Los soviéticos no tenían una gran selección de regalos de Año Nuevo entre los que elegir. Cualquier cosa hecha a mano, incluidos los pepinillos, solía ser la mejor opción para ambas partes, así como algunos dulces soviéticos.
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Sin embargo, a veces la única forma de felicitar a alguien era enviando una postal. La oficina de correos soviética funcionaba estupendamente y había una gran variedad de postales para todos los gustos.
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La mayoría de ellas mostraban animales de dibujos animados, al Papá Noel ruso llamado Ded Moroz o bonitas escenas de bosques nevados.
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Cualquiera que haya nacido en la URSS seguro que ha visto estas postales dibujadas por Vladímir Zarubin. Su estilo es muy reconocido, y las imágenes de liebres, ardillas, osos patinadores y sonrientes muñecos de nieve son muy agradables a la vista.
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Los rusos suelen llamar a estas imágenes “amables”, el viejo espíritu del Año Nuevo antes de que llegara la comercialización ruidosa y chillona de la temporada.
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Probablemente el secreto del atractivo de estas imágenes es que Vladúmir Zarubin fue un artista que estuvo detrás de muchas películas soviéticas de dibujos animados.
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Trabajó durante más de 30 años en el estudio Soyuzmultfilm, y fue él (entre un grupo de artistas) quien ilustró ¡Nu, pogodí! (los Tom y Jerry soviéticos), Érase una vez un perro, Las aventuras de Mowgli y muchas otras películas.
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Todos los niños soviéticos conocían y querían a los personajes de estas películas de animación desde sus primeros días. Y también aparecen en las postales.
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Muchas de las postales muestran que los caramelos son el mejor regalo y que los animales de los cuentos de hadas están increíblemente contentos de recibirlos.
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“Todas estas imágenes y los personajes parecen resplandecientes, alegres, enérgicos”, comentan los internautas nacidos en la URSS sobre estas postales, que se hacen virales cada Nochevieja en Rusia.
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Es posible que muchas personas aún tengan estas postales en casa y relean con nostalgia los deseos de Año Nuevo que contienen en la otra cara.
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En realidad, estas tarjetas muestran lo que eran las vacaciones de Año Nuevo para un ciudadano soviético: unas alegres vacaciones de invierno en las que todo el mundo estaba contento, los niños estaban emocionados por recibir sus regalos (y por tener vacaciones escolares). Todo el mundo sonreía, hacía deporte y otros juegos de invierno.
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Esta estética se hizo increíblemente popular, y no en vano la gente se cansó de los carteles de propaganda que mostraban a pioneros y valientes revolucionarios.
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Los erizos esquiando, los niños en trineo y los muñecos de nieve decorando los árboles de Año Nuevo se convirtieron en elementos esenciales del Año Nuevo soviético.
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Al principio, los dirigentes soviéticos consideraron la fiesta de Año Nuevo como una oportunidad política: debía hacer que la gente se olvidara de la fiesta religiosa de las Navidades. Pero gracias a las grandes películas, la animación y los carteles se convirtió en la fiesta favorita de la nación sin política. Una fiesta familiar, la que sólo trae alegría, el olor de los abetos y las mandarinas.