Las islas Solovetski (Solovkí) tienen uno de los monasterios más antiguos y bellos de Rusia. Al mismo tiempo, fue uno de los mayores campos de trabajos forzados de la URSS.
Juan Manuel Castro Prieto / Rafael Trapiello
El gulag de Solovkí, uno de los primeros de la Unión Soviética, apareció antes del Gran Terror, en 1923-33.
Juan Manuel Castro Prieto / Rafael Trapiello
Los fotógrafos españoles, Juan Manuel Castro Prieto y Rafael Trapiello, comenzaron la exploración de la región y su terrible historia como una tarea más de trabajo.
Juan Manuel Castro Prieto / Rafael Trapiello
En 2015 fueron a las islas a hacer fotos para la revista alemana Mare.
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Solovkí causó una profunda impresión en Juan y Rafael y el viaje pronto se convirtió en algo más que una tarea laboral.
Juan Manuel Castro Prieto / Rafael Trapiello
“Solovkí es un paraíso que no hace mucho tiempo era un verdadero infierno”, dice Rafael, la foto muestra las cabañas de los trabajadores que actualmente restauran el monasterio de Solovetski.
Juan Manuel Castro Prieto / Rafael Trapiello
Un año después, los fotógrafos regresaron al archipiélago y lo estudiaron profusamente. Conocieron y trabaron amistad con los lugareños.
Juan Manuel Castro Prieto / Rafael Trapiello
El resultado de su viaje fue el fotolibro Solovki, que presentaron en verano en PHotoEspaña 2019.
Juan Manuel Castro Prieto / Rafael Trapiello
Su ensayo fotográfico intenta transmitir la atmósfera y el espíritu del lugar, donde un monasterio sagrado y una naturaleza impresionante coexisten con los ecos del sistema penitenciario soviético.
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Fotografiaron durante días la vida cotidiana de esta zona, donde murieron más de 7.000 prisioneros y decenas de miles sufrieron la represión, hace unas pocas décadas.
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Actualmente la vida está en pleno apogeo: el monasterio vuelve a funcionar y han abierto sus puertas una escuela, un hospital y varios hoteles. La cantidad de turistas aumenta de año en año.
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Nikolái Dontsov, el residente más viejo de Solovki, tiene 90 años. Recuerda los últimos años de la prisión. Él mismo sirvió como farero.
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Quedan muchas cosas de aquella terrible época, incluyendo celdas abandonadas de monasterios que se usaron como cuarteles y prisiones.
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Este muelle recibía barcazas cargadas de prisioneros. En 1930, se encarcelaron aquí 71.000 personas; el mayor número de internos en la historia del campo.
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Cuando el mar Blanco no está congelado, se puede llegar a Solovkí en barco desde la ciudad de Kem. La mayoría de las veces la única ruta es por aire desde Arjánguelsk, dos veces por semana.
Juan Manuel Castro Prieto / Rafael Trapiello
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Solovkí mezcla el sagrado espíritu ortodoxo con un oscuro pasado como gulag.