Cómo vivieron y murieron en la URSS los prisioneros de guerra alemanes

Historia
GUEÓRGUI MANÁEV
Más de cuatro millones de alemanes fueron encarcelados, capturados e internados para trabajar en la URSS después de la Segunda Guerra Mundial. No todos lograron volver a casa.

“Si sobrevivo, podré descubrir qué son los bolcheviques. Quizá el comunismo sea realmente la salida ideal para el pueblo. Después de todo, nosotros también hacemos muchas cosas mal”, pensó Helmut Bon mientras era capturado por soldados soviéticos en algún lugar de la región de Pskov en febrero de 1944. Bohn estuvo entre 1944 y 1947 en la URSS como prisionero militar y más tarde lo describiría en un libro titulado A las puertas de la vida. Sin embargo, no todos los alemanes internados en la URSS vivieron para escribir un libro.

“Elementos de reemplazo”

“Los prisioneros de guerra eran considerados por la URSS no sólo como una fuente de trabajo, sino también como un recurso destinado a ser utilizado en la economía del país no sólo durante la guerra, sino, lo que es más importante, en la posguerra”, escribe el historiador Vladímir Vsevolodov. De forma inhumana, las autoridades soviéticas consideraban a los prisioneros de guerra alemanes como un medio para compensar las pérdidas de población soviética.

Stalin definió el número de prisioneros que la URSS “necesitaba” en 1943 en la Conferencia de Teherán. Stalin argumentó que la URSS necesitaba un “elemento de reemplazo”: unos cuatro millones de ciudadanos alemanes, que reconstruirían las ciudades soviéticas destruidas y levantarían la industria. Esta cifra, señala la historiadora Elena Shmaraeva, se calculó en base al número aproximado de soldados soviéticos muertos y desaparecidos en el momento en que se celebró la Conferencia de Teherán: también unos cuatro millones.

En 1944, los soviéticos habían ideado un programa de trabajo para los prisioneros de guerra alemanes. “La retirada de varios miles de unidades de trabajo de la economía nacional alemana cada año debe tener inevitablemente un efecto de debilitamiento en su economía y en su potencial militar”, escribió el ministro de Asuntos Exteriores Viacheslav Molotov a Stalin. Pero, efectivamente, durante la guerra, más de tres millones de ciudadanos soviéticos fueron llevados a Alemania para realizar trabajos forzados, por lo que la URSS quería compensar eso, y también las decenas de millones de personas que perecieron durante la guerra.

La Dirección Principal de Prisioneros de Guerra e Internos se organizó en la URSS incluso antes de que comenzara la guerra. En 1941, había ocho campos de trabajo para prisioneros de guerra en la URSS, pero el número de prisioneros crecía lentamente: unos diez mil en 1941 y 1942. Sin embargo, tras la batalla de Stalingrado y la ofensiva soviética en la región del Don, el número de prisioneros creció rápidamente: más de 200 mil en 1943, y más de 800 mil al final de la guerra.

Formalmente, el recorrido de un prisionero alemán era el siguiente: Desde el lugar en el que eran capturados, eran llevados a los campos de recepción y reenvío del frente y, desde allí, transportados a los campos del país. Pero, en realidad, durante la guerra, la mayoría de los prisioneros se quedaban en los campamentos del frente que, a menudo, no eran más que chozas y trincheras. “Hasta que llegamos al campamento, la ración diaria es de un litro de sopa líquida y trescientos gramos de pan duro. Aquellos días en los que se nos ordenaba cortar leña para la cocina de campaña rusa, nos daban un poco de té caliente para cenar. Nosotros, una docena de prisioneros, estábamos encerrados bajo llave en un corral de cabras, supervisados por una joven teniente del Ejército Rojo”, escribió Helmut Bon.

Después de la guerra

En 1946, había en la URSS 240 campos de trabajo para prisioneros de guerra de diferentes nacionalidades que albergaban a más de un millón de prisioneros. Sin embargo, esto no era suficiente para completar el objetivo deseable de cuatro millones, por lo que la URSS comenzó a internar a prisioneros del extranjero.

En 1944, tras la entrada del Ejército Rojo en los territorios de Rumanía, Yugoslavia, Hungría, Bulgaria y Checoslovaquia, el Ministerio de Guerra soviético emitió la orden de “movilizar e internar a todos los alemanes que vivieran en el territorio de estos países, hombres de 17 a 45 años, mujeres de 18 a 30 años, independientemente de su ciudadanía”. El historiador Pavel Polian escribe que más de 112 mil personas fueron internadas desde estos países para trabajar en la URSS. A los movilizados se les permitía llevar hasta 200 kilos de pertenencias personales.

Después de la guerra, escribe Elena Shmaraeva, hasta 3,8 millones de prisioneros de guerra alemanes fueron internados en la URSS. Alrededor de 2,4 millones eran soldados y oficiales, que fueron recluidos en campos de prisioneros de guerra, mientras que el resto (en su mayoría alemanes étnicos internados de países europeos) fueron asignados a “batallones de trabajo”. ¿Qué hacían?

Los prisioneros de guerra reconstruyeron fábricas, construyeron presas, ferrocarriles, puertos, etc. También construyeron y restauraron casas, incluso viviendas para los trabajadores del Ministerio del Interior. Por ejemplo, los prisioneros alemanes construyeron el estadio Dínamo de Moscú. También trabajaron en una fábrica de vidrio en Litkarino, un suburbio de Moscú. En Krasnogorsk, en la región de Moscú, se construyó un edificio de archivos según el proyecto de Paul Spiegel, un arquitecto alemán.

