Norilsk, la vida en la ciudad más contaminada de Rusia

Maksim Blinov/RIA Novosti
¿Cómo vive la gente en una de las ciudades más ricas y a la vez más contaminadas de Rusia?

Al norte de la región de Krasnoyarsk, cerca de la costa del océano Ártico, se encuentra la ciudad de Norislk. Para referirse a esta ciudad, a menudo se refieren a esta ciudad como “la más”: la ciudad más meridional del mundo, la ciudad más contaminada de Rusia, una de las ciudades más frías del mundo. En ella viven 170.000 personas  y los extranjeros solo pueden entrar en ella solicitando una invitación especial. La mayoría de los habitantes trabajan en una de las empresas más ricas de Rusia: Norilsk Nickel. Esta empresa es el mayor productor de níquel y paladio y al mismo tiempo contamina a niveles catastróficos el frágil medio ambiente del Ártico.

Origen vinculado al Gulag

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La gente ha vivido en el sur de Taimyr a lo largo de muchos siglos, pero la historia de la ciudad de se remonta únicamente a la década de 1930, cuando se construyó en ella un Gulag y comenzó la construcción de una planta metalúrgica. “Puede decirse que los miembros de mi familia son habitantes nativos de Norislk” — señala Tatiana Lavrúshina, empleada de la biblioteca local — “en la ciudad existen varias universidades, teatros y museos, y el número de personas con educación superior en Norislk es mayor que en cualquier otro lugar de Siberia”.

‘Alrededor de la ciudad solo hay arena y un humo tóxico’

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La vida aquí conlleva gran cantidad de problemas, y el mayor de ellos está relacionado con la situación ambiental. Norilsk es oficialmente una de las diez ciudades más contaminadas del mundo: la extracción metalúrgica va acompañada de emisiones tóxicas masivas que llevan décadas quemando la tundra en decenas de kilómetros a la redonda.

“Sencillamente, no queda naturaleza”, se lamenta Serguéi, hermano de Tatiana y trabajador del taller de una fundición. “Alrededor de nuestra ciudad, en lugar de la tundra, tenemos desde hace tiempo paisajes lunares: no crece nada, solo se ve arena y un humo tóxico sobre ella. Por suerte, nuestra ciudad está un poco alejada y las emisiones no nos llegan cada día, de lo contrario no quedaría ninguno de nosotros”.

Los problemas de la ciudad

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Otro importante problema de Norilsk es su aislamiento del mundo: las carreteras solo conducen a poblaciones cercanas, pero solo se puede llegar a las grandes ciudades por mar o en avión. Debido a las duras condiciones climáticas y a los frecuentes huracanes, el único aeropuerto de la ciudad interrumpe su actividad a menudo y los habitantes locales ya están totalmente acostumbrados a esperar días o incluso semanas a que salga su avión.

Esta compleja situación del transporte provoca también problemas con el suministro: debido a los huracanes, en la ciudad pueden escasear durante semanas frutas y verduras o carne fresca.

“Solo salimos de Norilsk en vacaciones”, declara Maxim Kriúkov, yerno de Tatiana. “Por eso, mi mujer y yo nos fuimos a estudiar a San Petersburgo, queríamos pasar nuestra juventud en una gran ciudad”. Después de pasar siete años viviendo en San Petersburgo, Maxim y su esposa volvieron a Norislk. En la actualidad ambos trabajan en Norislk Nickel y tienen una hija. ¿Por qué tomaron esta decisión? “En primer lugar, por las condiciones económicas: me ofrecieron un muy buen puesto que nos permitirá en pocos años comprar una vivienda en San Petersburgo y volver allí”.

‘Esta ciudad es atractiva a su manera’

Alexandr Kryazhev/RIA NovostiAlexandr Kryazhev/RIA Novosti

Maksim y su familia no son las únicas personas jóvenes que han llegado a Norislk en los últimos años para trabajar. Los salarios en esta empresa son de los más altos del país, por lo que la juventud de Rusia y de los países vecinos acude a Norilsk debido a los “salarios del norte”, por los que la ciudad era famosa ya en la época soviética.

“Evidentemente, no pensamos pasar toda la vida en Norilsk: el clima aquí es muy duro y hay mucha contaminación”, comenta Maxim. “Aunque digan lo que digan, esta ciudad es atractiva a su manera: te hace ser consciente de cuánto esfuerzo y cuántas vidas han hecho falta para que funcione. Yo también estoy dispuesto a hacer una pequeña contribución”.

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