Majachkalá, la ciudad en la que se hablan 14 idiomas oficiales

La capital de Daguestán, en el Caúcaso Norte, es un mosaico de culturas.

A pesar de que Majachkalá a menudo se asocia con los conflictos armados que salen en televisión, los lugareños tienen mucho cariño a esta ciudad y no es de extrañar: aquí cerca está el mar Caspio, hace sol 310 días al año y la ciudad está rodeada de bellas montañas.

Más de la mitad del territorio de la república de Daguestán, cuya capital es Majachkalá, está lleno de montañas, cañones y cañadas. Daguestán comparte frontera con Azerbaiyán en el sur, con la república rusa de Chechenia en el oeste, con Georgia en el sureste y es limítrofe con otras regiones rusas (el krai de Stávropol y república Kalmukia) en el norte. Derbent, otra ciudad de Daguestán, es una de las ciudades más antiguas del mundo. En diferentes épocas ha pertenecido a cristianos, jázaros, tártaros, al califato y a los zares rusos. Los luchadores provenientes de Daguestán ganan competiciones internacionales y los Juegos Olímpicos. Sin embargo, debido a las costumbres conservadoras de la región, las mujeres locales y otras minorías todavía tienen que luchar por sus derechos. En esta la tierra la gente baila la tradicional lesguinka y en los funerales todavía puede verse plañideras.

Las páginas web del Ministerio de Asuntos Exteriores de EE UU y los países europeos advierten a sus ciudadanos de que no es recomendable viajar al Cáucaso Norte. La verdad es que son pocos los turistas que viajan a Daguestán. Una ciudad aquí es de tamaño de una aldea grande, donde toda la gente se conoce entre sí y los forasteros destacan en seguida. Sin embargo, no se les recibe con hostilidad: primero se les observa con curiosidad (que no dura más de unos minutos) y después la gente local vuelve a centrarse en su vida.

Majachkalá es una ciudad caucásica bastante joven, solo tiene 160 años, y tiene una población de medio millón de habitantes. El idioma avar se mezcla con el nogayo, el lezgiano y otros 11 idiomas que se consideran oficiales aquí además del ruso. Durante el paseo por Majachkalá uno puede encontrar no solo gente que habla 14 lenguas, sino también ver sus teatros nacionales: el cumuco, el lak y el avar.

Sin embargo, la joya de de la capital de Daguestán es la gran mezquita de Majachkalá (hermana pequeña de la mezquita Azul de Estambul), en la que caben 16.000 creyentes. Aunque un 90% de los ciudadanos de Majachkalá son musulmanes, los viajeros encontrarán catedrales ortodoxas junto a las mezquitas. En las calles se puede ver tanto a mujeres musulmanas con la cabeza cubierta, como a las chicas que prefieren un estilo mucho más moderno y abierto. Los turistas que vienen a Majachkalá no tienen que seguir un código de vestimenta.

Ten en cuenta que Daguestán está en el sur y aquí hace mucho calor, es muy fácil quemarse llevando ropa demasiado ligera, advierte la guía local, Yana Martirósova. Majachkalá forma parte del top de las cinco ciudades más calurosas de Rusia: la temperatura media en verano aquí es de 30°C.

En las playas de Majachkalá la vida bulle en la segunda mitad del día: aparte de bañarse en el mar Caspio y tomar el sol, aquí se reúnen los amigos, juegan al dominó e incluso firman contratos. Majachkalá cuenta con una playa “cerrada” que se llama Gorianka y ha sido abierta exclusivamente para las mujeres. Aun así, la mayoría de ellas prefiere ir a una playa normal.

La ciudad de Majachkalá no ha sido construida de forma proporcional. El investigador de la cultura caucásica, Vladímir Sevrinovski, dice que su planificación habría encantado a los vanguardistas que solían dibujar la oreja donde debería estar la nariz. El terremoto de 1970 destruyó una parte de la ciudad. En la época postsoviética la imagen de Majachkalá ha cambiado bastante debido a la crisis y a la salida de mucha gente.

“En los últimos 20 años la población ha cambiado mucho y la cultura urbana también”, escriben las periodistas de Daguestán, Polina Sanáieva y Svetlana Anójina. En los años 90 debido a la crisis económica y los conflictos armados, la gente que vivía aquí empezó a irse, sobre todo la gente formada. Su lugar fue ocupado por los daguestanos que vienen de los pueblos de la montaña.

La carne de cordero es la tarjeta de visita de Majachkalá: incluso los restaurantes de Moscú la encargan aquí. Sin embargo, la gente local no quiere comer barbacoa todos los días y se dirige a las cafeterías para comprar distintos tipos de jinkal, plato tradicional que cada grupo étnico prepara a su manera.

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