El futuro impredecible: autor ruso augura un mundo lleno de horrores

Vladímir Sorokin.

Vladímir Sorokin.

Serguéi Fadéichev/TASS
El mundo creado por Vladímir Sorokin, uno de los autores contemporáneos rusos con más famosos está lleno cosas inimaginables: pulgas de alta tecnología que se adhieren al pelo, clavos que se meten en el cerebro y dan felicidad. Descubrimos algunas de las claves de este autor el día de su 62º cumpleaños.

Las obras del escritor Vladímir Sorokin, cuya carrera comenzó en los años 80, suelen ser impactantes. Se trata de un maestro que maneja varios estilos literarios y al que le encanta deconstruir sus propios textos y llevarlos a un nivel absurdo de ultraviolencia. Sorokin se muestra cómodo describiendo masacres, la perversidad o escenas de coprofagia, por lo que tiene una reputación un tanto escandalosa.

Pero entonces Sorokin cambió su enfoque y en la novela de 2006,El día del oprichnik, se centró en mostrar un mundo imaginario de un futuro no lejano. Sus siguientes novelas, Telluria (2013) y Manaraga (2017) - todavía no se encuentran traducidas al español - se sitúan en la segunda parte del siglo XXI.

El mapa del mundo en el distópico futuro que dibuja Sorokin es diferente del actual. Muchos países europeos, incluida Rusia, se han desintegrado en estados más pequeños y la vida tiende a ser más salvaje. Aunque el progreso nunca se detiene así que en este extraño mundo podemos ver algunas tecnologías innovadoras.

Clavos de telurio

El telurio es un elemento químico que existe en la realidad pero el metal que aparece en la novela de Sorokin es bastante diferente. El telurio de Sorokin es una droga perfecta que sumerge a la persona en una felicidad sin límites, lo lleva a un estado de gran energía y desarrollo intelectual así como a la felicidad extrema y a la comunicación con los muertos.

“Es tanto una súper-droga como una vía espiritual”, afirma Sorokin en una entrevista.

Las dosis de telurio se toma metiendo unos clavos directamente en la cabeza, para que el metal entre en contacto directo con el cerebro. Evidentemente, solamente los grandes especialistas pueden realizar tal operación  y quienes tienen esta destreza se hacen llamar carpinteros. Viajan por todo Eurasia realizando su trabajo y ganan grandes sumas de dinero.

El propio telurio es muy caro y está prohibido en muchos países por su peligrosidad. Hay un 12% de posibilidades de no poder sobrevivir a un golpe. Esto no impide que muchos en el mundo de Teluria vayan en busca de este preciado metal para disfrutar de sus resultados.

Súper aparatos

Olvídense de los smartphones y de las tabletas. Si Sorokin está en lo cierto en el futuro la humanidad tendrá a su disposición unos aparatos impactantes. Los umnitsas (los inteligentes) son aparatos de inteligencia artificial capaces de hablar con sus dueños, cambiar de tamaño y de talla. En Telluria Sorokin describe umnitsas en forma de libros, cuadros, bufandas y mucho más. Además, la gente se puede comunicar a través de hologramas, que no solo se pueden ver sino también tocar.

En Manaraga, Sorokin habla de aparatos todavía más increíbles, las pulgas. Estos minúsculos implantes colocados en el pelo o directamente en el cerebro dan acceso a toda la información del mundo.

“Gracias a mis pulgas puedo leer en doce lenguas y leer cualquier lectura científica”, afirma el protagonista de Manaraga. Cuando un enemigo lo secuestra y le quitas las pulgas a través de una operación se encuentra totalmente indefenso. En nuestro mundo, en el que la gente utiliza aparatos muy pesados, esto no resulta muy realista.

Libros asados

El protagonista de Manarga tiene un trabajo bastante extraño: quema libros por dinero. Según Sorokin, en el futuro los libros de papel casi desaparecerán por completo y serán reemplazados por libros digitales y solo habrá copias de papel guardadas en museos y bajo protección estatal.

Aunque como lo prohibido suele ser lo más deseado, hay quienes tratan de robar estos libros y cocinarlos utilizando el papel como combustible. Se trata de un entretenimiento muy exótico y caro para los ricos. Estas actuaciones se llaman 'libro asado' y es muy importante tener en cuenta en qué libro se basa la comida. Las novelas de detectives baratas no sirven para hacer una sabrosa carne, solamente se desean novelas de Tolstói o algo por el estilo.

Sorokin explica que con esta metáfora cabila sobre el futuro de los libros. “Creo que la humanidad no abandonará del todo los libros impresos. Es una parte de nuestro mundo que no puede ser destruida del todo”, afirmó en una entrevista.