La victoria de Ucrania en Eurovisión crea un precedente peligroso

Los resultados del público sugieren que la enemistad entre Rusia y Ucrania no se extiende entre los pueblos de ambos países.

Los resultados del público sugieren que la enemistad entre Rusia y Ucrania no se extiende entre los pueblos de ambos países.

AP
Los resultados del público sugieren que la enemistad entre Rusia y Ucrania no se extiende entre los pueblos de ambos países.

La victoria de Jamala en Eurovisión tiene una motivación política y supone un mal presagio para el futuro del concurso. Desde su inauguración en 1956, Eurovisión ha evitado involucrarse en cuestiones políticas. Por poner un ejemplo, no hubo canciones bosnias después del genocidio o referencias de los irlandeses a la represión británica. Los israelíes no han comentado el holocausto ni los chipriotas han expuesto sus reivindicaciones ante los turcos.

Aunque si miramos más de cerca a los patrones de votación parece que la desconfianza política entre Moscú y Kiev se limita sobre todo a las élites de los dos países. Mientras que los jurados nacionales, nominados por las televisiones estatales, no mostraron simpatía hacia sus rivales, el público ruso dio a Ucrania diez puntos, el segundo más alto detrás de Armenia. Mientras que los votantes ucranianos dieron doce puntos a los rusos, la puntuación más alta. Esto contradice la narración mediática y del gobierno de Kiev sobre un progresivo alejamiento entre los dos países. También debilita el relato de la rusofobia al que suelen referirse los analistas rusos.

Debido a la reciente anexión/reunificación (escoger el término según los propios prejuicios) de Crimea, el origen étnico de la ganadora llena los titulares de los medios. Jamala es medio tártara de Crimea y mitad armenia. Nació en Kirguistán y se identifica como ucraniana. La canción con la que ganó el concurso, "1944" trata sobre la deportación forzosa que ordenó un georgiano que en aquel momento controlaba el Estado del que Rusia era la parte constituyente más importante.

La propia Jamala admitió que "1944" es algo como una protesta contra Rusia por lo que ocurre en Crimea. Aunque su aversión por Rusia no es tan profunda. En la pasada Nochevieja no tuvo ningún problema en aceptar los rublos que le ofrecieron por actuar en Sochi.

Si todo esto suena complicado es porque la historia de la antigua URSS y Europa del Este puede ser un asunto muy confuso. Los ideales y las alianzas rara vez son una cuestión de blanco y negro. Para un tártaro de Crimea, 1944 representa el año en el que Stalin deportó a sus antepasados. Mientras que, por ejemplo, para lo polacos 1944 es el año de las masacres en Volhynia y el Este de Galitzia a manos de los nacionalistas ucranianos. Su líder, Stepán Bandera es considerado un héroe por el régimen surgido en Ucrania tras el Maidán. Hay otros polacos que al pensar en 1944 recuerdan la indiferencia de las tropas soviéticas durante el levantamiento de Varsovia.

Al mismo tiempo, los rusos recuerdan que en ese año se expulsaron a las tropas nazis del territorio soviético.

Es posible que en Estocolmo, lugar de origen de ABBA, Eurovisión se haya dado de bruces contra su mayor reto. Ahora que la política entra dentro de la ecuación la competición podría acabar devorándose a sí misma. ¿Qué puede impedir que los irlandeses presenten una "canción rebelde" en conmemoración de la gran hambruna ocurrida durante la dominación británica? ¿Quién podrá poner objeciones si el próximo año rusos se presenta en Kiev con una balada que alude a la masacre de Odesa de 2014?

Jamala no fue la opción del público. Está bastante claro que los jurados nacionales a lo largo de Europa la apoyaron para mostrar su solidaridad con Ucrania. Durante una época el mayor dolor de cabeza que provocaba Eurovisión a sus organizadores era si sería posible mantener blanco el traje del cantante irlandés Johnny Logan, mientras que ahora tienen entre sus manos una bomba de relojería. De repente la política entre en escena.

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