El amor a los animales de los escritores rusos

RIA Novosti
El amor y la compasión que han mostrado algunos de los escritores más famosos por sus mascotas sería el tema de una divertida y solemne antología.

Lev Tolstói y los caballos

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A Lev Tolstói le encantaban los caballos. Montó a caballo a lo largo de toda su vida y esto le ayudaba a superar la tristeza y a conectar con la naturaleza. Los caballos son protagonistas de muchas de las obras de Tolstói. Su relato más famoso dedicado a este animal es 'Historia de un caballo', en el que el narrador es el animal. Muchos recuerdan también el caballo “Fru-Fru”, del que se cayó Vronsky durante una carrera de la novela 'Anna Karénina'.

Antón Chéjov y sus perros salchicha

Fuente: Dominio públicoFuente: Dominio público

El escritor fue un gran admirador de los perros salchicha. En su mansión Mélijovo vivió con dos perros, Brom [Bromuro en ruso] Isáevich y Jina [Quinina] Márkovna, nombrados en honor de los medicamentos del siglo XIX (Chéjov ejerció también de médico). El escritor podía pasar horas hablando con sus mascotas. Actualmente en la casa-museo de Mélijovo se puede ver un monumento de bronce dedicado a Brom y a Jina y cada año se celebra allí el Festival de perros salchicha de toda Rusia.

Un día Chéjov se trajo una mangosta de Ceilán. En palabras del propio escritor, los perros “se rindieron” ante el recién llegado. La mangosta no dejaba de hacer travesuras en la casa: rompía todo lo que encontraba en su camino, quitaba la tierra de las macetas e incluso tiraba de la barba del padre de Chéjov.

Vladímir Maiakovski y su bulldog Bul’ka

Fuente: ArchivoFuente: Archivo

A Maiakovski le gustaba viajar a Francia y siempre hacía compras de lujo. Un día regresó con un bulldog francés, una raza popular entre los bohemios de aquel tiempo. Desde entonces Bul´ka le acompañó al poeta en todos sus viajes. Según recordaban los amigos de Maiakovski, el perro le causaba muchas molestias y a menudo tenía que encontrar dueños para los cachorros.

Vladímir Nabokov y sus perros

Los Nabokov. Vladímir es tercero a la izquierda. Fuente: vladimirnabokov.ruLos Nabokov. Vladímir es tercero a la izquierda. Fuente: vladimirnabokov.ru

En la casa de los Nabokov vivían generaciones enteras de perros. A la madre del escritor le gustaban los perros salchicha de color marrón y Nabokov consiguió un perro de esta raza. El primero fue hembra y se llamaba Lulú, su cachorro fue nombrado Box el Primero. El último perro que se formó parte de la familia fue, Box el Segundo, un descendiente de los famosos perros de salchicha de  Antón Chéjov. Fue este último can con quien Nabokov emigró a Praga. Los contemporáneos recordaban que el escritor solía caminar en las calles acompañado por su mascota vestido con un abrigo de paño.

Iósif Brodsky y sus gatos

Fuente: iosif-brodskiy.ruFuente: iosif-brodskiy.ru

Los gatos eran los fieles acompañantes en la vida de Brodsky. Hay publicadas gran cantidad de fotografías con ellos. Hay incluso una anécdota graciosa sobre la afición del poeta a los gatos. En una ocasión como muestra de respeto a su entrevistador, el escritor se ofreció a despertar a su gato preferido.

“Soy como un gato. Mira al gato...le da exactamente igual si existe o no la Sociedad Pamiat o la propaganda del Partido Comunista. También es indiferente al presidente de EE UU, si existe o no. ¿En qué soy yo peor a este gato?”, declaró en una entrevista.

Serguéi Esenin y su pero Seriozhka

Fuente: esenin.ruFuente: esenin.ru

En una ocasión el poeta vio en un mercado de la calle un tembloroso perro de pelaje pelirrojo. No se pudo resistir y lo compró. El vendedor le dijo que era de pura raza. Esenin le puso su propio nombre y estaba encantado con él. Se lo mostraba a todos los que iban como invitados a su casa. Pocos días después el perro comenzó a quejarse y a mover sus orejas. En realidad no era un perro de pura raza sino una mezcla al que le habían cosido las orejas.

El tema del amor hacia los animales aparece a menudo en los poemas de Esenin. En cada pájaro, vaca o caballo que vivía en el pueblo veía un alma viva. Los trataba con delicadeza y compasión. El poeta confiaba a los perros sus sufrimientos, como en el poema 'Jim, dame tu pata'. En la 'Canción del perro' Esenin cuenta una cruda historia sobre una perra que pierde a sus cachorros.

Vladímir Sorokin y sus lebreles Rom y Fom

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El escritor aparece en numerosas fotografías con graciosos y aristocráticos perros, sus queridos lebreles Rom y Form. En palabras del propio Sorokin, le encanta rodearse de belleza, tanto animada como inanimada. “Me parece importante la estética en el lugar en el que habito”. En alguna ocasión declaró que está de acuerdo con la cita de Fiódor Dostoievski: “Incluso correría el riesgo de completar la frase de Fiódor Mijáilovich de que 'la belleza salva el mundo”, declaró.