El orgullo de los últimos carelios de Tver

Esta comunidad originaria trata de preservar su cultura, a pesar de todas las dificultades a las que se enfrenta.

A pesar de los años de proximidad y contacto cercano con los rusos, los carelios de Tver están luchando para conservar su lengua nativa, su cultura, sus costumbres y sus tradiciones.

Carelia de Tver forma parte de la región de Tver, y se encuentra a tan solo dos horas en coche de Moscú. Durante los últimos 500 años ha estado habitada por los carelios, un grupo étnico minoritario, pero orgulloso de su identidad.

En 1930, la región era el hogar de unos 150.000 carelios, pero en 2002 quedaban solo unos 15.000.

En este lugar la gente conserva los vínculos familiares. Tratan de preservar sus tradiciones culinarias: meten en salmuera queso fresco para el invierno, destilan cerveza, cocinan un espeso kissel (una especie de sirope de arándanos o avena), y cuecen huevos en el hornillo.

Los carelios son, generalmente, de altura media, con el pelo claro y los ojos azul grisáceo (rara vez oscuros). Entre sus rasgos distintivos se encuentran un carácter brusco, gran capacidad de iniciativa y un gran apego a la naturaleza y a su tierra.

Kliuchevói, es un pueblo en el distrito de Majatijinski (región de Tver), cuyos habitantes aún hablan la lengua carelia.

Hace tiempo, más de 100 casas en este pueblo estaban habitadas. Había una granja, no demasiado rica, pero productiva. Solían plantar alforfón, centeno, avena, cebada y patatas. Además, criaban gallinas, vacas, terneros, cerdos, ovejas y caballos.

Hoy en día, solo 25 de estas 150 casas están habitadas. Hace tres años había menos de 100 residentes permanentes, la mayor parte jubilados.

Los nativos se autoabastecían de todos los bienes de uso cotidiano que necesitaban. Hacían botas y zapatos, trenzaban cestas, tejían ropa de lino, camisas bordadas y sombreros, fabricaban cubos, barriles y vajillas, producían alquitrán, confitaban arándanos, iban a pescar y horneaban sulchini (un tipo de tortas planas).

En 1958, llegaron al pueblo la electricidad y el sistema de abastecimiento de agua. Allí vivía mucha gente; celebraban juntos tanto las fiestas soviéticas como las ortodoxas.

También había una administración local, un hospital, una biblioteca, oficina de correos, un club social, una escuela, una iglesia, una lechería y una panadería.

Aunque el club del pueblo, la biblioteca, el museo, las tiendas y la oficina de correos aún funcionan, la administración local y la escuela han cerrado. El último alumno se graduó en 4º curso en 2013. La profesora era su madre.

Los jóvenes abandonan el pueblo. Ya no quedan niños.

A pesar de estas deprimentes estadísticas, las autoridades autoelectas de la Carelia de Tver están trabajando para hallar una solución y tienen la esperanza de conservar la lengua y la cultura del pueblo carelio, su historia y sus costumbres.

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