6 maravillas del parque y palacio de Pávlovsk, residencia del zar Pablo I

Estilo de vida
VADIM RAZÚMOV
Se han escrito cientos de libros y artículos sobre la historia del lugar y la cantidad de atracciones de esta antigua residencia imperial es realmente notable.

El palacio de verano del emperador ruso Pablo I, situado a 20 km al sur de San Petersburgo, es conocido en todo el mundo por su exquisita belleza. Cada rincón del parque de Pávlovsk y cada centímetro del interior del palacio fueron cuidadosamente elaborados por los mejores artistas y diseñadores de la época.

1. El palacio es una maravilla arquitectónica

A primera vista el palacio parece un poco menos pomposo que otras residencias reales cerca de San Petersburgo. Pero la concisión arquitectónica y las líneas rectas de estilo clásico contradicen su belleza. El palacio de Pávlovsk es como la joya de la corona del clasicismo ruso. Muchos nobles y grandes de toda Rusia trataron de recrear elementos de la residencia de Pávlovsk de una forma más modesta. Los suntuosos interiores son una mezcla de estilos y motivos.

La construcción del palacio comenzó en 1782 y en varios momentos participaron arquitectos destacados como Charles Cameron, Vicenzo Brenna, Pietro Gonzago y Andréi Voronijin. Gracias a sus esfuerzos el conjunto del palacio y del parque sirvió de modelo como casa solariega ideal para varias generaciones.

2. El fantástico templo de la Amistad

Si la piedra pudiera expresar sentimientos, el templo de la Amistad en el parque de Pávlovsk cantaría desde los tejados. No es una simple decoración, esta obra maestra de la arquitectura fue un regalo del futuro emperador Pablo I y su esposa María Fiódorovna a su madre, la emperatriz Catalina II. Los historiadores han derramado mucha tinta sobre la compleja relación entre Catalina y su hijo Pablo. Sin embargo, la joven pareja dio el sabio paso de construir el templo de la Amistad como agradecimiento oficial a Catalina II por haberles concedido estas tierras, insinuando su deseo de una vida familiar menos díscola.

3. La columnata de Apolo

A veces es como si el paisaje del parque de Pávlovsk estuviera gobernado por la misma madre naturaleza. Un buen ejemplo de ello es la columnata de Apolo, construida entre 1782 y 1783 a orillas del río Slavianka, frente al palacio de Pávlovsk.

Inicialmente estaba compuesta por un anillo de columnas dóricas con una estatua del dios griego Apolo, mecenas de las artes, en el medio. Pero en 1817 una fuerte tormenta sacudió Pávlovsk y la columnata se derrumbó, dejando el anillo con forma de herradura. La intervención de la naturaleza resultó tan impresionante que se decidió no restaurarla y así sigue hasta hoy.

4. Esculturas mitológicas

Los propietarios de la residencia de Pávlovsk, el emperador Pablo I y su esposa María Fiódorovna, viajaron mucho por Europa y se interesaron por la mitología antigua. La pareja también apreciaba mucho la escultura e hizo todo lo posible para incorporarla a su residencia.

En Pávlovsk los visitantes pueden contemplar tanto avenidas enteras de estatuas de dioses y diosas antiguas como de otras criaturas. Uno de los puentes más pintorescos del parque está decorado con cuatro centauros, mientras que los escalones principales que conducen al parque están flanqueados por un par de leones, uno rugiendo amenazadoramente y el otro “sonriendo” de manera acogedora. Todos estos “residentes” del parque crean un ambiente maravilloso, cercano a los cuentos de hadas.

5. El pabellón de las Rosas

El pabellón de las Rosas era el lugar de ocio favorito de María Fiódorovna y también era muy frecuentado por escritores y poetas rusos. Aquí se celebraban bailes y festivales. Impresiona al visitante con la riqueza de su decoración interior y la magnífica rosaleda que lo rodea por todos lados.

6. Maravilla del arte natural

Un paseo por el parque de Pávlovsk ofrece una vista de las obras de artistas famosos. Pero en lugar de pinturas serían obras de lo que hoy se llama land art. Por ejemplo, en 1807-1809, el artista Pietro Gonzago creó aquí una pieza titulada “El lugar más bonito” (como la llamaba María Fiódorovna), una especie de escena teatral en forma de árboles agrupados en pequeñas islas en un prado.

Y luego está el “Anillo de abedules blancos”, una pequeña sección del parque bordeada por abedules. Desde aquí salen siete senderos para aquellos que desean inspirarse en la naturaleza local.

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