Cómo se celebran las fiestas de diciembre en Rusia

Dibujado por Tatiana Perelíguina

Dibujado por Tatiana Perelíguina

Hay acebo, muérdago, luces, abetos y guirnaldas por todas partes y además en las mesas no pueden faltar ni el champán ni la ensaladilla.

El 25 de diciembre no gran cosa para la mayoría de los rusos. A no ser que caiga en fin de semana, es un día laborable normal para nuestro Iván medio. El año pasado me pasé el día enseñando inglés a 300 conductores de autobús que se preparaban para los Juegos Olímpicos de invierno en Sochi.  Llevé un sombrero navideño durante todo el día pero nadie se percató hasta la última diapositiva de mi presentación, en la que había escrito “Gracias por venir y... ¡feliz Navidad!”. Algún gruñido y un seco “Feliz Navidad” fue todo lo que recibí, pero ya es más de lo que me esperaba de gente que, sencillamente, no entiende la Navidad de la misma manera.

Para los rusos, las fiestas giran en torno a la Nochevieja. De hecho, es la fiesta de las fiestas para el país. Olvidaos del “Feliz Año Nuevo”: Novi God es el centro de todo.

Papás Noel extranjeros

Aunque ahora suele vestir de rojo, Ded Moroz, el Padre Hielo, el equivalente ruso de Papá Noel, lleva tradicionalmente un abrigo azul ribeteado de piel. A pesar de ello, los niños rusos nunca confunden a estos abuelitos invernales, especialmente porque Ded Moroz es más alto, más delgado, más exigente y empuña un largo bastón.

No es de los que bajan a hurtadillas por las chimeneas, especialmente porque había pocas en las ciudades moscovitas pobladas de apartamentos. Ded Moroz llama a la puerta con su cayado e interrumpe las fiestas para ordenar que cantes o recites un poema si quieres que te haga un regalo. Tampoco encontrarás a sus duendes ayudantes a su alrededor. En su lugar, lo acompaña la rubia Snegúrochka, la Doncella de la Nieve, con sus ojos azules. En teoría es su nieta, aunque parece ser un tabú lo que le ocurrió al resto de la familia. También puedes olvidarte de los renos voladores: esas tonterías no tienen cabida cuando una troika, un trineo de tres caballos, funciona igual de bien. 

Las campanas del Kremlin

Los rusos también incluyen discursos televisados en sus celebraciones. En medio de las extravagancias musicales rusas de Año Nuevo (se podrían parecer a Eurovisión), los rusos, conscientes de su deber, con un vaso de licor en la mano, cambian de canal para ver cómo el Presidente pronuncia su discurso justo antes de que el reloj del Kremlin dé las campanadas.

Los nueve husos horarios de Rusia significan que puedes celebrar el Año Nuevo más de una vez. En Novosibirsk, por ejemplo, un grupo de amigo y yo celebramos el Año Nuevo local y, tres horas más tarde, otra vez el de Moscú.

No encontrarás pavo en ningún banquete tradicional ruso, a no ser que se haya añadido al plato estrella de la noche, Olivier, ensaladilla rusa. Aunque las recetas varían, esta ensalada se elabora con zanahorias en cubitos, patata cocida, pepino, huevo y carne, mezclados con ingentes cantidades de mayonesa espolvoreada con eneldo. Este plato ocupa un lugar de honor entre un amplio número de platos fríos, ensaladas y encurtidos, que se van picoteando a partir de la media noche.

Todo esto se riega con cantidades considerables del increíblemente burbujeante Soviétskoie Shampánskoie, champán soviético, cuyos tapones de plástico salen despedidos a gran velocidad. Es muy doloroso que te alcance uno en plena barbilla, según me contó un amigo. 

Música y fuegos artificiales

Los saliuti o fuegos artificiales son tan esenciales para el Año Nuevo ruso como los villancicos para Navidad. En Moscú, mi lugar favorito para contemplarlos en Fin de Año son las Vorobevi Gori o Colinas del Gorrión, en frente de la Universidad Estatal de Moscú. Desde aquí, puedes ver gran parte de la ciudad a tus pies y más maravillas pirotécnicas de las que puedas imaginar.

Además, puedes disfrutar del espectáculo de imprudentes juerguistas, ya borrachos, tirando sus propios cohetes. No estamos hablando de bengalskie ogni, bengalas: más de una vez he tenido que saltar para ponerme a cubierto cuando un barril entero de fuegos artificiales ha explotado a mi espalda. Peligroso, pero divertido.

Sin embargo, los dos países tienen muchas cosas en común. Los yolki o árboles de Navidad se decoran casi de la misma manera, las postales navideñas comparten casi las mismas imágenes, aunque con un toque ruso: es difícil que los rusos se sientan identificados con azucaradas pequeñas iglesias cubiertas de nieve. Además, las tiendas están igual de atestadas de gente...

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