Cómo sobrevivir en la Antártida a -80ºC

G. Kopósov/RIA Novosti
Un grupo de científicos rusos se quedó aislado en la Antártida.

Una noche que dura 133 días y no hay verano. No se trata de un meme que lamenta el final de las vacaciones. Rusia tiene cinco estaciones activas en la Antártida.Vostok es la única en el continente y por eso es la que tiene las condiciones más duras. Situada en el Polo Sur se encuentra sobre una capa de hielo, que a su vez está sobre un antiguo lago también llamado Vostok. A lo largo de nueve meses al año la estación está aislada del resto del mundo: las temperaturas bajan hasta los -60ºC y los -80ºC y es imposible acceder a ella incluso por vía aérea, ya que los aviones se hielan nada más aterrizar.

A lo primero que alguien se enfrenta al llegar aquí es al mal de altura. Hay tan poco aire como en una cima a 5.000 m. Cada persona tiene sus propios síntomas: desde depresión hasta lagrimeo involuntario pasando por mareos o apneas de sueño.

La estación rusa Vostok en la Antártida, 1994.

“Normalmente la gente suele perder entre 5 y 10 kg durante su primer mes en Vostok. Vi como un hombre se ponía enfermo pocos minutos después de llegar. Si no lo llegan a evacuar en ese momento habría muerto pocos días después de la hipoxia derivada del edema pulmonar”, recuerda Serguéi Bushmánov, miembro de la expedición antártica. Sorprende que toda la parte continental de la Antártida huela a “caramelo de vainilla”. El sutil olor se siente a temperaturas que van por debajo de -82ºC.

La directora de cine Ekaterina Yeriómenko pasó un mes en la estación. Sintió como si hubiera estado respirando bajo agua durante todo este tiempo. “Lo que me sorprendió fueron las cuevas bajo la nieve en la que vivía la gente. La nieve mantiene el calor pero se vive como en un submarino. Las habitaciones son muy pequeñas y no hay luz natural. Para salir hay que abrigarse mucho. Me pongo crema, luego una máscara y me cubro con ropa cálida. Solamente vestirme me toma media hora”, recuerda.

Y esta es la rutina habitual en circunstancias normales. Luego están las emergencias....

Seis meses en la Antártida sin electricidad o calefacción

En 1982, justo al principio del periodo invernal en la estación Vostok, un cortocircuito provocó que la principal estación de diesel se quemara. El extintor de fuegos no funcionó a temperaturas tan frías y tampoco se pudieron mitigar las llamas con la nieve porque no había máscaras de humo. Una persona murió y otras veinte quedaron en Vostok sin electricidad o fuego. El equipamiento científico, las baterías para poder calentarse y el horno no funcionaban. No solo se congelaba la comida sino que los exploradores conseguían agua utilizando un derretidor de nieve eléctrico.

Miembros de la expedición científica femenina a la Antártida en el aeródromo de la estación Vostok.

Afortunadamente uno de los que estaba se acordó de un generador de diesel situado en una plataforma de perforación. Lo llevaron a la parte habitada y tras varias horas reparándolo pudo funcionar. Gracias al generador se restableció la estación de radio y se pusieron en comunicación con Moscú. A pesar de ello, los exploradores decidieron quedarse en la estación.

Un horno no era suficiente así que hicieron cinco más con cilindros de gas. Las temperaturas cerca del horno subieron hasta los 25-30ºC, aunque un par de metros más allá ya eran de cero y al alejarse caían hasta bajo cero.

Los exploradores comenzaron a hacer velas para tener un poco de luz en la infinita noche polar. Los geofísicos siempre suelen tener algo de parafina y cuerda de amianto.

Un superviviente en el Ártico

También hay gente que se ha perdido por el Círculo Polar. En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, un crucero alemán hundió un rompehielos ruso en la Ruta Marítima del Norte. De las 104 personas que había a bordo solo uno sobrevivió sin ser capturado: el fogonero Pável Vavílov, de 33 años. Tuvo mucha suerte y consiguió subirse a un tronco del barco hundido.

De ahí el fogonero pasó a un bote salvavidas, en el que los supervivientes habían huido antes de que los alemanes los apresaran. Remó unos tres kilómetros hasta la isla más cercana, la de Beluja, situada en el Círculo Ártico. “Vi un paquete flotante en el agua, tenía cigarrillos Zviózdochka y cerillas. Luego me encontré con sacos flotantes de harina. Miré alrededor y vi un perro sentado en una barca que estaba dada la vuelta. Agarré al perro. Su piel estaba abrasada y temblaba. Pobrecito. Estaba más muerto que vivo”.

El rompehielos Alexánder Sibiriakov, nombrado en honor del industrial que exploró Siberia, resultó hundido el 25 de agosto de 1942 tras ser cañoneado por el crucero pesado de la marina alemana Almirante Scheer en las proximidades de la Isla Beluja, en el Mar de Kara.

Vavílov también se hizo con una pistola, un hacha, un tablón y un tonel de galletas. El saco de harina resultó ser de salvado. Eso era todo lo que tenía para comer. “Puse algo de salvado y hundí las galletas en un cubo, lo mezclé y lo herví. Recogía agua fresca cuando llovía. Un cubo me duraba entre tres y cuatro días. El perro no comía nada, solamente bebía un poco de agua”, recuerda Vavílov.

Llevaba un diario donde registró cada uno de los 34 días que pasó en la isla. “El sábado 13 de septiembre vi una avión. Me quedaban 220 galletas”. Aunque los aviones y los barcos pasaron por allí en más de una ocasión, les costó mucho darse cuenta de que había un hombre en la isla. Cuando finalmente lo descubrieron, el avión no podía aterrizar debido a las olas. Tiraron un saco desde el aire con leche condensada, carne seca, cacao, pan, medicinas y una carta que le pedía a Vavílov que esperase un poco más, hasta que el tiempo mejorase un poco.

Lo rescataron el 28 de septiembre y en la entrada del diario de aquel día Vavílov solo escribió una palabra: “Transportado”.

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