Cómo era Moscú para los artistas de los siglos XVIII y XIX

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Gérard de la Barthe, Cornelis de Bruijn, Auguste Jean Baptiste Antoine Cadolle. Los nombres de estos pintores no son muy conocidos pero gracias a sus obras podemos hacernos una idea de cómo era la capital de Rusia hace varios siglos.

En septiembre de 1812 las tropas de Napoleón entraron en Moscú. Poco después, la mayor parte de la ciudad fue destruida por un incendio que duró varios días. Quedan muy pocas representaciones de Moscú antes de 1812, ya que los paisajes no eran particularmente populares en la pintura rusa a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Por eso, las obras de artistas europeos que se encontraban en Rusia en ese momento pueden ser una valiosa fuente de información.

Cornelis de Bruijn

‘Vista desde las colinas de Gorriones’ (1702), obra de Cornelis de Bruijn.

Este artista, viajero y escritor holandés visitó el Imperio ruso a principios del siglo XVIII. Fue recibido en la corte de Pedro el Grande y dejó relatos inestimables de la vida en Rusia en ese momento.

‘El Kremlin’ (1718), obra de Cornelis de Bruijn.

En un libro publicado después de su regreso a los Países Bajos, De Bruijn proporcionó una descripción detallada de la distribución y la arquitectura de Moscú, destacando en particular el procedimiento para la venta de casas, que le pareció asombroso. Los inmuebles “se vendían completamente preparados, al igual que los cuartos privados y las habitaciones individuales. Las viviendas están construidas con troncos, que se ensamblan de tal manera que pueden ser desmontados, trasladados pieza por pieza a cualquier lugar, donde pueden volver a ensamblarse en un tiempo muy corto”.

‘Mujer rusa’ (1711), obra de Cornelis de Bruijn.

Además, De Bruijn dejó relatos detallados de las festividades, costumbres, la ropa y la comida de los moscovitas, haciendo especial hincapié en el repollo y los pepinos, que, según dijo, los lugareños comían como la gente de otros países comía manzanas y peras.

Gérard de la Barthe

‘Vista de Moscú desde el balcón del palacio del Emperador’ (siglo XVIII), obra de Gérard de la Barthe.

La historia de otro artista europeo que trabajó en Rusia a finales del siglo XVIII, Gérard de la Barthe, es menos conocida. Nació en Rouen (Francia) en 1730, se educó en París y a finales de la década de 1780 llegó a Rusia, donde creó una serie de obras en las que aparecían Moscú y San Petersburgo. No solo se especializó en paisajes sino también en arte de género.

‘Plaza Roja’ (siglo XVIII), obra de Gérard de la Barthe.

Al ver uno de los primeros paisajes de Moscú, obra de De la Barthe, es difícil imaginar que este terraplén arenoso y con casas de madera torcidas se situara a varios cientos de metros del Kremlin, donde hoy está la catedral de Cristo Salvador. Un perro devorando un hueso, mendigos, nobles paseando, plebeyos y estibadores, todo ello forma parte del rico tapiz de la vida de la ciudad.

‘Vista al puente Bolshói Kámenni y sus alrededores’ (1796), obra de Gérard de la Barthe.

Curiosamente, en muchas de las obras de De la Barthe, las murallas y torres del Kremlin, que habían sido construidas de ladrillo rojo, aparecen pintadas de blanco, lo que indica que durante varios siglos la famosa fortaleza de Moscú se pintaba de este color de manera regular.

Iglesia de la Dormición de María en la calle Pokrovka en Moscú, 1825.

Auguste Jean Baptiste Antoine Cadolle

La historia de la vida de otro artista francés, Auguste Jean Baptiste Antoine Cadolle, podría servir de base para una emocionante película de aventuras.

Sobre el río Yauza en Moscú, 1830.

Hijo de una modesta burguesía parisina, soñaba con convertirse en pintor e incluso en el estudio del paisajista, Jean-Victor Bertin. Sin embargo, en 1812 se alistó como voluntario en el ejército de Napoleón. Su carrera militar duró poco, ya que en 1813 fue hecho prisionero por los rusos. Gracias a su carácter desenfadado, aprendió ruso y un año más tarde regresó a Francia.

Plaza Roja, 1830.

En 1819, por orden del rey Luis ХVIII, viajó a Rusia para trabajar como pintor. Hizo cuadros en los que aparece Moscú cuando estaba siendo restaurado después del incendio de 1812. El joven se convirtió en un agente secreto.

‘Vista de Moscú desde el balcón del palacio del Kremlin’ (1797), obra de Gérard de la Barthe.

Una de sus obras más interesantes y simbólicas representa el bulevar Tverskói y a los moscovitas que lo recorren: en otoño de 1812, cuando el ejército de Napoleón entró en Moscú, ese fue el lugar donde las tropas francesas establecieron su campamento. En aquella época se cortaron casi todos los tilos que estaban en el bulevar y se usaron para hacer fuego. Los franceses cocinaban en el fuego y clasificaban los artículos que habían robado a los residentes locales.

‘Vista de Moscú desde el balcón del palacio del Kremlin’ (1797), obra de Gérard de la Barthe.

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