Totenkopf (“Cabeza de Muerto”), que denotaba su intrepidez y desafío a la muerte.

Guerra de mujeres

En el ejército, las nuevas tropas fueron recibidas con desprecio y ridiculizadas como “prostitutas” por los soldados varones, asegura la historiadora Svetlana Sólntseva. Antón Denikin, comandante militar del Gobierno Provisional, declaró que “hay muchas otras formas de servicio que se adaptan más a las mujeres”. Pero nada podía detener a estas féminas que estaban decididas a luchar y defender su país. En octubre de 1917, había seis batallones de mujeres en Rusia, pero sólo los batallones de Bochkariova tuvieron la oportunidad de experimentar la guerra.

El 8 de julio de 1917, el primer batallón de mujeres entró en batalla cerca de Smarhon (región de Grodno, actual Bielorrusia, a 500 millas al oeste de Moscú). Mientras los hombres vacilaban, las tropas de Bochkariova lideraron es asalto, animando a otros a unirse. Durante tres días, los rusos repelieron 14 ataques de los alemanes, pero finalmente se retiraron porque nunca recibieron refuerzos.

Al finalizar los combates, de las 170 mujeres que participaron en la refriega, 30 habían perecido y más de 70 resultaron heridas. Estas bajas se utilizaron como pretexto para detener la formación de nuevos batallones femeninos, y los ya existentes se disolvieron por orden de Lavr Kornílov, comandante en jefe del Ejército ruso. Las mujeres que todavía querían luchar tuvieron que presentar nuevas solicitudes para ser aceptadas en las unidades regulares.

Lavr Kornílov, 1917.

Hubo, sin embargo, una unidad femenina que duró más que las demás: la 2ª Compañía del 1er Batallón. Estas eran las mujeres rechazadas inicialmente por Bochkariova, pero que permanecieron en la Región de Petrogrado y formaron una segunda unidad bajo el mando del capitán Loskov. El 25 de octubre de 1917, defendieron el Palacio de Invierno contra las fuerzas bolcheviques, pero fueron superadas en número y derrotadas. Algunas de las mujeres fueron violadas por los bolcheviques, y un de ellas se quitó la vida aquella misma noche. Con los bolcheviques en el poder, se disolvieron rápidamente todas las unidades femeninas para siempre. Sólo la propia Bochkariova seguía siendo soldado.

Un epílogo estadounidense

Después de sufrir una conmoción cerebral en la batalla de Smarhon, Bochkariova pasó un mes en un hospital de Petrogrado. Negándose a cooperar con los bolcheviques, fue acusada de contrarrevolucionaria. Tuvo la suerte de poder huir a Europa y luego a Estados Unidos, donde inició una campaña antibolchevique. Bochkariova se reunió con el presidente Woodrow Wilson, y el rey Jorge V de Gran Bretaña le prometió ayuda financiera.

María Bochkariova con sus soldados.

En 1918, regresó a Arcángel con tropas inglesas, y en 1919 se fue a Omsk, donde conoció al general Alexánder Kolchak, jefe de un gobierno anticomunista de corta duración. Kolchak esperaba que Bochkariova formara un batallón de mujeres en su ejército, pero en enero de 1920 los bolcheviques la arrestaron. Sus contactos con Kornílov y Kolchak fueron suficientes para condenarla como “incesante enemiga de la república proletaria-campesina”.

A Bochkariova la fusilaron en mayo de 1920 porque los bolcheviques entendieron que la lideresa de un batallón de la muerte de mujeres nunca abandonaría la lucha contra sus enemigos. La sentencia se ejecutó el mismo día en que se dictó. Sólo en 1992 el gobierno ruso rehabilitó a Bochkariova.

María Bochkariova

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