‘Padres e hijos’, por qué tienes que leer ya esta novela rusa

TASS
Iván Turguéniev es uno de los grandes autores rusos y escribió una de las mejores novelas sobre los conflictos entre generaciones. Este año se celebra el 200º aniversario del nacimiento del autor.

Por un lado tenemos a los padres, nobles y conservadores, que viven sin esfuerzo en lujosas fincas. Por otro lado, los hijos que miran hacia adelante y que eligen un trabajo duro  y no dependen de la edad. “¡Dejad que dependa de mí!”. He aquí la realidad de la Rusia del siglo XIX, llena de contradicciones, que Iván Turguéniev describe en su novela Padres e hijos.

Aunque no es el único libro de Turguéniev que vale la pena leer. En la década de 1860 ya se había ganado la reputación de ser un escritor con mayúsculas: sus historias como Memorias de un cazador (1847), Mumú (1854), Asia (1857) y otras piezas eran muy populares, ampliamente leídas y aclamadas por la crítica. Pero fue Padres e hijos (1862) la obra que hizo que estuviera a la par de grandes escritores rusos como Alexánder Pushkin, Mijaíl Lérmontov y Nikolái Gogol. ¿Por qué es así?

Iván Turguéniev.

Contra cualquier autoridad

Turguéniev sentía que la nobleza rusa estaba cambiando rápidamente. Da la impresión de que el protagonista predice el surgimiento del movimiento socialista. Una de las innovaciones de Padres e Hijos es la creación de un nuevo protagonista: un nihilista, es decir, “una persona que rechaza cualquier autoridad”. Se llama Evgueni Bazárov y es un estudiante de medicina con un enfoque muy pragmático.

Hasta ese momento no había habido nadie como Bazárov en la literatura rusa: rechazaba las creencias más comunes en el ámbito de la política, los valores familiares, la jerarquía social, la ortodoxia y en casi todos los aspectos de la vida del siglo XIX.

A principios de 1860, en Rusia comenzaba a tomar cuerpo el movimiento nihilista. Padres e hijos de Turguéniev fue una de las obras  que contribuyó a ello, junto con las obras de Nikolái Chernishevski, Dmitri Písarev, y otros. En 1862, después de la publicación de la novela, Turguéniev llegó a un San Petersburgo envuelto en llamas. Los historiadores creen que algunos movimientos radicales podrían haberse dedicado a incendiar la ciudad. Turguéniev recordó lo primero que oyó de su amigo: “Mira a tus nihilistas: ¡están quemando Petersburgo!

El conflicto generacional

Ivan Turguéniev fue también el primer autor de la literatura rusa que planteó tan abiertamente el tema de la falta de armonía entre generaciones. “Aristocracia, liberalismo, principios... ¡Piensa en el montón de palabras extranjeras e inútiles que hay! A un ruso no le sirven para nada”, piensa el joven nihilista Bazárov sobre la generación mayor y de su conservador modo de vida. El título de la novela, que en ruso suena como Otsi i deti, se convirtió inmediatamente en un lema que se sigue utilizando ampliamente.

No solo se trata de las tensiones habituales entre padres e hijos, sino también de dos tipos de intelectuales rusos del siglo XIX: los nobles y conservadores “padres”, con camisas almidonadas, y los “hijos”, de mentalidad revolucionaria que ya no están preparados para vivir como sus padres ricos, que no saben nada sobre trabajar duro y protegen principios arcaicos.

Turguéniev captó el turbulento espíritu de su época, con el que no todos los críticos estaban de acuerdo. La mayoría quedó impresionada con el enfoque innovador de Padres e hijos y su honesta visión de la vida moderna de la Rusia del siglo XIX, pero hubo muchos críticos que acusaron a Turguéniev de calumniar a la generación más joven.

La polémica fue tan grande que, finalmente, el propio Turguéniev dio su propia opinión. Su principal objetivo era escribir sobre la realidad, sin ponerse de parte de nadie. Turguéniev pensó que las críticas negativas se debían a que el protagonista, Bazárov, era un tipo de personaje completamente nuevo en la literatura rusa. El público esperaba que el autor juzgara o justificara las acciones del protagonista revolucionario, y no admitía las medias tintas. Pero Turguéniev rechazó hacerlo y simplemente retrató al nihilista de la manera más realista y objetiva posible.

Existe la leyenda de que uno de los conocidos de Turguéniev sugirió cambiar el título de la novela por Ni padres, ni hijos para no andarse con rodeos e ir al grano. Turguéniev no justifica la causa de ninguna generación, solo muestra los cambios que se dieron en la Rusia conservadora del siglo XIX. La negación se convirtió en una tendencia revolucionaria, que no todos en la Rusia zarista estaban dispuestos a aceptar. Cuando retrató a Bazárov, Turguéniev mostró la negación desde todos los ángulos posibles: “Actuamos en virtud de lo que reconocemos como beneficioso. En la actualidad, la negación es lo más beneficioso de todo, y lo negamos... todo”.

Pincha aquí para ver las fotos de las chicas Turguéniev: románticas y sutiles heroínas de duro mundo actual.

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