Más periodistas que manifestantes en la marcha de la oposición en Moscú

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En Moscú y otras ciudades de Rusia se celebró el 29 de abril la manifestación “Hartos” contra la postulación de Vladímir Putin para una nueva legislatura como presidente. El evento lleva un mes promocionándose, aunque casi han participado más periodistas que manifestantes.

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Decenas de ciudades rusas acogieron el sábado una manifestación con el lema “Hartos” organizado por el movimiento Rusia Abierta contra la postulación de Vladímir Putin para una nueva legislatura como presidente. 
En algunos lugares la manifestación y la concentración contaban con el consentimiento de las autoridades, pero en la mayoría de las ciudades, entre ellas Moscú, se denegó la celebración del evento. Por eso los organizadores propusieron a la gente que acudiera a la recepción pública del presidente y que le entregara mensajes a título personal. 

Finalmente, en las regiones la manifestación reunió a entre decenas y varios centenares de participantes. En Moscú, según el Ministerio del Interior, el número de participantes ascendía a 250 y no hubo detenciones. La promoción del evento ha durado cerca de un mes y ha ido acompañada de declaraciones escandalosas, pero finalmente la cantidad de personas implicadas ha sido extremadamente pequeña. RBTH ha presenciado el evento en la capital y ha hablado con participantes y organizadores.

Propaganda con pechos de mujer y un registro la víspera 

El anuncio del evento apareció en las redes sociales justo después de que el opositor Alexéi Navalni sacara el 26 de marzo a miles de personas a la calle contra la corrupción del gobierno. El presidente del movimiento en aquel momento seguía siendo el antiguo oligarca Mijaíl Jodorkovski, que vive en Londres desde que salió de la cárcel. 
Rusia Abierta divulgó activamente en las redes el hashtag #hartos (en ruso #надоело), dando a entender que la gente está cansada de “la arbitrariedad de los jueces, la policía, la corrupción, el mal estado de las carreteras y las mentiras de la televisión”, así como de periodistas conocidos de canales de televisión estatales, políticos, ministros y el presidente mismo.

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Poco después del anuncio comenzaron a aparecer carteles publicitarios de la manifestación en paradas de autobús, sudaderas gratuitas y hasta un generador propio de imágenes de perfil para las redes sociales. Este último fue saboteado por el Ministerio del Interior, que decidió publicar fotografías de cosas de las que este departamento también está harto. 

La promoción del evento se hizo hasta con la fotografía de unos pechos de mujer desnudos, tras lo cual durante unos cuantos días en las redes sociales se iniciaron debates sobre si es “adecuado promocionar una manifestación con unas tetas desnudas”. Además, Jodorkovski abandonó su puesto de presidente del movimiento alegando que ya había cumplido su misión, por lo que algunos usuarios lo han acusado de “escurrir el bulto” y de dar una “clase magistral de realpolitik de los 90”.

Sin embargo, dos días antes de la manifestación, Rusia Abierta volvió a ser noticia, pero en este caso en contra de su voluntad. La Fiscalía General declaró la organización homónima con sede en Londres como indeseable en Rusia (ahora prácticamente cualquier colaboración con ella puede ser suficiente para abrir un proceso penal, aunque esto por ahora no afecta al movimiento de Moscú), y en la oficina moscovita de Rusia Abierta tuvo lugar un registro policial.

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Según comenta a RBTH el nuevo presidente del movimiento, Alexander Soloviov, a la oficina acudieron 22 agentes de policía respondiendo a una llamada en la que se aseguraba que la organización estaba en posesión de materiales extremistas. 

“En seguida nos dijeron que no era más que una inspección, pero a pesar de ello nos prohibieron utilizar dispositivos de comunicación, no dejaron salir ni entrar a nadie, abrieron todos los cajones, puertas y cajas fuertes. Se llevaron unas 100.000 plantillas de cartas [para el presidente], banderas, borradores de documentos, incluso paquetes de folios en blanco. Y lo más indignante de todo: cinco portátiles personales, algo absolutamente ilegal, ya que no se trata de una inspección, sino de un registro con requisamiento. No vimos ni firmamos ningún protocolo, ni siquiera nos los ofrecieron”, cuenta Soloviov, añadiendo que no esperaba que hubiera detenciones porque el formato del evento se había cambiado con ese objetivo. 

