3 grandes escritores rusos a los que les encantaba una buena pelea

Sputnik
Todo el mundo puede perder el control en alguna ocasión, incluso los grandes escritores pueden dar rienda suelta a los instintos más básicos. Bien sea por un triángulo amoroso, por un incidente de borrachera, contamos varios episodios de autores rusos que se liaron a mamporrazos

Serguéi Yesenin: poeta con el alma embriagada

Uno de los principales poetas de la llamada Edad de Plata de la poesía rusa (finales del siglo XIX y principios del XX). Serguéi Yesenin (1895-1925) escribió poemas que glorificaban la dura pero armoniosa vida de los campesinos rusos así como la naturaleza del país. Desgraciadamente, desde principios de los años 20, Yesenin fue un bebedor que apenas podía vivir sin alcohol. Eso hizo que se viera involucrado en varias riñas.

“Se peleó con su propio admirador de provincias... Tratamos de calmarlo pero ya estaba fuera de sí”, recuerda el escritor y amigo de Yesenin, Valentín Katáiev, en sus memorias. Según Katáiev, cada vez que estaba borracho, Yesenin se obsesionaba con la idea “de encontrar a Zinka” (su exmujer, que lo abandonó) y de darle una paliza”.

Yesenin nunca llegó a pegar a su exmujer, pero en una ocasión llegó a las manos con otro famoso escritos, Borís Pasternak (autor de Doctor Zhivago y galardonado con el Premio Nobel). Katáiev recuerda su pelea de la siguiente manera: “Yesenin, borracho, agarraba a Pasternak con una mano y trataba de pegarle en la oreja con la otra. Mientras tanto Pasternak, de manera torpe, intentaba pegar a Yesenin en la cara”. Afortunadamente, otros escritores que estaban allí presentes pararon la pelea y evitaron que estos titanes de le literatura se lastimaran.

Sin embargo, nadie fue capaz de detener el suicidio de Yesenin. Se ahorcó en 1925, después de una larga lucha contra la depresión, muy probablemente relacionada con el abuso de alcohol.

Vladímir Maiakovski: el amante celoso

Maiakovski (1893–1930) fue un famoso poeta y uno de los que más alabaron la revolución de octubre de 1917, aunque también tenía una vida privada muy peculiar. A principios de 1918 vivía con su amante y musa, Lilia Brik... y su marido Ósip, con quien ella se había casado en 1912.

De alguna manera estas tres personas del mundo de las artes consiguieron mantener una relación de trabajo en la que los celos quedaban fuera. Según las memorias que tratan de ese periodo, Vladímir y Ósip se consideraban amigos y trabajaban bien juntos. Pero eso no significaba que Maiakovski no estuviera celoso de otros hombres. En una ocasión esto le metió en problemas.

Tal y como afirma el biógrafo de Maiakovski, Bengt Jangfeldt, un hombre llamado Yákob Israelévich comenzó a mandar cartas de amor a Lilia Brik en 1918. A pesar de que Brik nunca respondiera, Maiakovski se puso furioso cuando se enteró de las cartas. En una ocasión se encontró con Israelévich en las calles de Leningrado y lo molió a mamporros. La policía los arrestó a los dos y Maiakovski escribió una carta a Maksim Gorki, un escritor con lazos con las autoridades, para que lo dejaran libre.

Serguéi Dovlátov: una persona encantadora y sin suerte

Dovlátov (1941–1990), que emigró a EE UU desde la URSS en 1978, perfeccionó el arte de escribir casi siempre historias breves y a menudo hilarantes, llenas de alegría y tristeza al mismo tiempo. El protagonista suele ser un hombre tranquilo y melancólico, pero el propio Dovlátov era una persona más intensa, que se metió en problemas en varias ocasiones, incluidas peleas. Esto le iba bien a su imponente físico.

En una ocasión, Dovlátov estaba muy borracho y le insinuó a su amiga Liudmila Stern que se acostaran. No le importó el hecho de que ella estuviera casada y tuviera una hija. Se presentó en la puerta de la casa de la familia Stern con el objetivo de irse con Liudmila. Esto no le hizo mucha gracia a su marido, Víktor.

El incidente se describle en las memorias de Liudmila Stern: “Vitia hizo algo como judo o kárate. Dovlátov respondió con un gancho fuerte pero mal dirigido. Vitia lo agarró de la oreja...” La pelea terminó con la intervención de la niñera de los Stern, que echó a Dovlátov de casa.

A lo largo del día siguiente, todos los amigos llamaban y preguntaban por el incidente. El poeta Joseph Brodsky (1940-1996) se preguntaba si era cierto que Víktor hubiera desgarrado la oreja de Dovlátov. “No, Dovlátov está exagerando completamente”, respondió Liudmila. Una vez sobrio, Dovlátov llamó a la familia para pedir disculpas.

Si quieres orientarte en el fascinante mundo de la literatura rusa, no dejes pasar este texto.

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