Especialistas cualificados como Spiegel fueron seleccionados por los soviéticos para realizar tareas complicadas. El historiador Stefan Karner escribe que en 1946, más de 1.600 especialistas de alto nivel fueron asignados a diferentes industrias soviéticas: “Quinientos setenta ingenieros, 260 ingenieros civiles y arquitectos, unos 220 ingenieros eléctricos, más de 110 doctores en ciencias físicas y matemáticas y en ciencias técnicas”. Estas personas disfrutaban de mejores condiciones que en los campos de trabajo o “batallones de trabajo”. Vivían en las ciudades, cerca de las industrias o instituciones en las que trabajaban, y recibían sueldos, la mitad de ellos en marcos alemanes. Sin embargo, cualquier especialista podía ser devuelto a un campo si su trabajo no satisfacía a las autoridades.

Los obreros y antiguos soldados alemanes, que trabajaban en obras de construcción y otros lugares, también recibían salarios, para poder mantenerse en la Unión Soviética. Por ejemplo, los antiguos soldados rasos recibían siete rublos soviéticos al mes, y los antiguos oficiales superiores, de 10 a 30 rublos. Estas cifras eran ínfimas: una jarra de leche costaba dos rublos y un par de zapatos buenos superaba los 150 rublos, por lo que los prisioneros de guerra de a pie, que no poseían ninguna habilidad especial, tenían que buscarse la vida para sobrevivir.

Las condiciones de trabajo en los campos eran, por supuesto, nefastas. “Al principio, teníamos que cargar dos vagones de tren con madera durante un turno de trabajo, luego la norma aumentó a tres vagones. Nos obligaban a trabajar dieciséis horas al día, también los domingos y los días festivos. Volvíamos al campo a las nueve o diez de la noche, pero a menudo lo hacíamos a medianoche. Recibíamos una sopa aguada y nos quedábamos dormidos, para que al día siguiente, a las cinco de la mañana, volviéramos a trabajar”, cita Elena Shmaraeva a Reinchold Braun, un prisionero de guerra alemán.

“El problema del estómago estaba por encima de todo”, escribió el oficial Heinrich Eichenberg. “El alma y el cuerpo se vendían por un plato de sopa o un trozo de pan. El hambre estropeaba a las personas, las corrompía y las convertía en animales. El robo de productos de sus propios compañeros se convirtió en algo habitual”.

Los alemanes capturados fueron utilizados en la tala de árboles, la construcción de carreteras y ferrocarriles en zonas remotas y de difícil acceso, así como en la extracción de minerales. Por ejemplo, uranio, carbón, mineral de hierro, especialmente en las minas de la cuenca del río Don.

Las tasas de mortalidad eran altas entre los alemanes de los campos de trabajo. Según las estadísticas soviéticas, entre 1945 y 1956 murieron en los campos de prisioneros más de 580.000 personas, de las cuales más de 356.000 eran alemanas. Casi el 70% de las muertes se produjeron en el invierno de 1945-1946. En comparación, como escribió el historiador Viktor Zemskov, alrededor de 1,8 millones de ciudadanos soviéticos murieron en el cautiverio alemán durante los años de guerra.

El camino de vuelta a casa

Las estadísticas oficiales soviéticas de 1956 dicen que dos millones de prisioneros alemanes fueron repatriados tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, con un número tan grande, las estadísticas carecen de fiabilidad. Otras fuentes dicen que hasta 680.000 prisioneros fueron liberados durante la guerra, pero esa cifra incluía a prisioneros de Rumanía, Eslovaquia, Hungría, etc. Las estadísticas soviéticas dicen que 356.678 prisioneros murieron en los campos soviéticos y unos 37.000 de ellos fueron condenados por crímenes de guerra.

De hecho, la repatriación comenzó ya en junio de 1945, cuando se enviaron a casa los primeros 225.000 prisioneros “enfermos y debilitados”, entre ellos 195.000 alemanes. En agosto de 1945, otros 700.000, 412.000 de ellos alemanes, fueron “licenciados” del cautiverio soviético. No se les permitía llevar dinero consigo, escribe Elena Shmaraeva, por lo que los repatriados trataban de comprar dulces y tabaco con los sueldos ahorrados, cualquier cosa que pudieran comerciar de camino a casa. Wilhelm Lotse, repatriado en 1949, llevaba consigo casi 6 kg de galletas y dulces, 2.355 cigarrillos y 600 gramos de tabaco.

Las condiciones de transporte fueron similares a las de un campo de trabajo: el último adiós del sistema represivo soviético. A veces, los repatriados no recibían comida ni agua durante días mientras se trasladaban en vagones de tren desde la Rusia continental. El primer lugar al que llegaban los prisioneros alemanes en Europa era el campo de reubicación soviético de Fráncfort (Oder), donde pasaban 2-3 días, antes de ser enviados a sus respectivas localidades. En 1947, el 70% de los prisioneros de este campo estaban enfermos.

La repatriación de los prisioneros de guerra alemanes desde la URSS terminó oficialmente el 5 de mayo de 1950. TASS declaró que 1.939.063 prisioneros de guerra alemanes habían sido repatriados desde 1945. Pero, en realidad, quedaban más alemanes capturados en la URSS: entre 10 y 20 mil, que salieron en 1950-1956. “Esta casa fue construida por prisioneros de guerra alemanes” dicen todavía los rusos con respeto sobre edificios de los años 50, algunos de ellos realmente construidos por alemanes. Incluso en el cautiverio, los trabajadores alemanes se esforzaron al máximo.

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