“La gente se limitará a llevar sus exigencias para el gobierno por escrito al órgano creado especialmente para ello”.
A pesar de ello, a las 9 de la mañana en el centro de Moscú había preparada una concentración de policías y furgones de antidisturbios, y la recepción del presidente estuvo custodiada por varios destacamentos y rodeada por una valla.

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No importa a quién apoyes

Teniendo en cuenta el mes entero de campaña de promoción de la manifestación, los periodistas esperaban un gran número de participantes. Pero una hora antes del evento,  en el lugar de la recepción, situado en el centro de Moscú, únicamente se agolpaban los periodistas. Los organizadores habían propuesto llevar las cartas a las 14:00 hora local. 
A las 13:55 aparecieron los primeros participantes, un pequeño grupo de personas. Uno de ellos preguntó cómo llegar a la recepción. Por alguna razón, la gente le dijo que “no pasaría, porque está la policía”. Nosotros le propusimos ir juntos y al cabo de un minuto nos encontrábamos en el patio interior del edificio donde se celebraba la recepción del presidente. Los policías únicamente registraron nuestras bolsas.

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- Me llamo Sasha, he venido simplemente a mostrar mi postura como ciudadano, a decir que estoy harto.
Sasha se sorprende porque no hay nadie. En su carta al presidente dice que “Rusia se ha convertido en un país donde vivir resulta extremadamente difícil”, “donde un jubilado no puede pasar con la pensión del Estado”, “y los jóvenes, incluidos los licenciados, tienen que esperar a que mueran sus padres para tener un sitio libre donde vivir”. Para entregar su carta espera otro minuto: tomamos un número, lo mostramos al lector de códigos de barras de la puerta, entregamos la carta a una empleada y salimos. Nadie lee la carta ni nos pide el pasaporte.

- No esperaba que fuera tan sencillo, sinceramente… -comenta Sasha. El joven comenta que para él lo importante no es si apoyar a Navalni o a Jodorkovski, aunque él personalmente no apoyaría a este último, “él mismo fue un oligarca y robó lo suyo a principios de los 90 durante la repartición de la propiedad del Estado”; lo más importante es que tenemos un enemigo común: el sistema corrupto.

- Da la sensación de que están organizando un banquete en tiempos de peste, en un momento en que la población se ha vuelto extremadamente pobre. A mi trabajo acuden personas con dinero para un Audi, un coche que cuesta lo mismo que un apartamento en Moscú. Y ni siquiera ellos pueden ya permitirse acudir a un distribuidor oficial.

Policías detienen a un manifestante en San Petersburgo, el 29 de abril. Fuente: ReutersPolicías detienen a un manifestante en San Petersburgo, el 29 de abril. Fuente: Reuters

“¡No copies, sé original!” 

En el momento en que salimos del patio del edificio (alrededor de las 14:10), sale inesperadamente una multitud del metro hacia la estrecha acera (una buena mitad de ellos son periodistas). Se dirigen a la recepción, pero la policía forma rápidamente una larga cola. Ahora, para entregar las cartas hay una hora de espera como mínimo. Pero la gente hace cola de todos momentos. Debido a la gran afluencia, de detrás de una esquina salen unos 40 antidisturbios que corren por la calle junto a la cola hasta el final. Pero no sucede nada más. En la otra acera hay personas que todavía no han escrito sus mensajes o que inician debates políticos con los transeúntes. 

Un hombre de unos 40 años escribe cuidadosamente su carta en el bordillo, diciendo entre dientes: “Tío, no te vas a retirar en la siguiente legislatura, fuiste tú el que aprobó la ley”. Su amigo espera a que termine de utilizar el bolígrafo y, después de pensar durante medio minuto, le pregunta qué puede escribir.

- ¡No copies, sé original! –Le dice el hombre de 40 años, y justo después comienza a dictarle el contenido de su mensaje-. Exijo que cumpla el juramento que usted prestó sobre la Constitución de la Federación Rusa. Recuerde que la Federación Rusa es precisamente una Federación, que los gobernadores no se pueden imponer, que nuestro gobierno debe ir cambiando. ¡Escribe eso!

Les pregunto quiénes son, a lo que me responden: “Una nueva generación, más libre”. Después de fumar un cigarrillo, la nueva generación avanza decidida hacia el final de la cola.

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